Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

De juicios, críticas y bigotes

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

¿Cuánto habrán juzgado a la primera mujer que vistió pantalones décadas atrás, o al hombre que, sin ser escocés, usó saya? Rompieron estereotipos en su época, esquemas que hoy, tal vez, ya no son ni cuestionados. Pero persisten otros, y los medios son crueles y las personas en general pueden llegar a ser muy hirientes con quienes burlan cánones establecidos para sentirse a gusto con sus preferencias.

Existen mujeres que no se maquillan ni pintan sus uñas. ¿Y? Como existen hombres que se arreglan las cejas y se depilan las piernas. ¿Y? Empiezan los comentarios y la imperiosa necesidad de etiquetar: metrosexuales, machorras, homosexuales…

La moda, entonces, genera tendencias globales que, si no son seguidas por todos, provoca críticas. Sin embargo, cuando surgen algunas corrientes que, en cambio, la siguen algunos pocos, ellos también reciben críticas.

En esa ola de algunos implantando modas ante la masividad homogénea encontramos mujeres, fundamentalmente en Europa, que se han mostrado en estos primeros meses de 2025 con una imagen que rompe brutalmente con tradicionales cánones de belleza. Ellas usan bigote.

El hirsutismo es, justamente, la aparición de vello en las mujeres en zonas denominadas masculinas, como el labio superior, las patillas, la barbilla, el cuello, el tórax, ingles y muslos, entre otras, como consecuencia de un elevado nivel de testosterona. Históricamente ese vello se destierra con afeites o depilaciones de toda índole, porque así se considera que debe ser la estética femenina.

No obstante, derrumbando lo establecido, algunas mujeres muestran su empoderamiento y autenticidad al mantener de manera natural su bigote. Incluso, hay quien lo ha teñido de colores llamativos porque ante tantos juicios y críticas, mejor ser irreverente, ¿no?

En definitiva, ¿qué importa que alguien decida sentirse libre de toda regla de la moda? Es más, ¿quién establece esas reglas? Si aquella corta su pelo o se tatúa las cejas o se depila las piernas, bien por ella. Si la otra prefiere vestir con ropa holgada, pintar sus labios de rojo y no afeitar sus axilas, bien por ella.

¿Dejaría de ser mujer o, en todo caso, perdería la esencia que la define? ¿Somos mejores personas si nos parecemos a la modelo tal, o al estándar de belleza de París o a lo que se dice que debe ser lo más bonito? Caramba, si la belleza es relativa y la libertad de ser uno mismo y sentirse a gusto como tal, no tiene precio.

Abogo por defender la expresión individual de felicidad que cada cual decida mostrar en su cuerpo y en sus conductas, siempre y cuando ni lo uno ni lo otro afecte a otra persona. Piénselo. ¿Acaso no podemos vivir sin enjuiciar a los demás? Con bigote o no, la esencia humana es la que debe salvarse.

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