Bruno Lonatti. Autor: Del Autor Publicado: 22/04/2026 | 12:24 pm
La ofensiva de las plataformas digitales hegemónicas, la estandarización de narrativas ultraderechistas en los circuitos de streaming y la creciente dificultad de los proyectos populares para sostenerse en redes sociales orgánicas, definen el tablero sobre el que se debate la comunicación desde la izquierda.
Con un diagnóstico afilado por años de presencia digital en un país donde la derecha mediática ha perfeccionado sus mecanismos de instalación de agenda, Bruno Lonatti conoce bien sobre el tema. El comunicador argentino se ha fraguado entre las redes sociales, con su proyecto Bruno en Rojo en Tik Tok e Instagram.
Su preocupación central conecta con las condiciones materiales que atraviesan las nuevas generaciones en América Latina. «Nos encontramos ante diversas dificultades prácticas a la hora de salir al mundo laboral, de tener una casa propia y de hacer la propia vida».
Mientras cientos de delegados discutían en La Habana sobre narrativas transmedia y estrategias de posicionamiento digital, durante el 5ta. edición del Coloquio Internacional Patria, Bruno centra su conversación en las urgencias.
«Cuba tiene una particularidad que nunca se podrá ignorar: el bloqueo», dice. «Desde aquí no vas a tener acceso a Tik Tok, o a muchísimas aplicaciones de edición. Ahora, sí podemos poner eso un segundo de lado y preguntarnos: a pesar de esas limitantes, ¿qué podemos hacer?», reflexiona.
Comunicación para jóvenes
Su respuesta surge como una suerte de fuga creativa. «Desde una situación de asimetría podemos pensar una comunicación que se exprese en los códigos de los jóvenes». Y es que desde la experiencia de Lonatti, la limitación técnica obliga a una depuración conceptual que resulta estratégica, pues si la producción no puede competir con la calidad de realización, debe ganar en contundencia narrativa.
Desde lo personal, comenta, él apuesta por una comunicación fresca, divertida, y su propuesta parte de la premisa de que «podemos pensar una comunicación que se exprese más en el qué quieren nuestros jóvenes, que en el qué podemos hacer nosotros. Revisar los intereses que proyectan en sus charlas diarias y analizar sus consumos».
Lonatti cierra planteando que los temas de la juventud, con sus códigos, deben convertirse en nuestro diarismo en las plataformas digitales. Y los medios de prensa, también con la ética que debe distinguirlos, tienen que asumir esos códigos para conectar con estas generaciones «tecnológicas».
