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Untamed: La belleza de un abismo indomable

Llegó a Netflix en julio de 2025 como una miniserie de seis episodios y la acabamos de disfrutar por Multivisión. Con Eric Bana al frente, y Sam Neill como contrapeso, Untamed se convirtió en un fenómeno de audiencia inesperado; y ofrece un caso de estudio sobre cómo el envoltorio visual puede sostener —y al mismo tiempo ocultar— las costuras de un relato que navega entre el duelo, la corrupción y la naturaleza salvaje

Autor:

Yurisander Guevara Zaila

La imagen es brutal. Dos escaladores alcanzan la cima de El Capitán, esa mole de granito que los turistas fotografían desde el valle. El triunfo dura un segundo. Un cuerpo femenino atraviesa el aire, se enreda en las cuerdas, y los sueños de alcanzar la cumbre se convierten en pesadilla. Así abre Untamed (Indomanble). Así atrapa a las audiencias esta serie de televisión que acaba de ser transmitida por Multivisión.

Esa escena inicial constituye, para muchos, el mejor momento de la obra. Un golpe seco que promete un thriller de naturaleza hostil y misterio sin piedad. Luego, llega Kyle Turner (Eric Bana), agente especial del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, un hombre que prefiere el silencio a las palabras y el caballo al vehículo motorizado. El clásico cowboy. El detective atormentado, el padre que perdió un hijo y se refugia en el bourbon.

Como en toda producción de este tipo, lo imposible se hace posible. Turner encuentra cabellos sueltos y cuentas de collar en 300 000 hectáreas de naturaleza salvaje, mientras el espectador promedio no encuentra las llaves en el pasillo de su casa. Esa habilidad sobrehumana, esa conexión casi mística con el paisaje, convierte a Untamed en un cuento de hadas del trabajo detectivesco. Pero el cuento funciona. Bana sostiene la pantalla con una presencia que no necesita estridencias. Su Kyle Turner es un hombre que carga el pasado como una mochila de piedras, y cada paso en la investigación lo acerca más al abismo.

El paisaje como testigo

Si hay un elemento destaca es la fotografía. Michael McDonough y Brendan Uegama retratan Yosemite con una devoción casi religiosa. Planos amplios, sostenidos, que invitan a la pausa. La naturaleza se convierte un personaje mudo que observa, juzga, esconde. La paleta de verdes profundos, azules de cielo limpio y ámbar terroso crea un contraste feroz con la oscuridad de la trama.

Pero hay una paradoja. La serie se rodó en la Columbia Británica, no en Yosemite. Los puristas del parque californiano notan las diferencias. Para el ojo menos entrenado, el engaño es perfecto. La belleza resulta indiscutible. Lo que algunos críticos cuestionan tiene que ver con el hecho de que esa belleza no tenga una tesis. Termina siendo un envoltorio suntuoso para un contenido que, en ocasiones, se siente genérico.

El director Thomas Bezucha abrió la temporada con mano firme. Neasa Hardiman y Nick Murphy tomaron el relevo en los episodios finales. La dirección se nos revela competente, pero el ritmo cojea. La serie se describe como de combustión lenta que a veces se alarga en exceso. La mitad de la temporada decae, la tensión se diluye, y el espectador espera que la montaña rusa vuelva a subir.

Un duelo que no cicatriza

El verdadero motor de Untamed no es el asesinato de la joven que cae de El Capitán. El motor está en la pérdida. Turner perdió a su hijo Caleb seis años atrás, en el mismo parque. Ese fantasma lo acompaña en cada pesquisa, en cada silencio, en cada sorbo de alcohol. La serie examina el duelo desde dentro, y esa herida define cada decisión del protagonista.

El elenco secundario refuerza esa idea. Sam Neill interpreta a Paul Souter, el jefe de guardabosques y mentor de Turner, un hombre que sabe más de lo que dice. Rosemarie DeWitt es Jill Bodwin, la exesposa que aún intenta rescatar a Turner de su propio naufragio. Lily Santiago aporta frescura como Naya Vasquez, la guardabosque novata que aprende a navegar en el carácter áspero de su mentor.

Estos personajes no son arquetipos vacíos. Tienen carne, historia, contradicciones. Pero los guionistas no siempre supieron qué hacer con ello. Subtramas que se quedan a medio camino. Secretos revelados de golpe. Y un desenlace satisfactorio pero falto de sabor.

Eric Bana nos entrega un agente especial marcado por profundos traumas. Fotos: Netflix

El éxito inesperado

Untamed nació como una miniserie de seis episodios, una historia autoconclusiva. El éxito la transformó. Netflix la renovó el 29 de julio del pasado año, apenas 12 días después del estreno. Los datos hablan por sí solos: tercera serie original más vista de Netflix en 2025, 83 por ciento de aprobación en el portal especializado Rotten Tomatoes, y un fenómeno de audiencia que superó las expectativas de sus propios creadores.

La segunda temporada ya está en producción. El escenario cambia: el Parque Nacional de los Volcanes de Hawái remplaza a Yosemite. Shea Whigham y Kelly Hu se unen al reparto. Mark L. Smith promete incomodar a Turner, llevarlo a un territorio donde el paisaje vivo y volátil se convierte en una fuerza impredecible. El rodaje ocurre en O'ahu y la isla de Hawái, esta vez en locaciones reales.

¿Qué hace que una serie con tantas costuras visibles funcione? La respuesta, quizá, esté en su honestidad. Untamed no pretende reinventar el género. No busca ser True Detective ni Mare of Easttown. Es un thriller de manual, con un héroe clásico, un paisaje espectacular y un misterio que se resuelve antes del último episodio. Y eso, para millones de espectadores, es suficiente.

Untamed es tan predecible como hermosa. Se siente como una serie de los años 90, con teléfonos de última generación. Sin embargo la política del servicio de parques, un tema candente en Estados Unidos, brilla por su ausencia. Y los diálogos caen en el cliché: «Esto no es Los Ángeles. Aquí las cosas son diferentes».

Hay quienes defienden que en esa falta de pretensión reside su mayor virtud. Es un entretenimiento sincero, sin cinismo. Un viaje visual que invita a desconectar y dejarse llevar por la corriente de un río de montaña. Eric Bana, con su presencia grave y contenida, ancla la serie en un terreno emocional que trasciende los giros de guion.

La serie funciona, en definitiva, porque sabe lo que es. Un thriller de paisajes, de duelos y de secretos que la naturaleza se niega a soltar. No estamos ante la obra maestra que algunos esperaban. En cambio, nos recuerda que, a veces, la belleza basta para sostener una historia, aunque el abismo que esconde no sea tan profundo como prometía.

Tráiler de Indomable

 

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