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Cross, un retrato contemporáneo de Estados Unidos (+Video)

La adaptación televisiva de las novelas de James Patterson encuentra, finalmente, la dimensión cultural que las versiones anteriores del personaje nunca alcanzaron

Autor:

Yurisander Guevara Zaila

Durante años, Alex Cross fue uno de esos personajes populares que parecían condenados a vivir a la sombra de sus propias adaptaciones. Las novelas de James Patterson vendían millones, pero, ni las películas protagonizadas por Morgan Freeman ni el posterior intento con Tyler Perry, consiguieron convertir al detective y sicólogo forense en una figura televisiva o cinematográfica de primer nivel.

La serie Cross, estrenada por Prime Video en 2024, parece haber encontrado, al fin, la versión adecuada del personaje. No porque reinvente el thriller policial ni porque descubra nuevas fórmulas narrativas, sino porque comprende algo que las adaptaciones anteriores apenas rozaban: Alex Cross no es solo un investigador brillante. Es también un hombre negro que intenta sobrevivir, emocionalmente, a un país fracturado.

Esa es la verdadera historia que Ben Watkins, su showrunner, quiere contar. La investigación criminal, los asesinos en serie y los giros argumentales son importantes. Pero, funcionan más como vehículo que como destino.

La serie, cuya primera temporada acaba de terminar por el canal Multivisión de la Televisión Cubana, utiliza códigos contemporáneos para examinar cuestiones mucho más amplias: el duelo, la masculinidad, la comunidad afroamericana, la confianza en las instituciones y la búsqueda de justicia en una sociedad, donde muchas personas sienten que el sistema dejó de funcionar hace tiempo.

Washington D.C. como personaje cultural

Uno de los mayores aciertos de Cross es la forma en que representa a Washington D.C. La televisión estadounidense suele retratar la capital federal como un escenario de conspiraciones políticas, pasillos gubernamentales y luchas de poder. Watkins opta por otra mirada.

Su Washington está construido desde la experiencia afroamericana. Los restaurantes de barrio, los espacios comunitarios, la música soul y hip-hop, los referentes históricos negros y las dinámicas familiares ocupan un lugar tan importante, como las escenas de investigación. Aquí no se trata de emplear una estética diferente. La serie cambia la perspectiva idealizada que se ofrece en no pocos audiovisuales sobre esa ciudad.

Cross muestra la urbe desde quienes históricamente han vivido sus contradicciones. El resultado es una representación poco habitual en la televisión policial estadounidense, donde los protagonistas negros suelen existir, dentro de estructuras narrativas diseñadas, desde una mirada blanca.

A ello se une que Alex Cross no adapta su identidad para encajar. No suaviza su lenguaje ni modifica su comportamiento, cuando atraviesa espacios dominados por las élites políticas o económicas. Es una declaración cultural constante.

El duelo en la narrativa

Muchos thrillers utilizan la tragedia personal como un simple detonante dramático. Pero Cross hace algo más interesante. El asesinato de María, la esposa del protagonista, no es una excusa argumental para justificar la obsesión policial. Se convierte en una herida abierta que atraviesa cada aspecto de la vida de Alex.

La serie muestra a un hombre que comprende, sicológicamente, lo que le ocurre, y es incapaz de aplicar ese conocimiento sobre sí mismo. El duelo que no termina con todos sus matices, algo que conecta muy fuerte con los espectadores, sobre todo con aquellos que han vivido una experiencia similar.

Como sicólogo forense, Cross puede analizar traumas ajenos. Como viudo, fracasa una y otra vez al intentar gestionar el suyo. La contradicción resulta poderosa porque desmonta uno de los mitos más persistentes de la ficción policial: el investigador invulnerable, sin emociones.

Aldis Hodge construye un personaje marcado por la rabia, la culpa y el miedo. Su interpretación ha sido señalada como uno de los principales pilares de la serie, y aquí coincido. Se trata de la versión más completa de Alex Cross, en pantalla.

Lo singular es que la serie no presenta las vulnerabilidades del protagonista como debilidades, sino que lo asume como parte de la condición humana. Tan humana, que muchas veces duele.

Hombres que hablan de sus heridas

Quizá el aspecto cultural más relevante de Cross no sea el tratamiento de la racialidad ni la crítica institucional. Es la amistad. La relación entre Alex Cross y John Sampson ocupa un espacio poco frecuente dentro de la ficción estadounidense. Ambos personajes representan una forma de masculinidad negra que rara vez recibe protagonismo.

Son fuertes sin ser caricaturas. Son protectores sin convertirse en estereotipos. Y, sobre todo, son capaces de mostrar afecto emocional.

En una industria que durante décadas ha representado a los hombres negros como figuras hipermasculinizadas o emocionalmente inaccesibles, Cross apuesta por algo distinto: la vulnerabilidad compartida.

La familia cumple una función similar. Nana Mama (Juanita Jennings), es la típica abuela sabia, que siempre tiene consejos y, al mismo tiempo, representa la continuidad histórica de una comunidad que ha aprendido a sobrevivir, apoyándose en redes familiares cuando otras instituciones fallan.

Guiños a cuestiones reales

La primera temporada introduce temas vinculados con el movimiento Black Lives Matter, las tensiones entre comunidades afroamericanas y fuerzas policiales, y las formas contemporáneas del racismo estructural en Estados Unidos.

Y aunque no es el centro de la trama, sí es un buen punto a destacar. El producto final expone contradicciones, porque Alex Cross es un detective negro que trabaja para una institución que ha generado desconfianza, en buena parte de la comunidad afroamericana, a lo largo de su historia. No es una tensión que desaparezca ni se resuelva en pantalla. Pero existe.

Y en su segunda temporada, cambia de escala. El foco se mueve hacia la corrupción sistémica. La aparición de una organización, vinculada con multimillonarios poderosos y redes criminales, desplaza el conflicto hacia cuestiones sobre justicia y venganza. Con esta temporada Cross adquiere un tono más ambicioso, al explorar las relaciones entre riqueza, impunidad y violencia.

Sin embargo, el cambio hace que pierda parte de la intensidad emocional que caracterizó a la primera entrega y disperse la atención entre múltiples líneas argumentales. Con el crecimiento de la escala narrativa, se escapa buena parte de la intimidad que convirtió a Cross en una propuesta singular, dentro del género durante la primera temporada. Estamos, entonces, frente a un problema frecuente en las series contemporáneas: cuando una historia encuentra una voz propia, la industria suele empujarla hacia conflictos cada vez más grandes. Y ello no significa siempre que sean más profundos.

Sin embargo, Cross demuestra que la representación no consiste únicamente en cambiar el color de la piel de un protagonista. Está en permitir que determinadas experiencias culturales ocupen el centro del relato. Por primera vez, en mucho tiempo, una adaptación del personaje parece haber comprendido que esa diferencia no es un detalle secundario. Es la historia.

Tráiler de la temporada 1 de Cross

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