El robo de aceite diélectrico ocasiona daños en los transformadores y para la vida humana Autor: Osval Publicado: 25/04/2026 | 09:56 pm
SANTIAGO DE CUBA.— La noticia sacudió las redes sociales digitales en los primeros días de este mes de abril, atizando otra vez las alarmas.
Una persona perdió la vida y otra sufrió graves quemaduras, que condujeron a su hospitalización, mientras intentaban sustraer el aceite dieléctrico del banco de transformadores que alimenta el sistema de rebombeo de agua de la comunidad de Altos de Esperanza, en el municipio de Songo-La Maya.
Cobijados por la oscuridad, dos hermanos procedían al hurto del insumo cuando se produjo una fuerte explosión. El estallido provocó la muerte inmediata de uno de ellos, e importantes lesiones al otro que, tras ser recluido en un centro de salud, detalló lo ocurrido.
Aunque se logró recuperar unos 70 litros del aceite sustraído, el suceso confirmado por la Empresa Eléctrica santiaguera, no solo tuvo fatales consecuencias para los implicados, sino que causó un disparo en la línea de 33kV, que dejó sin servicio a los municipios de Songo-La Maya y Segundo Frente.
Lamentablemente, el trágico incidente no es un hecho aislado; reafirma la tendencia al incremento de este tipo de casos ilícitos contra infraestructuras de la Empresa Eléctrica en esta oriental provincia, graves actos que la entidad ha venido alertando en los últimos tiempos.
Los costos de hechos vandálicos
En el primer trimestre de 2026, precisó el Máster en Ciencias Javier Calero Román, director general de la empresa, tenían reportes de afectaciones por acciones de este tipo en las subestaciones no atendidas de Los Bungos y La Torcaza, en el municipio de Contramaestre, y Candonga, en Palma Soriano, respectivamente.
Los delitos, detalló, no solo se producen en las subestaciones no atendidas, ubicadas generalmente en zonas apartadas; también se han cometido contra los transformadores de distribución, ubicados en torres y postes. De estos equipos, retiran el lubricante empleando diferentes métodos, en los momentos en que falta el fluido eléctrico.
«Cuando se extrae el aceite, puede que el transformador trabaje dos o tres días, y luego se quema», explicó Calero Román, ilustrando situaciones reales que, en el año, se han vivido en zonas como Laguna Blanca, en Contramaestre, o Daiquirí y Verraco, en la cabecera provincial.
El Director de la Empresa Eléctrica santiaguera llamó la atención sobre las consecuencias de este tipo de prácticas, que, además de poner en peligro la vida de quienes las realizan, ocasionan daños a los equipos e instalaciones, con las consabidas pérdidas económicas para la entidad y, por supuesto, conllevan afectaciones del servicio a la población, a veces por largo período de tiempo.
Calero Román explicó que el aceite dieléctrico garantiza la prolongación de la vida útil y el funcionamiento eficaz de los transformadores, pues actúa como aislante, refrigerante que, al permitir disipar el calor generado entre los bobinados, posibilita que se mantengan temperaturas óptimas en la bobina y el núcleo de los equipos.
Al faltar o disminuir el nivel de aceite, se produce el sobrecalentamiento de las bobinas y puede generarse un cortocircuito entre espiras. De ahí que el primer efecto de este tipo de hechos, recalcó el directivo, es el daño al transformador.
En el caso de las subestaciones, como son equipos de alta potencia que dan servicio a varios transformadores de distribución, cuando se dañan grandes zonas poblacionales pueden estar varios días y hasta meses sin corriente, pues el país hoy carece de los equipos, cuya compra en el mercado internacional supera los 45 000 dólares.
Ante eso, la entidad, dijo Calero Román, es estricta en el cumplimiento de las normas establecidas para la puesta en funcionamiento de los transformadores.
A veces, explicó, el transformador no se daña, pero el restablecimiento del servicio se dificulta por la carencia del aceite que, aunque se produce en el país, depende de materias primas importadas, a las cuales resulta igualmente difícil acceder en el actual contexto económico.
Santiago de Cuba es hoy una de las provincias donde más hechos delictivos de esta índole, con un peso también inhumano, ocurren en el país. A las pérdidas económicas y el daño social que sufre la empresa santiaguera, debido al robo de aceite de los transformadores, se suman los efectos de otros sucesos vandálicos contra las infraestructuras eléctricas, como el robo de luminarias del alumbrado público, conductores eléctricos, acometidas, metrocontadores y dispositivos de protección; en particular en jornadas de apagón prolongado e intentos de asfixia energética.
Lecciones y retos
El Director de la Empresa Eléctrica en tierra indómita insistió en que Santiago de Cuba tiene aún fresca la experiencia vivida a finales de 2024 en San Luis, donde más de 17 000 personas residentes en Dos Caminos, Paquito Rosales y el consejo popular Estrella Roja vivieron horas de desesperación y tuvieron que buscar disímiles alternativas para conservar y cocinar sus alimentos durante varios días, como efecto de un hecho vandálico de este tipo en la subestación de la zona.
Con las lecciones del suceso, que obligaron a la máxima dirección de la provincia a implementar acciones emergentes, la Empresa puso en práctica medidas para reforzar la protección y vigilancia de sus recursos, como la contratación de custodios y cuidadores en las subestaciones, que condujeron a la reducción del número de dichos incidentes durante 2025.
En el presente año, la tendencia, sin embargo, es otra vez ascendente, por lo que se apuesta, explicó Calero Román, por el fortalecimiento del trabajo conjunto con las organizaciones comunitarias, el Ministerio del Interior y los órganos de Justicia, para identificar a los responsables y aplicar los procesos legales correspondientes.
La primera secretaria del Partido en la provincia, Beatriz Johnson Urrutia, ha afirmado, de manera rotunda, que «no habrá impunidad para los autores del delito».
Y aunque más de un proceso se encuentra aún en investigación, según pudimos conocer, especialistas del Departamento de Procesos Penales de la Fiscalía Provincial, junto con los órganos del Ministerio del Interior, laboran en el esclarecimiento de estos hechos; y han dejado claro que tales conductas tipifican entre los delitos recogidos en el Código Penal vigente, entre ellos el de hurto o robo con fuerza, receptación —para quienes compran el aceite—, e, incluso, el de sabotaje.
Precisamente para este último, se prevén sanciones de siete a 15 años de privación de libertad que, con agravantes, como poner en peligro la seguridad colectiva y afectar bienes pertenecientes a las reservas materiales, como sucede en estos casos, pudieran llegar a sanciones de diez a 30 años de privación de libertad.
Quienes atentan en estos tiempos de bloqueos y amenazas directas contra la estabilidad ciudadana, quienes a costa de la gente y el esfuerzo del país pretenden enriquecerse con sus fechorías; y quienes, aun sabiendo el daño descomunal que causan, se lanzan a riesgo de sus vidas a estos hechos vandálicos, ¿no merecen acaso ser considerados autores de delitos de sabotaje?
Frente a estas conductas, el ordenamiento jurídico cubano ha previsto, incluso, sanciones ejemplarizantes. Ciertamente, estos hechos tipifican como sabotaje, el cual está previsto en el artículo 125 de la Ley No. 151, Código Penal (22 de mayo de 2022).
La Ley se torna más severa cuando estos actos derivan en consecuencias de especial gravedad,como cuando en la ejecución se ocasionan lesiones graves o la muerte de alguna persona; se utilizan el fuego, sustancias, materias o instrumentos inflamables, explosivos, agentes químicos o biológicos, u otros medios capaces de producir consecuencias graves.
Que la actuación enérgica y unida de todos los factores se traduzca en respuestas efectivas ante este tipo de conductas resulta no solo el mejor camino, sino el único posible, y no solo en tierra santiaguera, sino a nivel de país, para defender la luz en tiempos en que el delito y la desidia acechan en la oscuridad.
