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Mucho ha dado que hablar en Estados Unidos y el mundo la decisión del presidente Donald Trump de solicitar 1,5 billones de dólares para el Pentágono, un presupuesto para 2027 que incrementa en 500 000 millones las bien abultadas cuentas fiscales que han regido una economía federal destinada a guerrear por todo el orbe.
Ahora resulta que el costo de la guerra contra Irán no está incluido en ese descomunal monto, y pronto le presentará al Congreso los gastos adicionales para darle cobertura a lo malgastado en esa irresponsable guerra y lo que habrá de seguir despilfarrando en destrucción y muerte.
Un cuerpo legislativo que ha desaprobado ya en varias ocasiones invocar la Ley de Poderes de Guerra que detenga el brazo bélico del mandatario y presagia que también le complacerá en este reclamo, puesto que buena parte de senadores y representantes también están vinculados con los poderosos intereses del complejo militar-industrial estadounidense, el gran ganador de las guerras, aunque sus soldados salgan derrotados o puedan alcanzar los objetivos propuestos en el verdadero escenario de las guerras, donde matan y también mueren. Bolsillos abultados o repletos valen más que el raciocinio y la conciencia.
Para explicar el por qué los dineros necesarios para la guerra contra Irán no se incluyeron en los 1,5 billones de dólares, Jules Hurst III, director financiero interino del Pentágono dijo, según antiwar.com: «Este presupuesto se formuló, honestamente, antes de que entráramos en conflicto con Irán».
Lo que más me llama la atención en esa frase argumentativa es la palabra «honestamente», porque indigna tanta sucia jugarreta al pueblo estadounidense, el que paga sus impuestos, gabelas que hasta le cobran a quienes sin ser reconocidos como ciudadanos deben también depositar en esa cuenta parte de sus salarios o ingresos, aún cuando en estos tiempos estén sometidos a la espada de Damocles de la deportación, lo que por sí solo es un escarnio.
Aunque no se dijo cuál es la cifra reclamada para compensar el enflaquecimiento de los arsenales de EE.UU. a consecuencia de su utilización en las operaciones con Irán y quizá otras en curso, en ocasiones anteriores se han informado 200 000 millones de dólares, prácticamente un quinto del actual presupuesto. Al respecto, Russell Vought, director de la Oficina de Administración y Presupuesto (OMB) de la Casa Blanca, declaró ante los legisladores la semana pasada que no disponía de una estimación aproximada de esa necesidad.
Antiwar hace referencia a un registro de costos de la guerra contra Irán, que dice es una estimación conservadora, y desde el 28 de febrero se han gastado ya más de 60 000 millones de dólares… Y lo que falta, pues aún cuando en este momento no estén sonando los misiles, mantener operativamente en la región las fuerzas del Comando Central de Estados Unidos (Centcom) sigue sumando dólares.
Por cierto, el Centcom anunció la llegada del tercer portaviones estadounidense a Oriente Medio mientras Trump advierte a Irán que «el tiempo se acaba» (¿para quién?), una notificación amenazante a partir de los buques de guerra USS George H. W. Bush, USS Gerald Ford y el USS Abraham Lincoln, cuando desde Israel, el ministro de guerra del Estado sionista, Israel Katz, recién ha declarado que espera la «luz verde» de EE. UU. para romper el alto el fuego y reanudar los ataques contra Irán, con el objetivo de sumir al país en la «Edad de Piedra» y acabar con la familia Jamenéi. «Los objetivos están marcados», afirmó, según The Times of Israel.
Además, no ha faltado la bravata del mandatario de la Casa Blanca: «La Armada iraní yace en el fondo del mar, su Fuerza Aérea está destruida, su armamento antiaéreo y de radar ha desaparecido, sus líderes ya no están con nosotros, el bloqueo es hermético y sólido, y, a partir de ahora, la situación solo empeorará. ¡El tiempo se les acaba!». ¿Para quién?