Estrenando look con la camiseta noruega, Erling Haaland volvió a ser decisivo con su selección nacional. Autor: Getty Images Publicado: 26/09/2026 | 09:42 am
Cuenta la leyenda que, cuando el Ragnarök se acerque y los gigantes de hielo marchen sobre el puente Bifröst, un guerrero de ojos azules y complexión de acero se sentará en el verde de un campo de fútbol a meditar. No será Thor con su martillo ni Odín con su lanza: será Erling Braut Haaland, el Androide, el hombre que ha convertido el gol en un acto de fe vikinga. Este jueves 24 de septiembre de 2026, en el Ullevaal Stadion de Oslo, el mito volvió a escribirse.
Noruega recibió a Dinamarca en la jornada inaugural del Grupo A4 de la Nations League, un duelo nórdico que arrastraba una historia de dolor: la última victoria noruega sobre los daneses databa de 1998, hacía 24 años. En el banquillo, Ståle Solbakken presentó un once con apenas tres novedades respecto al equipo que cayó en cuartos del Mundial ante Inglaterra, con Oscar Bobb ocupando la banda derecha por la lesión de Alexander Sørloth. Y el plan funcionó como un conjuro.
A los 14 minutos, Martin Ødegaard filtró un pase entre líneas y Bobb definió con un remate cruzado que se coló junto al palo. Cuatro minutos después, Antonio Nusa desbordó por la izquierda, superó a Rasmus Kristensen y cedió al corazón del área, donde Haaland, con la frialdad de un autómata programado para matar, cruzó un zurdazo raso que batió a Jörgensen. Dos golpes, dos puñales, y el Ullevaal rugía como un drakkar varado en tierra firme.
Pero Dinamarca no había venido a Oslo a rendir pleitesía. Mikkel Damsgaard, el mismo que en la Eurocopa 2020 heló la sangre inglesa con un tiro libre imposible, firmó otro golazo de falta directa al minuto 25, colando el balón por la escuadra de Nyland. El tanto fue un bálsamo para un equipo que aún no ha digerido el trauma de quedarse fuera del Mundial 2026, tras dejar escapar un billete que parecía sellado a falta de dos jornadas. Y en la segunda parte, la rebelión danesa se completó: Rasmus Højlund, aprovechó un rechace dentro del área para establecer el 2-2 al minuto 60.
Dinamarca olía sangre. Nueve minutos después, el propio Højlund estrelló un disparo en el poste tras una intervención salvadora de Nyland. Noruega, que había dominado con autoridad, se tambaleaba como un gigante herido. Solbakken movió el banquillo y el partido se convirtió en un intercambio de golpes digno de las sagas islandesas. Entonces, cuando el empate parecía un castigo inevitable, apareció él.
Minuto 74. Saque de esquina en corto. Ødegaard, el arquitecto de seda, fabricó el pase al borde del área y Haaland, con la avidez de un lobo de Fenrir, definió de primera con la zurda. El balón se coló en la red como un presagio. 3-2. El Androide había vuelto a matar. Con ese gol, Haaland alcanzó los 64 goles en 56 partidos con la selección noruega, un promedio de más de un tanto por encuentro, cifra que solo puede describirse como inhumana. Tiene 26 años. Y ya es el máximo goleador histórico de su país.
El Ullevaal explotó en un rugido que retumbó en los fiordos. Los aficionados, ataviados con cascos vikingos y banderas, celebraron como si el Ragnarök hubiera sido pospuesto una vez más. Sobre el césped, Haaland sonreía con la placidez de quien ha cumplido un deber cósmico. David Møller Wolfe fue expulsado en el tiempo añadido por una falta táctica, pero el marcador ya no se movería. Noruega sumaba sus primeros tres puntos en la élite de la Nations League, igualado con Portugal en lo alto del grupo, y ponía fin a más de dos décadas de sumisión ante su vecino del sur.
El Androide no es un hombre. Es un artefacto de la mitología nórdica que ha descendido a la Tierra para recordarnos que los dioses, a veces, juegan al fútbol. Haaland no corre: se desplaza como una máquina de asedio. No dispara: ejecuta. No marca: sentencia. Y en Oslo, bajo el manto de las estrellas del norte, volvió a demostrar que el gol, cuando él lo decide, es una profecía que se cumple. Noruega ya no teme al Ragnarök. Teme, más bien, al día en que el Androide decida descansar.
