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Cobija contra la furia de una política absurda

En la institución educativa Miguel Ángel Echemendía, de Sancti Spíritus, única de su tipo dedicada a la enseñanza especial en la provincia, se materializan alternativas para disipar un poco las incidencias del bloqueo norteamericano contra Cuba

 

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.En una pequeña aula comparten saberes cinco pequeños. Entre números y letras presentadas con la fuerza del amor, la paciencia y la experiencia, coinciden en ser estudiantes de la enseñanza especial, donde se siente con hostigamiento la furia de una absurda política contra Cuba.

«En la institución educativa Miguel Ángel Echemendía, de Sancti Spíritus, contamos con una matrícula de 66 alumnos, describe Anabel Viamontes Betancourt, su directora y con más de 30 años de experiencia en ese plantel. Atendemos menores de edad ciegos, con baja visión, estrábicos y ambliopes, con discapacidad intelectual y trastornos de la comunicación. Somos la única de su tipo en la provincia».

Entre los niños convive Leonard David Fernández, vecino de la comunidad rural Siguaney del municipio de Taguasco.

Llegó allí, con más incertidumbres que certezas en septiembre del pasado año, para cursar el cuarto grado.

Leonard David Fernández labra su futuro en el plantel de la ciudad del Yayabo. Foto: Alien Fernández Martínez

 

«Mi maestra es muy buena deja escapar con brillo por encima de los cristales gruesos que intentan ocultar sus ojos negros. He aprendido mucho con ella, como multiplicar, dividir, y a cuidar los espejuelos».

Sobre su mesa, una luz ilumina sus lentos trazos. La precisa para lograrlos. Cuando no la tiene, el sobresfuerzo visual le obliga a tomar mucho más tiempo de descanso.

Según Anabel, «en el caso de los niños con baja visión, como Leonard David, utilizan la mesa abatible para trabajar. Buscamos alternativas para hacerle la vida más amena, pero hay cosas tan reales y fuertes como los apagones por la ausencia de combustible. Toda la matrícula recibe actividades más allá del currículo de la enseñanza general. Contamos con varias especialidades que interactúan con ellos».

Justo pegado al portón principal de la edificación, se tropieza, de frente, con un letrero que delata el vocablo Consulta. En su interior una mesa, dos burós, algunas sillas y dos equipos para medir la vista se acomodan junto a adornos de papel esparcidos con tino.

«El objetivo de esta área es no trasladar al niño al Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos, donde existe la consulta de baja visión espirituana, explica Yanet Costa Díaz, estimuladora visual. Pero, no funciona así. Tenemos los equipos rotos por falta de piezas, y que no existen en nuestro territorio. Ese traslado por nuestros propios medios, con o sin la compañía de las familias, siempre es un riesgo.

«Igualmente, chocamos con déficit de máquinas braille, hojas brailles, y encontrar oclusoreslos dispositivos utilizados para cubrir uno de los ojos, es casi imposible.

«Además, la computadora lleva años sin poderse usar. La arreglan y vuelve a romperse. Es muy necesaria para realizar el tratamiento de estimulación visual ideal».

Quizá Leonard David y el resto de los alumnos entre internos y externos desconocen cuánto se hace en esta institución educativa para que cada día sea  único, de aprendizaje y otros buenos momentos.

«Nuestra escuela es una casa antigua, no como las otras provincias que son de nuevo tipo. Con ingenio propio, hemos hecho algunos salones para el disfrute, sobre todo, del tiempo nocturno. Contamos con un área de rehabilitación, gracias a nuestras propias iniciativas». Además, aprovechan los elementos hechos manualmente, para jugar.

Se intercalan acciones recreativas diversas con las propias del proceso docente educativo. Foto: Alien Fernández Martínez

«Todo el colectivo ha puesto su granito de arena para que ellos se sientan un poquito más feliz; herencia del sentido de pertenencia que tienen nuestros trabajadores, quienes reciben como premio la alegría de nuestros niños y el agradecimiento de los padres».

Basta mirar a través de los cristales que iluminan al espirituano Leonard David, para confirmar que, cuando prevalece el amor, todo lo negativo se disipa.

—Cuando sea grande, quiero ser ginecólogo, deja escapar con naturalidad.

—¿Por qué?, pregunta esta periodista con tono sorpresivo.

Para traer niños al mundo, concluyó.

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