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Temporada de huracanes en Norteamérica

El «Huracán Kane» tocó tierra en el Mercedes-Benz Stadium en los últimos 15 minutos para barrer la resistencia de una República Democrática del Congo que durante 74 minutos desafió todas las predicciones y soñó con la hazaña más grande de su historia

Autor:

Ruben Darío García Caballero

 

El parte meteorológico de la tarde anunciaba cielo despejado sobre Atlanta, pero la tormenta que azotó el Mercedes-Benz Stadium no estaba en los mapas del clima. Era una tormenta perfecta, de esas que los servicios de emergencia no pueden prever porque nacen en el alma de los futbolistas. Era la temporada de huracanes en Norteamérica, y el más temible de todos llevaba el nombre de Harry Kane.

Los primeros compases del partido, sin embargo, fueron un espejismo de calma. Los Three Lions de Thomas Tuchel, que habían llegado a esta fase como líderes indiscutibles del Grupo L con siete puntos, saltaron al césped con la confianza de quien cree que el trámite es un mero formulismo. Pero la República Democrática del Congo, ese equipo que había regresado al Mundial después de 52 años de ausencia, no había venido a Atlanta a hacer turismo. Los Leopardos de Sebastien Desabre, armados con una defensa de cuatro centrales que parecía un muro de granito, tenían un plan: sobrevivir a la tormenta.

Y entonces, en el minuto siete, el cielo se abrió. Pero no para los ingleses. Un balón largo de Chancel Mbemba encontró la espalda de la defensa, y Brian Cipenga, el delantero del Castellón, apareció como un fantasma por la banda izquierda. Control, recorte y un disparo raso que se coló en el primer palo de un sorprendido Jordan Pickford. Era el 1-0, y el estadio, poblado de 70 000 almas que esperaban un paseo, se quedó en un silencio sepulcral.

El primer tiempo fue un ejercicio de resistencia congoleña. Lionel Mpasi, el portero que se había convertido en el héroe de los Leopardos, se agigantó bajo los tres palos. Primero desvió un cabezazo de Jude Bellingham, luego vio cómo Aaron Wan-Bissaka sacaba sobre la línea un disparo de Marcus Rashford, y después, en una doble intervención milagrosa, negó el gol a Harry Kane. Inglaterra, desconcertada, chocaba una y otra vez contra un muro que se negaba a ceder. La frustración empezaba a hacer mella en las estrellas inglesas. Y para colmo, Yoane Wissa, en el minuto 41, estrelló un remate en el poste que pudo haber sido el 0-2.

El Huracán, sin embargo, solo estaba tomando impulso. Thomas Tuchel movió el banquillo en el segundo tiempo, y Anthony Gordon, el nuevo fichaje del Barcelona, se convirtió en el catalizador de la reacción. Su velocidad, su profundidad, su hambre, revolucionaron el ataque inglés. El viento empezaba a cambiar de dirección.

Y entonces, en el minuto 74, el ojo del Huracán tocó tierra. Gordon levantó un centro preciso al área, y Harry Kane, libre de marca, conectó un cabezazo impecable que superó por fin a Mpasi. Era el 1-1, el primer aviso de que la tormenta estaba lejos de amainar. El gol cambió por completo la dinámica del partido. Inglaterra, como un barco que encuentra el rumbo, empezó a navegar con la confianza de quien sabe que el temporal está de su lado.

El gol de la clasificación, el que sellaría la remontada, llegó a falta de cuatro minutos para el final. De cabeza y con un zapatazo al ángulo, Harry Kane anotó su doblete y desató la tormenta definitiva sobre Atlanta. Fue el quinto gol del capitán en el torneo, renganchándose a la pelea por la Bota de Oro, y elevó su cuenta personal a 13 dianas en Copas del Mundo, una cifra que lo coloca entre los máximos artilleros históricos de la competición.

El pitido final encontró a unos Leopardos exhaustos pero dignos, tendidos sobre el césped después de haber soñado durante 74 minutos con la hazaña más grande de su historia. Enfrente, los Three Lions celebraban una clasificación que había sido mucho más sufrida de lo que nadie imaginaba.

La temporada de huracanes en Norteamérica ya tiene a su fenómeno más temible. Y se llama Harry Kane. El próximo domingo, en el Estadio Azteca de Ciudad de México, el viento soplará con fuerza contra el coanfitrión. Pero hace unas horas, en Atlanta, el «Huracán Kane» dejó una estela de destrucción y esperanza. Destrucción para los sueños congoleños. Esperanza para una Inglaterra que, 60 años después de su único título mundial, sigue buscando la luz al final de la tormenta.

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