Acuse de recibo
Gloria Guerrero, vecina de Gonzalo 115, entre Alberto y Gustavo, en Santa Amalia, municipio capitalino Arroyo Naranjo, señala que, aunque ese reparto recibe con regularidad su ciclo de entrega de agua potable, increíblemente algunas áreas del mismo se ven afectadas días y meses por la entrega del preciado líquido.
«Hemos comprobado, refiere, que el mal manejo de las válvulas ubicadas en distintos puntos del reparto impide la llegada a dichos puntos; y que los vecinos de manzanas enteras vean correr el agua por la esquina y no le llegue a su cuadra y a la redonda».
Explica que múltiples quejas se han llevado al Gobierno de Arroyo Naranjo y al Partido en el municipio. Incluso a Aguas de la Habana se les ha llamado, y cuando revisan a los diez minutos se empieza a entregar agua y todo se resuelve.
«¿Qué quiere decir esto?, manifiesta. Que hay suministro de agua, pero el personal que maneja las válvulas no opera con efectividad y provoca que personas residentes en el lugar se vean seriamente afectadas por meses hasta que alguien protesta. Y entonces todo vuelve a la normalidad».
Tal situación, sostiene, se repite continuamente; mientras alrededor de estas manzanas el agua se bota y se desperdicia. Muchos vecinos han tenido que comprar metros de tuberías para tomar agua de cuadras aledañas y pasar las madrugadas bombeando de acometidas que están a dos cuadras de su casa.
«¿Quién puede dar una respuesta lógica a esta falta de respeto y de interés en resolver algo que es muy sencillo?, señala. ¿Abrir completamente la válvula y que se preste el servicio como es debido es tan difícil? ¿Acaso alguien sale beneficiado con este actuar irresponsable e irrespetuoso, haciendo daño a una comunidad?
«¿Por qué Aguas de la Habana no ha querido resolver de una vez y por todas este problema que conocen perfectamente?».
Ailén Gómez Hernández (Calle 124 no. 3741, esquina a 41, Marianao, La Habana) relata que en febrero pasado, su teléfono fijo, el 72670667, que está a nombre de su mamá, Reina Luz Hernández Martínez, quedó sin comunicación, bajo la supuesta razón de que presentaban morosidad en el pago del servicio.
Entonces, su mamá se dirigió a la sede de Etecsa en el municipio Marianao, pues ya habían pagado. Y allí, después de una revisión, se percataron de que había sido pagado y no tenían deudas.
La empleada que atendió a Reina Luz le dijo que ya había sido restablecido el servicio. Y ahí empezó la odisea: El teléfono seguía muerto. Imposible que estuviera restablecido.
Pasaron los días y nada. Empezaron a reportar el teléfono al 114 en muchas ocasiones, explicando que no funcionaba. La respuesta ha sido siempre que estaba pendiente de reparación, hasta ahora que nos escribe Ailén.
Jamás se ha parado aquí nadie de Etecsa, señala. Ya han pasado más de dos meses. ¿Cómo es posible que siendo un error de ellos quitarme el servicio, a estás alturas sigo incomunicada?, concluye.
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