Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Cuba en pie: razones para marchar

Autor:

Diego E. García García

Hay momentos en que un país que dice realmente quienes son su gente y de que están hechos. El Primero de Mayo en Cuba es uno de esos días en que la calle se convierte en trinchera.

Marchar este año tiene una importancia particular. El escenario internacional no es abstracto ni lejano: se traduce en medidas concretas, en presiones abiertas y en una política de asfixia que Estados Unidos mantiene y recrudece contra la Isla. No es retórica, es una realidad que golpea la vida cotidiana, que intenta quebrar la resistencia de un pueblo acostumbrado a levantarse incluso en las circunstancias más adversas.

Por eso marchar no es repetir una tradición: es responder. Es decir, con nuestra presencia, que Cuba no se rinde ni se negocia desde la debilidad. Es asumir que cada paso es también una forma de soberanía.

Hay quienes intentan reducir esta fecha a un acto formal, pero basta mirar los rostros, escuchar las conversaciones, sentir el pulso de la gente para entender que ahí hay algo más profundo: una voluntad de seguir siendo país, incluso cuando el entorno empuja en sentido contrario.

La unidad, en este contexto, es una necesidad vital. La historia lo ha enseñado una y otra vez. El legado del Comandante en Jefe atraviesa esa convicción. No como una evocación distante, sino como una brújula en tiempos complejos: resistir sin renunciar, sostener la dignidad como principio, defender la soberanía sin concesiones.

En ese empeño, el Partido Comunista de Cuba juega un papel clave en la articulación de la unidad del pueblo, en la capacidad de convocar, de integrar voluntades diversas y de mantener un proyecto común frente a las presiones externas.

El Primero de Mayo sigue siendo, entonces, un acto de afirmación. De esos que se construyen paso a paso, entre miles. Un recordatorio de que la independencia no es un hecho consumado, sino una práctica diaria.

Porque al final, más que una tradición, esta fecha en Cuba sigue siendo una declaración: aquí estamos, y seguimos decidiendo nuestro propio destino.

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