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Casting abierto para el banquillo merengue

Con Arbeloa prácticamente descartado tras una temporada desastrosa, varios son los candidatos para ocupar el banquillo blanco

Autor:

Ruben Darío García Caballero

Se abre el telón. El plató está preparado: un imponente escenario blanco, una mesa de jurado de caoba noble y un maletín repleto de millones sobre la mesa. Suena la sintonía de «Got Talent Merengue», ese espacio donde los sueños se hacen realidad o se estrellan contra el muro de las expectativas. En el centro del jurado, ejerciendo de implacable Risto Mejide, un Florentino Pérez con el ceño fruncido y el pulgar presto para sentenciar. A su derecha, José Ángel Sánchez, el director general, en el papel de Paula Echevarría: sonrisa cómplice, perfil bajo, pero con el poder de inclinar la balanza con un simple gesto de aprobación. Y completa el jurado el palco del Bernabéu, ese tercer juez invisible que dicta sentencia desde las alturas con sus pitos y pañuelos blancos. El casting para encontrar al nuevo entrenador del Real Madrid ha comenzado, y los candidatos desfilan por la pasarela con la esperanza de ocupar el banquillo más caliente de Europa.

El primero en aparecer, entre focos y ovaciones imaginarias, es el gran favorito: Jürgen Klopp. El alemán entra con su característica gorra y su sonrisa de tipo normal, esa que conquistó Anfield durante casi una década. Florentino lo observa con los ojos brillantes de quien lleva años persiguiendo este fichaje. «Es el candidato que más me gusta, tiene carisma, fútbol vertical y experiencia en vestuarios complicados», parece pensar el presidente mientras el alemán despliega su currículum: una Champions, una Premier que devolvió la grandeza al Liverpool.

Sin embargo, cuando el jurado está a punto de darle el pase de oro, llega el jarro de agua fría. Klopp no está en el casting por voluntad propia: la prensa española confirma que «no es candidato» y que sus posibilidades de entrenar al Real Madrid la próxima temporada «son nulas». Su foco está en su cargo como director global de fútbol de Red Bull y, sobre todo, en su verdadero sueño: dirigir la selección alemana cuando Julian Nagelsmann deje el puesto. Florentino resopla. Es como aquel concursante que roza la perfección, pero que abandona el escenario antes de la deliberación final. Una misión imposible que deja al jurado con la miel en los labios.

Entonces, entre murmullos de la grada y un runrún que crece como la marea, aparece él: José Mourinho. El candidato del pueblo, el hombre que ya sabe lo que es sentarse en esa silla y que despierta pasiones enfrentadas. Su entrada es teatral, con aires de estrella de rock que regresa a los escenarios tras una gira. «Mourinho está en el casting y la posibilidad de que vuelva está sobre la mesa», confirman los entendidos. El portugués tiene un as bajo la manga: una cláusula de rescisión de seis millones de euros con el Benfica que lo convierte en una opción viable.

Florentino esboza una media sonrisa. Sabe que Mou es un arma de doble filo, un líder de vestuario que «meta en vereda a los egos dentro del vestuario del Real Madrid», pero también un técnico que en su primera etapa dejó divisiones. «¿Le damos otro voto de confianza?», parece consultarle con la mirada a José Ángel Sánchez, que asiente con prudencia. El pueblo ya ha hablado. El siguiente en el escalón y que genera algo de ilusión es Mourinho.

Pero el casting no se cierra con dos finalistas. Por el escenario desfilan también esos aspirantes que lo intentan con ilusión, aunque saben que el nivel de exigencia es máximo. Ahí está Mauricio Pochettino, con su estilo elegante y su experiencia en la Premier, pero atrapado en el compromiso de dirigir a Estados Unidos en el Mundial de 2026.

Le sigue Didier Deschamps, un currante del banquillo que ha ganado y ha sido subcampeón del mundo con Francia, pero cuyo contrato con la selección gala se lo impide hasta después del verano.

También aparece un Lionel Scaloni que, según las informaciones, ha sido objeto de consultas por parte del club blanco, aunque idéntico obstáculo mundialista lo mantiene en la cuerda floja.

Y cierran la comitiva Massimiliano Allegri —del que se reporta que su nombre «ya no está en la carrera» tras un portazo anterior— y un Antonio Conte cuyo perfil ni siquiera ha pasado el primer corte. Todos ellos talentosos, sí, pero atrapados en las fechas del calendario o en el peso de un pasado que no termina de encajar.

El jurado delibera. Florentino cruza los brazos, se ajusta las gafas y susurra algo al oído de José Ángel, que asiente con la gravedad de quien maneja los hilos del club. El veredicto final está lejos de concretarse porque el proceso de selección es riguroso. Sin embargo, la sombra de Mourinho se alarga sobre el escenario. Su nombre ha pasado de estar completamente descartado a sonar con fuerza. El casting sigue abierto, pero entre bastidores todos intuyen que el desenlace está cerca. Cuando el calendario agote las últimas hojas de mayo, quizá con la Champions y la Copa del Rey ya decididas, el Real Madrid anunciará al ganador de este particular concurso de talentos. Hasta entonces, el plató permanece en pausa, Florentino afila su pase de oro, y Mourinho, el eterno aspirante, contiene la respiración mientras acaricia la idea de volver a ser «The Special One» en la casa blanca.

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