Con su gol cargado de fortuna tras un rebote, Kylian Mbappe rompió su racha negativa sin marcar en la liga española y se consolidó como el pichichi del torneo. Autor: Al Jazeera Publicado: 22/04/2026 | 09:05 am
El Real Madrid compareció este martes en el Santiago Bernabéu en un duelo que tenía más de tribunal popular que de partido de fútbol. Tras la dolorosa eliminación en los cuartos de final de la Champions League a manos del Bayern Múnich, la parroquia blanca había convocado un plebiscito en la noche del 21 de abril.
Con el Deportivo Alavés como testigo, una entrada inusualmente baja (61 400 espectadores) revelaba el hastío de una afición que no olvida. El veredicto fue tan inmediato como sonoro: los pitos y abucheos se convirtieron en la banda sonora de una victoria agónica por dos goles a uno que, pese a cortar una racha de cuatro partidos sin ganar, dejó más cicatrices que certezas en el feudo de Chamartín.
La grada, ejerciendo de juez implacable, señaló a sus acusados con una precisión quirúrgica. Los primeros en comparecer ante el juicio merengue fueron las dos grandes estrellas. Cada balón que tocaban Kylian Mbappé y Vinícius Jr. era recibido con una rechifla ensordecedora. El francés, que no marcaba en Liga desde febrero, pareció redimirse momentáneamente al aprovechar un rebote afortunado para hacer el 1-0 a la media hora de juego. Sin embargo, su sonrisa socarrona y su celebración contenida dejaron claro que sabía que aquel gol, lejos de ser una obra maestra, era un indulto temporal en medio del funeral.
No corrió la misma suerte Eduardo Camavinga, quien al saltar al campo en la segunda parte se convirtió en el epicentro de la ira popular, señalado por su expulsión en el Allianz Arena como uno de los grandes culpables del desastre europeo. Incluso el joven Mastantuono, al ingresar al césped, sintió el peso de una grada que ya no distingue entre veteranos y promesas.
En medio de este clima hostil, Vinícius Jr. emergió como el único capaz de transformar el plomo en oro. El brasileño, que también fue recibido con silbidos al inicio y durante sus primeras intervenciones, silenció a sus críticos con un gesto cargado de simbolismo. A los cuatro minutos de la reanudación, enganchó un zapatazo lejano que se coló como un obús en la portería de Sivera para poner el 2-0 en el marcador.
Pero lo más impactante no fue la ejecución, sino la reacción: Vini no corrió a celebrar, sino que juntó las palmas de las manos y pidió perdón a una grada que, por un instante, dejó de ser tribunal para convertirse en confesionario. Su gesto, una mezcla de humildad y desafío, fue el único momento de catarsis en una noche gris. Su entrenador, Álvaro Arbeloa, lo defendió con vehemencia en la rueda de prensa posterior, destacando su «valentía» y su capacidad para «cambiar los pitos por aplausos».
A pesar de los dos zarpazos de sus estrellas, el Real Madrid volvió a ofrecer una imagen intermitente que alimenta las dudas sobre el proyecto de Arbeloa. El equipo comenzó el partido espeso y sin ideas, concediendo las primeras ocasiones a un combativo Alavés que pudo adelantarse en los primeros compases. Para colmo de males, la mala suerte se cebó con Éder Militão, quien tuvo que ser sustituido antes del descanso tras resentirse de unas molestias musculares, dejando una imagen de absoluta preocupación.
El guion se repitió en la recta final: lejos de sentenciar, el Madrid se echó atrás y permitió que el Alavés recortara distancias con un tanto de Toni Martínez en el tiempo de descuento. El pitido final, lejos de traer alivio, fue recibido con una nueva sinfonía de pitos que certificaba el descontento general.
Con este triunfo descafeinado, el Real Madrid se sitúa a seis puntos del líder, el FC Barcelona, a la espera de lo que hagan los azulgranas este miércoles ante el Celta de Vigo. La victoria sirve para mantener viva, al menos matemáticamente, la llama de una Liga que ya parece una quimera. Pero más allá de los números, el «juicio merengue» del Bernabéu dejó una sentencia clara: a esta plantilla no se le perdona el fracaso en Europa. Sin mazo que golpee el estrado, pero con una grada armada de pitos y pañuelos, el madridismo ha dictado su veredicto.
