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Padre en la adolescencia, consecuencias y salidas

Ante un embarazo de padres adolescentes, no solo hay consecuencias para la madre o la criatura, sino también para el papá a destiempo

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Ser papá es criar con respeto, educar con ejemplo y acompañar con amor.

                                           Anónimo

Gabriel y Sofía se conocieron en la fiesta de los 15 años de una amiga común. El ponche estaba pasado de alcohol y, al calor de la fiesta, se entregaron en una primera vez para ambos. Sin condiciones, sin placer, sin protección. A las dos semanas, su menstruación se atrasó, pero no le dio importancia. Al cuarto mes, fue al médico por náuseas y descubrió que estaba embarazada. Por razones médicas y prejuicios familiares, no podía pensar en un aborto, así que siguió adelante.

Cuando el chico lo supo, decidió asumir su responsabilidad, con ayuda de sus padres y abuelos. Con apenas 17 años, buscó empleo en una carpintería, acompañó a Sofía a los chequeos prenatales y esperó el nacimiento con ánimo positivo.

A menos de seis meses de ser papá, la realidad lo golpeó profundamente: el precio de los culeros, el jabón y los alimentos se dispararon, y, sin terminar de pagar la cuna, tuvo que pedir prestado para comprar un ventilador recargable.

Adiós continuidad de estudios en el tecnológico. Adiós paseos y fiestas. Incluso, los amigos lo miran distinto porque, desde su perspectiva inmadura, bien pudo Gabriel sacarle el cuerpo a ese asunto y no «sacrificarse tanto». ¡Si ni siquiera siguió de pareja con la madre de la bebita!

Crianza bajo presión

Cuando se habla de embarazo precoz, lo más frecuente es pensar en las consecuencias para la mamá o la criatura; casi nunca se valora el impacto emocional y social de esta dinámica para el padre, cuando también es adolescente. Hoy, en Sexo sentido, te proponemos reflexionar sobre algunas aristas del fenómeno y cómo abordarlo en el hogar y la comunidad.

Como en el caso descrito, una de las más comunes secuelas para los noveles papás es el abandono o retraso de los estudios, para realizar cualquier trabajo, lo cual reduce sus opciones de un empleo futuro.

La inmadurez para asumir una crianza a tan temprana edad y la presión económica generan ansiedad, depresión, inseguridad, tristeza, culpa o sensación de sobrecarga, por ocuparse de tamaña responsabilidad, antes de tiempo.

Con ese estrés, estos chicos suelen vivir frecuentes conflictos con la familia propia o de la madre de su bebé, haya o no convivencia con ella, y la tensión aumenta si no tienen una red de apoyo, o por exceso de presión externa.

Por lo general, el proyecto de vida de estos jóvenes se distorsiona y, cualquier tiempo o recurso que dedique a su propio beneficio o simple placer, suele ser cuestionado por los familiares y vecinos, así que es más difícil socializar en actividades típicas de la edad.

A largo plazo, una situación de este tipo puede desconectar emocionalmente al papá del bebé, ante la sensación de incapacidad para atender, de manera correcta, sus necesidades y las dificultades para mejorar su situación económica.

Este es un fenómeno que no distingue regiones o estrato social, pues, aun cuando la familia paterna asuma muchos gastos, la demanda sicológica es alta para ambos adolescentes.

Círculos que se repiten

Al igual que con las madres adolescentes, la probabilidad de que una paternidad prematura repercuta en la descendencia es bastante alta. En general, hay menos estabilidad en la atención y dificultades para organizar el cuidado diario, lo cual incrementa el riesgo de negligencia, maltrato y deficiencias nutricionales.

Muchos jóvenes intentan mantener sus hobbies, con el bebé a cuesta, y lo someten a música muy alta, paseos en horario inadecuado e irregularidad en sus comidas y aseo.

Si la relación entre padres no es buena, el ambiente puede ser inapropiado para crecer, incluso, con desavenencias legales y chantaje emocional de uno u otro lado.

Otro peligro relevante es que el adolescente tenga una ITS al momento de la concepción y la transmita a la madre, lo cual puede afectar el desarrollo fetal y comprometer su salud. De igual forma, un inadecuado estado emocional de la madre puede conducir a bajo peso o nacimiento prematuro.

Para compensar ese trance, los pediatras recomiendan que ambas familias coordinen sus esfuerzos en la siguiente dirección:

  • Mantener rutinas claras de sueño, alimentación y cuidado diario. Una vida previsible aporta seguridad al bebé.
  • Involucrarse en el cuidado desde el embarazo y velar por el seguimiento médico para atender problemas a tiempo.
  • Sensibilizar a otros familiares, compañeros de aula y comunidad para crear una red de apoyo efectiva.
  • Buscar opciones de talleres sobre habilidades de crianza, disciplina positiva y comunicación asertiva.
  • Cuidar la propia salud y el descanso, en función del bienestar del bebé.
  • Aunque la pareja no se mantenga, es importante dialogar para ofrecer un hogar afectuoso, con límites adecuados, hábitos confiables y sin violencia.

¿Qué pueden hacer la familia y comunidad por los padres adolescentes?

  • Asegurar la comunicación y sostén emocional de la familia y adultos de confianza.
  • Crear mecanismos para que continúe sus estudios en cuanto sea posible; por ejemplo, con empleos de medio tiempo y educación a distancia.
  • Acceso a atención médica, apoyo sicológico y consejería para facilitar el camino hacia una parentalidad armoniosa, con habilidades de crianza y organización.
  • Crear programas comunitarios para promover una sexualidad responsable en adolescentes y jóvenes, velar por sus derechos y lidiar con los desafíos de la paternidad, además de facilitarles superación y capacidades laborales estables.

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