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Bayamo, la memoria que obliga

A más de cinco siglos de su fundación, Bayamo trasciende por su lugar privilegiado en la génesis de la identidad y la independencia cubanas

 

Autor:

Osviel Castro Medel

BAYAMO, Granma.- A estas alturas, cuando ya han pasado 513 años, resulta secundario demostrar si el acto de fundación tuvo lugar en Yara o en Palmas Altas. Lo cierto es que Bayamo continúa ahí, a la vera del río que inspiró a José Joaquín Palma y con esa historia tan singular que la hace una ciudad de hechizos.

Bayamo —no solo el núcleo urbano inicial y la ciudad que luego creció, sino también su entorno de gravitación— funcionó como célula originaria de la cubanidad en numerosos órdenes.

Resulta imposible olvidar que en Yara se prendió una llama asociada a la rebeldía de Hatuey, y que allí se produjo el primer levantamiento indígena de gran escala, aquel que enfrentó a pedradas a Pánfilo Narváez.

No puede ignorarse que en esta comarca tuvo lugar la primera partida de ajedrez registrada en Cuba (1518), ni que sus habitantes adoptaron temprano una actitud contestataria frente al poder colonial.

Convendría rememorar —y no solo cada 5 de noviembre— los episodios prodigiosos de antaño, aquellos que alentaron el primer texto literario de la Isla, atribuido a Silvestre de Balboa, pese a quienes en tiempos recientes niegan ese origen con obstinación revisionista.

Vale recordar que Joaquín Infante, nacido en esta ciudad, redactó en 1812 el primer texto constitucional de factura enteramente cubana, y que Manuel Cedeño, oriundo de estas tierras, alcanzó el grado de general en las tropas de Simón Bolívar.

Tampoco deberíamos perder de vista que aquí surgió la primera canción trovadoresca y romántica de Cuba (1851), ni olvidar que aquí vieron la luz Manuel del Socorro Rodríguez, padre del periodismo de Colombia, y José Antonio Saco, uno de los más excelsos pensadores de nuestra historia. 

Nunca ha de faltar en el recuento que Bayamo se convirtió en la cuna del movimiento independentista, del Himno, de tantos hechos gloriosos e impactantes, como la quema realizada por sus propios hijos. Bayamo, la primera ciudad libre, la de la primera victoria del Ejército Libertador, la que inauguró la primera plaza bautizada como "de la Revolución" (1868).

Tierra de Céspedes, Perucho, Aguilera, Mármol, Palma, Maceo Osorio y muchos otros, no por casualidad obtuvo tan temprano (1935) la declaratoria de Monumento Nacional.

Bayamo fue una de las impulsoras, junto a Santiago, de la empresa heroica que asumió la Generación del Centenario. Bayamo es el heroísmo primerísimo sin que suene a teque.

En todo caso, ninguna conmemoración tiene sentido si no se enlaza con lo que vivimos hoy, si no mueve lo mejor de nuestra vida cultural o el empeño por hacer de Bayamo algo más.

No resulta suficiente rotular una calle con el nombre de un prócer ni izar la bandera de Céspedes de modo solemne. El reto consiste en concebir la cultura como eje mayor, como sustento de cualquier empeño social.

No basta soplar velas para evocar aquel 5 de noviembre de 1513, o maquillar la ciudad cuando se acerca la fecha. El asunto implica otro concepto más alto: responder con altura a lo que se forjó con sangre y sacrificios, y hacer que el prestigio de Bayamo crezca por encima de su nombre.

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