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La Lucha por Isla de Pinos y su legado en la identidad cubana

La ratificación del Tratado Hay-Quesada hace 100 años, movilizó en Cuba no solo a líderes individuales, sino también a todo un pueblo en la lucha por la soberanía nacional, un legado vigente que refuerza el patriotismo en las nuevas generaciones

Autor:

Roberto Díaz Martorell

NUEVA GERONA, Isla de la Juventud. — La celebración este año del centenario de la ratificación del Tratado Hay-Quesada que tras 21 años de lucha, le devolvió a Cuba la soberanía sobre la entonces Isla de Pinos —hoy Isla de la Juventud— no fue solamente una batalla en el campo de la diplomacia, fue también una extensa e intensa justa que involucró a toda la sociedad civil cubana de entonces.

En conferencia de prensa, el historiador local Roberto Únger Pérez, subrayó que esos eventos no solo sucedieron en La Habana, sino también en la entonces Isla de Pinos, donde se enfrentaron las protestas de los norteamericanos. En particular, los esfuerzos por anexionar la isla a los Estados Unidos resultaron en confrontaciones directas entre cubanos y estadounidenses, donde los primeros defendieron su tierra con valentía y honor.

«La historiadora estadounidense Irene Wright sintetizó la situación al observar cómo ciertos norteamericanos trataban a los cubanos como extranjeros en su propia tierra. Este aspecto crítico no puede ser subestimado, pues la causa de la Isla de Pinos se transformó en una causa de toda Cuba. La misión patriótica que lideró Osvaldo Valdez de la Paz, periodista y presidente de la sociedad de pedagogos de La Habana, sensibilizó a todo el pueblo cubano sobre la justeza de esta causa».

Asimismo, Únger Pérez destacó el rol de la diplomacia cubana en todo el proceso, fundamentalmente la labor de diplomáticos como Cosme de la Torriente y de la Pedraza, quien no solo defendió la soberanía cubana, sino que también sentó las bases para una diplomacia cubana moderna, caracterizada por su arrojo y capacidad negociadora.

Una mirada al legado de la lucha por la ratificación del Tratado Hay-Quesada, cien años después, ha dejado una profunda huella en la política actual de Cuba. Este tratado, que devolvió la soberanía cubana a la Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud), marcó un hito en la historia del país y fortaleció el sentido de identidad y patriotismo entre los cubanos.

En ese sentido, el historiador insistió que, al ser un proceso histórico en el que se consolidó la soberanía cubana, también sentó un precedente para la defensa de la integridad territorial del país.

De igual modo, aquella victoria en el campo de la diplomacia, fue la génesis de la tradición de firmeza y habilidad negociadora y capacidad de los diplomáticos cubanos para defender los intereses nacionales en foros internacionales, una característica destacada de la política exterior cubana.

Únger Pérez recalcó que la causa de la entonces Isla de Pinos se convirtió en una causa nacional, uniendo a diferentes sectores de la sociedad cubana en un esfuerzo común. Esta unidad y cohesión social son valores que hoy se promueven en Cuba, como el patriotismo e identidad nacional.

Durante la conferencia de prensa por el centenario de la ratificación del Tratado Hay-Quesada, los organizadores insistieron en la importancia de no circunscribirla solo a la fecha del 13 de marzo, sino que se convierta en un proceso de educación y transmisión del conocimiento de la historia.

Entre las propuestas figuraron incluirla en los currículos escolares, en aras de que los estudiantes aprendan sobre los eventos, personajes y procesos históricos que han moldeado el mundo en el que viven; contribuir, de ese modo, al fomento del pensamiento crítico y a desarrollar habilidades analíticas.

Sobre esa propuesta, los historiadores aseguraron que ayuda a consolidar el sentido de identidad cultural y nacional mediante el estudio de la historia, y les ofrece a las nuevas generaciones las herramientas y argumentos para comprender mejor sus raíces y valores, lo que a su vez fortalece su sentido de pertenencia y cohesión social.

Al conocer la historia del país, los ciudadanos pueden sentir orgullo y responsabilidad cívica; motivarse a participar activamente en la vida política y social y contribuir, conscientemente, al bienestar de la comunidad.

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