Acuse de recibo
Hay males que nada tienen que ver con los inevitables y crónicos problemas de la cotidianeidad del cubano; y sin embargo empeoran los ánimos e incertidumbres ciudadanos. Problemas como el de Alfredo Mederos Hernández, residente en Calle Línea 51, en Calabazar de Sagua, provincia de Villa Clara.
Refiere el lector que el 19 de enero pasado envió por correo un pequeño paquete que contenía un frasco con un medicamento a Elda Almaguer Estupiñán, vecina de la calle Manila no. 368, entre Habana Park y Primelles, en el municipio habanero Cerro.
Y el 2 de septiembre, cuando Alfredo me escribió su carta digital, aún el envío no había llegado a su destinataria, ni el emisor del bulto postal había recibido información alguna al respecto. Como el tiempo de espera ha sido excesivamente largo, Mederos espera que Correos de Cuba atienda su reclamo.
Y Aida Maury Rodríguez, que vive en Avenida 51 no. 12802, apto. B, primer piso, entre 128 y 130, en el municipio capitalino Marianao, relata que en los bajos de su edificio hay un correo, una de las columnas del portal está a punto de derrumbarse, y radica exactamente debajo de la terraza de su apartamento.
«Si se derrumba la columna, se derrumba mi apartamento, afirma. Hablé con la administradora del correo, y me dijo que eso lo deben reparar los vecinos de arriba de esa unidad, que el correo no tiene nada que ver con eso.
«Por favor, no entiendo cómo si ese es el portal del correo, me dan esa respuesta. Necesito ayuda, antes de que ocurra una tragedia», concluye.
Por su parte, Florentino Pérez, vecino de Calle Los Ángeles no. 20, en Banes, provincia de Holguín demanda una explicación por parte de Cupet a los poseedores de vehículos que poseían una tarjeta de Fincimex para abastecerse de combustible antes de la crítica situación que ha sobrevenido con el cerco energético en este año.
Señala que «al modificarse el sistema de venta de combustible e implementarse la venta de este en divisas, esas tarjetas adquiridas anteriormente carecen ya de valor de uso; sin embargo, a pesar de nuestras innumerables gestiones, nadie en el municipio ha podido darnos respuesta sobre el destino o la vía que se implementará para que podamos recuperar el saldo que quedó restante a nuestro favor en las mismas», concluye.
Y Marta González Reyes, quien reside en San Gabriel 30801, esquina a Santa Isabel, en el barrio Los Mangos de la ciudad de Matanzas, cuenta que tiene 82 años y padece serios problemas de salud, que le impiden hacer fuerza alguna, ni bajar y subir escaleras, entre otras limitaciones.
Y el barrio Los Mangos, que presenta elevaciones, está sin agua hace bastante tiempo, situación que han tramitado con el Gobierno local, sin que hayan encontrado solución ni paliativo algunos.
«Hemos estado pagando pipas de agua, pero son particulares y nos cobran lo que les viene en ganas. Yo soy jubilada, y enferma con serias limitaciones, lo que hace imposible que pueda bajar a buscar agua en otras zonas de la ciudad. Pero tampoco puedo pagar 6 000 pesos o más para que venga una pipa de agua a llenar la cisterna.
«Por favor, sé que la queja existe en el Gobierno y el Partido provinciales, y en la prensa local por otros vecinos. Pero seguimos sin ver solución ni explicación a problema tan sensible», concluye.
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