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El eco de la corona

El Arsenal desempolvó su cetro en el Emirates con un 3-0 al Coventry, en una lección de jerarquía que recordó a los recién llegados el abismo de la élite.

Autor:

Ruben Darío García Caballero

En todo una declaracion de principios, el Arsenal, en la noche del viernes, tomó el escenario del Emirates Stadium para recordar al mundo que el cetro de la Premier League no se cede, se defiende. Frente al Coventry City, un equipo que regresaba a la máxima categoría después de 25 años de travesía por el desierto, los Gunners no concedieron ni un atisbo de duda: 3-0, una lección de historia para los visitantes y un mensaje de poder para el resto de la liga. Era el primer capítulo de una temporada que los londinenses aspiran a escribir con la misma tinta dorada que el año pasado, cuando rompieron una sequía de 22 años.

La obra tuvo su primer acto en el minuto 15, cuando la paciencia del campeón se transformó en castigo. Riccardo Calafiori encontró a Kai Havertz en el área. El alemán, con la precisión de un relojero, ajustó su zurda al palo para firmar el primero. Fue el gol de la confianza, el que abrió la puerta a todo lo que vendría después.

El segundo no tardó en llegar: Christos Tzolis, el nuevo fichaje griego que ya había brillado en la Community Shield, desbordó y envió un centro raso que Carl Rushworth, el portero visitante, no pudo retener. Bukayo Saka, siempre atento al rebote, fusiló a placer para el 2-0 en el minuto 23. La afición del Emirates, puesta en pie, aplaudió a Tzolis cuando fue sustituido en el 76' . Todo el reconocimiento a un debut que prometía.

La segunda mitad apenas empezó y el partido ya era un ejercicio de estilo. El capitán Martin Odegaard, corazón del equipo gunner, remató desde lejos. Fue un disparo fallido, desviado, pero el destino quiso que el balón, caprichoso, despistara a Rushworth y se colara en la portería: 3-0 en el minuto 49, la sentencia definitiva.

El Coventry, dirigido por Frank Lampard, llegó al Emirates con la ilusión del recién ascendido, pero se encontró con la pared del vigente campeón. La brecha de jerarquía fue tan evidente como un abismo. Para Mikel Arteta, la victoria no fue solo un triunfo; fue su victoria número 150 en la Premier League, uniéndose a un selecto club de entrenadores que lo han logrado en menos de 250 partidos, al lado de nombres como Guardiola, Mourinho, Klopp y Ferguson. El español ha construido un equipo que es la viva imagen de su idea: disciplina táctica, posesión fluida y una presión alta que asfixia al rival. En el primer examen de la temporada, la corona les quedó perfecta.

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