La cuarta temporada de una de las series de terror que más han impactado en los últimos años resulta una decepción en toda regla
Quienes vieron series como Lost o Dark, quedaron con algunas preguntas en el tintero tras sus finales. Y quienes estamos viendo From, especialmente al cierre de su cuarta temporada, tenemos un saco de interrogantes por resolver.
Uno de los mayores desaciertos de la televisión moderna, que responde a ratings derivados del interés del público es, en buen cubano, «estirar demasiado el chicle». En sus tres primeras temporadas, From había sido un portento de serie. Así lo dejamos plasmado en esta misma sección el pasado mes de marzo. Teníamos razones para ello.
Sólida en sus argumentos, From tejía el suspenso de forma magistral, en buena medida, gracias a la labor de su creador, John Griffin, y de tener entre sus directores a figuras como Jack Bender y el showrunner Jeff Pinkner, quienes tuvieron a su cargo la mencionada Lost.
Durante tres entregas, esta serie de terror hilvanó la trama principal y otras subtramas, que tuvieron su momento cumbre en el final de la tercera temporada, siempre, por supuesto, con incógnitas por despejar. Sin embargo, la cuarta temporada ha sido, en toda regla, una decepción.
El «hombre de amarillo», personaje importante en la serie, se erige como el villano principal de esta nueva entrega, pero discurre de una manera tan banal y hasta trillada, que, a veces, desespera la facilidad con que comete sus fechorías. Es como, si de repente, todos en el pueblo de Fromville fueran tontos.
From se mantiene en pie, empero, gracias a la actuación de Harold Perrinau, el sheriff Boyd Stevens, quien, en medio de un declive de salud, muestra en todo su esplendor el drama humano de vivir bajo tanto estrés, y sacar siempre la casta por el bien común.
También destaca el personaje de Fátima y su desenlace, en la piel de Pegah Ghafoori, pero deja mucho que desear que otros personajes, como la Donna de Elizabeth Saunders, la Tabitha de Catalina Moreno Sandino y hasta el mismo Víctor (Scott McCord), pierdan fuerza, especialmente, porque el guion es muy pobre en torno a ellos.

Pegah Ghafoori. Fotograma de la serie
Resulta que muchas subtramas abiertas en la tercera entrega apenas son recordadas en esta nueva temporada, que se centra en los personajes de Jade y Tabitha para intentar avanzar la historia, aunque con cada resolución aparecen más y más problemas.
Sin contarles nada más, puedo adelantar que, cuando terminen de ver esta temporada, quedarán tal y como empezaron, aunque el acicate dado por los productores es que la quinta será la última, y ahí reside mi mayor miedo.
Antes de continuar con otros asuntos vale destacar que esta cuarta temporada sigue fiel en cuanto a la puesta en escena, desde el aspecto técnico. El trabajo de fotografía es sublime, las atmósferas pueden llegar a ser más opresivas que nunca, la música y los efectos de sonido siempre se emplean con acierto, y el uso de diferentes planos refuerzan el trabajo actoral, muchas veces debilitado, sin embargo, desde la escritura.
A veces de manera didáctica, otras aburrida, la cuarta temporada de From deja de explorar en muchos conflictos humanos abiertos en las entregas anteriores, para tratar de darnos «un norte» sobre cómo es que podrían sus desdichados habitantes dejar atrás ese lugar sobrenatural plagado de monstruos y sufrimiento.
Todo eso, parece, será respondido en la quinta y última temporada, pero estará por ver si no se asemeja al cierre de Stranger Things, que pretendió mucho y, de no ser por el capítulo final, habría sido otra decepción total.
¿Qué será?, como dice uno de los estribillos de la canción principal de la serie, para enseguida responder: sucederá lo que tenga que pasar. Acaso los fans más acérrimos nunca queden complacidos, pero, los que hemos seguido con interés una historia que en el fondo habla de la fragilidad del ser humano puesto ante sí mismo en situaciones límite, esperamos que lo que debe ocurrir, responda el saco de preguntas pendientes, antes de mostrar, por última vez, los créditos finales.