Integrantes del Convoy Nuestra América visitaron la Escuela Especial para niños sordos e hipoacúsicos René Vilches Roja. Autor: Leonardo Calas Rojas Publicado: 23/03/2026 | 05:56 pm
La Escuela Especial para niños sordos e hipoacúsicos René Vilches Rojas, ubicada en el municipio Cerro de La Habana, recibió este lunes la visita de integrantes del Convoy Nuestra América, en un encuentro que se convirtió en un espacio de profunda humanidad y compromiso solidario.
Desde su fundación en 1989, esta institución ha sido un faro para estudiantes y sus familias. Ahora el plantel cuenta con 65 estudiantes y 61 trabajadores.
Los visitantes reconocieron que allí la falta de sonido no es un muro sino un punto de partida. Tan es así que fueron recibidos con una calidez que traspasó cualquier barrera. La directora del centro, María de los Ángeles Escalona Arias, dio la bienvenida, mientras los niños, con sus manos y su mirada, también saludaron en Lengua de Señas Cubana, el idioma que les permite construir identidad, comunicación y libertad.

El momento más emotivo de la jornada llegó cuando un coro de estudiantes, guiados por una maestra del plantel, regalaron en lengua de señas la canción «Que canten los niños», interpretada por José Luis Perales. Cada gesto, cada movimiento, fue un mensaje de esperanza que conmovió profundamente a los presentes.

Los integrantes del convoy, provenientes de Europa y miembros de distintas asociaciones de amistad con Cuba, compartieron con los pequeños y sus maestras. Mauro Trombin, Elena Masera y otros caravanistas tomaron nota de las principales necesidades que enfrenta la comunidad educativa, en particular una de las consecuencias más crueles del bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos: la dificultad para adquirir baterías para las prótesis retroauriculares, un insumo vital para garantizar la estimulación auditiva de los niños.
Sensibilizados por la realidad que viven estos estudiantes y sus familias, los amigos europeos regalaron chocolates a los niños y se comprometieron a ayudar con el suministro de baterias, un gesto concreto que llegará cuanto antes, según aseguraron, para paliar las consecuencias del cerco en la vida de estos infantes.

La visita dejó además una huella en los corazones de los caravanistas, que conocieron de cerca el trabajo de la escuela, sus proyectos culturales, deportivos y la enseñanza de la Lengua de Señas Cubana a familiares y estudiantes. Lenny Bottai, exboxeador italiano que entrena a niños y jóvenes en Livorno e incluye a personas con discapacidades físico-motoras, manifestó su admiración por la inclusión del deporte en los protocolos de estudio en Cuba. Alina Mistretta y Giorgia Vernetti se asombraron al saber que los niños participan en proyectos donde trabajan el barro, aprenden pintura y fotografía, entre otras artes y oficios.

A pesar de las dificultades —el recrudecimiento del bloqueo que impide adquirir prótesis de alta tecnología, la obsolescencia de los equipos, las carencias de combustible que afectan el transporte escolar y las limitaciones para mantener los gabinetes de Educación Auditiva— la René Vilches Rojas resiste. Allí, 22 de sus estudiantes han sido beneficiados con implantes cocleares garantizados por el Estado cubano a través del sistema de salud pública, y reciben atención semanal en el Hospital Pediátrico Pedro Borrás (El Marfán) para su estimulación auditiva.
Pero el caso de Rayma Fanego Hernández, exalumna que hoy trabaja como profesora en el centro, es un recordatorio doloroso de lo que el bloqueo roba: su prótesis retroauricular, de tecnología obsoleta, se rompió y no ha podido ser reparada por las restricciones impuestas.


Frente a esa realidad, la visita del Convoy Nuestra América se alzó como un gesto de amor y compromiso. Los caravanistas se llevaron consigo la imagen de una escuela que es mucho más que un centro docente: es un crisol donde el silencio no es vacío, sino el lienzo sobre el que se pintan sueños de superación; un lugar donde la esperanza, a pesar de todos los muros, encuentra siempre la manera de hacerse escuchar.
Y este lunes, en cada mano que se movía al ritmo de una canción, en cada abrazo y en cada promesa de ayuda, esa esperanza resonó más fuerte que nunca.
(Tomado del perfil en Facebook Naturaleza Secreta)
