El Secretario de Guerra en EE. UU. aboga por la masculinidad a ultranza como requisito de permanencia en el ejército. Autor: United States Marine Corps Publicado: 20/07/2026 | 03:32 pm
Como viene siendo costumbre en la actual administración estadounidense que ocupa el Despacho Oval desde enero de 2025, las recientes declaraciones del secretario de Guerra, Pete Hegseth, sobre la obligación de los soldados de la US Army de someterse a controles de testosterona, causaron un profundo revuelo mediático. Lejos de garantizar la «combatividad» de las tropas del Pentágono, esta propuesta ha sido cuestionada desde el primer minuto, por su carácter discriminatorio y seudocientífico.
El insólito anuncio de Hegseth, en el que exigió la inclusión de la prueba de testosterona dentro de los exámenes anuales a los que se someten los soldados mayores de 30 años, se había dado a conocer el pasado 15 de julio, y desde esa fecha la iniciativa ha sido cada vez más cuestionada por la comunidad científica. Más allá de ser un índice referencial en los exámenes periódicos dentro del ejército, los resultados podrían exigir un tratamiento hormonal para aquellos cuyos niveles de testosterona sean considerados como poco «óptimos» para la actividad militar.
Dado sentido contraproducente y el probable dispendio que generaría esta cuestionable práctica, instituciones sanitarias en EE. UU., como la Sociedad de Endocrinología y el American College of Physicians, han desaconsejado sin ambages su implementación. Según estas voces autorizadas, los resultados obtenidos serían poco fiables ya que los niveles de testosterona registrados variarían en función de la edad, del régimen de vida e, incluso, del momento de la jornada en que sean obtenidas las muestras.
Según las declaraciones del experto en endocrinología y metabolismo, doctor Marcus Goncalves, citado por la CBS, la testosterona es una hormona natural producida por el cuerpo que contribuye a la estabilización de la masa muscular y la densidad ósea no está intrínsicamente relacionada con el aumento de fuerza física o el incremento de la energía corporal. De acuerdo con el también catedrático de la NYU Langone Health, la disminución de los niveles de testosterona es un fenómeno transitorio y reversible; y está asociada a factores externos como el estrés, la sobrecarga física y la poca calidad del sueño que, en su conjunto, son moneda corriente en la vida militar.
Si nos atenemos al costo de los análisis sanguíneos que demandan estas pruebas, su aplicación podrían representar decenas de millones de dólares para el gasto federal. Esa suma podría crecer exponencialmente si agregamos los exámenes complementarios recomendados para quienes arrojen bajos niveles de testosterona y para aquellos soldados que les sea impuesto el tratamiento hormonal exigido por Hegseth. Esta sería una noticia nada halagüeña para la Casa Blanca, que ha visto incrementarse de manera desproporcionada el presupuesto militar debido a las incursiones bélicas alentadas por Donald Trump, cuyo final está lejos de vislumbrarse.
Por lo que han expuesto los especialistas en endocrinología, la Secretaría de Guerra ha sido reticente en admitir los riesgos para la salud que implica someterse al tratamiento hormonal. En efecto, un aumento repentino en el organismo de glóbulos rojos puede provocar coágulos sanguíneos y, a mediano plazo, incrementar los riesgos de embolias pulmonares y de lesiones renales. A esto se suma la probabilidad de que aparezcan falsos positivos y que se vean sometidos a onerosos tratamientos lesivos para la salud incluyendo la reproductiva y de dudosa efectividad.
No debe disociarse esta pugna por imponer un modelo tóxico de la masculinidad dentro del ejército, del entorno digital que prevalece en el ciberespacio en el que los «especialistas» del bienestar y la optimización corporal abogan por los tratamientos hormonales, en una suerte de mercantilización de la salud refrendada por el algoritmo. La alteración artificial de los niveles de testosterona también ha contado con el beneplácito del secretario de Salud y Servicios Sociales, Robert Kennedy Jr., y de la Food & Drug Administration, por lo que no sorprende que se haya triplicado en EE. UU. la aplicación de terapias hormonales.
Por lo visto, el actual Secretario de Guerra busca replicar en el ejército el modelo de sociedad homogénea y presuntamente viril en la que se sustentaría la hegemonía de Washington y los supuestos valores fundacionales estadounidenses. Ya de por sí expuestos a perder la vida en las inabarcables guerras trumpianas, los soldados de la US Army no encontrarían sosiego ni en un hipotético escenario de paz.
