El Hull City vivió un debut soñado en su regreso a la Premier League. Autor: Tomada de As Publicado: 24/08/2026 | 04:56 pm
Hay derrotas que son más que tres puntos perdidos; son diagnósticos en carne viva. La que el Manchester United sufrió este sábado en el MKM Stadium ante el Hull City tuvo la crudeza de un electrocardiograma plano. El recién ascendido, ese equipo que olía a Championship y a memoria de ascensos, no solo venció a los Red Devils: los desnudó, los partió en dos, les dibujó dos rayas de tigre en el pecho con la firmeza de quien sabe que no volverá a tener una oportunidad así. Fue un 2-0 que dolió más que cualquier goleada, porque llegó en el debut, porque llegó de la mano de dos defensas, porque llegó desde el balón parado, esa vieja asignatura que el United nunca terminó de aprobar.
El primer zarpazo llegó al minuto 17, cuando el destino, que a veces escribe con mayúsculas, quiso que Oli McBurnie estrellara su disparo en el poste y que el rebote cayera a los pies de Semi Ajayi. El nigeriano, desahuciado por el West Brom el verano pasado por negarse a rebajarse el sueldo, fusiló a placer. Fue el primer gol del Hull en la Premier desde aquel 7-1 contra el Tottenham en mayo de 2017, nueve años de silencio que se rompieron con la furia de quien ha esperado demasiado.
Y el segundo, en el 38, fue un puñetazo en la mesa: Regan Slater, un futbolista que costó 50.000 libras cuando llegó cedido desde el Sheffield United, puso un balón al corazón del área para que Nobel Mendy, el fichaje récord del club por más de 20 millones, cabeceara imparable. Dos defensas, dos cabezazos, dos rayas de tigre en el costado del diablo.
El United, que llegaba con la moral de haber terminado tercero la temporada pasada y con el regreso a la Champions bajo el brazo, fue un equipo fantasma. Dominó la posesión —72 por ciento, más pases que en cualquier partido de la 2025-26— pero fue un dominio estéril, de esos que llenan las estadísticas y vacían las esperanzas. Los nuevos fichajes, Youri Tielemans y Andrey Santos, pasaron sin pena ni gloria y fueron sustituidos en la segunda mitad. Marcus Rashford, que regresó de su cesión en el Barcelona después de 618 días sin vestir la camiseta del United, saltó al descanso para intentar un milagro que nunca llegó. Bryan Mbeumo tuvo la única ocasión clara, pero Tzolakis, el portero griego que debutaba, le ganó el duelo con la seguridad de un veterano. 21 disparos totales, sí, pero la mayoría fueron fuegos de artificio, ruido sin pólvora.
Y mientras el United se marchaba con la cabeza gacha y el puesto 19 en la clasificación temporal, el Hull celebraba su primera victoria liguera contra los Red Devils desde noviembre de 1974. Sergej Jakirović, el primer entrenador bosnio de la Premier, había escrito una página de oro para un club que hace dos años militaba en League One.
El dueño turco Acun Ilıcalı, que compró el equipo en 2022, veía cumplido su sueño con una victoria que supo a venganza y a redención. Porque el fútbol, ese viejo maestro de las paradojas, convirtió a un equipo de segundas oportunidades —Ajayi, el descartado; Slater, el de las 50.000 libras; Mendy, el debutante— en los verdugos de un gigante que sigue sin encontrar su rumbo. Dos rayas de tigre en el corazón del diablo de rojo. Y un United que, una temporada más, empieza el curso preguntándose si el problema es de defensas, de sistema o de alma.
