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Jenifer nunca deja de soñar en el colchón

Con disciplina y muchos sacrificios, la katacera cubana Jenifer Marina Luna Aguilar camina hacia el podio como una de las líderes de una generación que anhela situar a la Mayor de las Antillas en la élite continental y mundial de este deporte

Autor:

Ariel Alejandro Niévares Luis

 

Con disciplina, respeto, constancia y muchos sacrificios, la katacera cubana Jenifer Marina Luna Aguilar camina hacia el podio, no solo como atleta de la selección nacional de karate-do, sino como una de las líderes de una generación que anhela situar a la Mayor de las Antillas en la élite continental y mundial de este deporte.

En su palmarés luce disímiles títulos de kata individual femenina conseguidos en tierra cubana, como el oro en el Campeonato Nacional, en el 2do. Desafío Abierto de La Habana, en el Nacional del Estilo Shotokan, e incluso, el cetro en el primer torneo celebrado en mar y playa dentro del país.

Sin embargo, este jueves hará su debut en competencias internacionales en el clasificatorio de República Dominicana para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026. Un reto que conlleva una presión adicional: «Solo hay que saber manejarla y controlarla. Claro que existe, pero no puede ser un motivo de afectación contra mi rendimiento», admite a Juventud Rebelde.

Su madurez, calidad y explosividad sobre el colchón superan los nervios propios de un debut, y la santiaguera sueña en grande: «Soy la primera atleta de la delegación en buscar la clasificación en el certamen, así que mi propósito es ganar el boleto en la kata individual y luego en la modalidad por equipos. Y quiero ir más allá: estar dentro de los cuatro primeros puestos en mi especialidad», afirma con la certeza de quien se siente convencida de lograrlo.

Como katacera y primera figura femenina de la modalidad en la Isla se preparó para un desafío que trasciende el colchón y le impregna una motivación especial. No obstante, el camino hacia ese ansiado evento se ha tornado bien difícil por las complejas condiciones en que se encuentra la nación.

«No pudimos viajar ni participar en competencias internacionales, pero tratamos de estudiar a los contrarios y realizar muchos torneos en el país con atletas invitados de México y Venezuela», explica Jenifer, quien asume el reto con la mentalidad puesta en sus objetivos.

La mayoría de los miembros de la selección nacional tendrá un rival extra en el clasificatorio: será la primera vez que gran parte de ellos se enfrenten a un torneo de ese nivel, lo que, según la santiaguera, exige un soporte mental robusto y enfocaron parte de la preparación en el apoyo sicológico.

Aunque especifica que la parte física se trabajó hasta el último minuto, el foco de los kataceros estuvo en la técnica: «Nuestra modalidad requiere esa perfección y una kata por equipo consiste en eso y necesita de compenetración entre las integrantes de la escuadra», detalla la líder del trío femenino.

La santiaguera debutará en un certamen internacional en el clasificatorio de República Dominicana. FOTO: Ariel Niévares.

Protagonista de otra historia

Jenifer no solo continúa tachando metas de su listado de la infancia, sino que puede hacer historia en Dominicana junto a sus compañeras. El clasificatorio centroamericano marcará un hito para Cuba dentro de la modalidad de kata por equipos, cuando este jueves regresen a un colchón internacional los tríos de kata de ambos sexos, luego de más de 30 años, en busca de los boletos para la fiesta multideportiva regional.

Junto a la santiaguera, otras dos talentosas jóvenes sueñan con entrar en los libros de este deporte y obtener la clasificación por primera vez. La villaclareña Saskia Cruz y la habanera Shaila García Denis, que a su temprana edad han subido a múltiples podios nacionales e ilusionan a los fanáticos de esta disciplina en la Isla, completarán el conjunto e intentarán ser protagonistas de la gesta.

Luna Aguilar destaca la calidad de ambas atletas y su confianza en ellas, a la vez que asume el mando del elenco y la presión del contexto: «Tengo que ser la líder y sin ninguna experiencia previa en torneos internacionales, pero he tratado de brindarles el apoyo a mis dos compañeras y al equipo masculino», explica.

Su estilo de liderazgo roza lo natural y lo maternal en sus exigencias: «Me toca ser la que regaña y la protestona», resalta entre risas, y sin perder ni dos segundos, aclara en tono más serio: «Pero es buscando el bien común y liderando el trío». 

Estratégicamente, confirma que tomaron la decisión de presentar las mismas katas en la individual y en equipos para optimizar el tiempo en los entrenamientos: «Así nos centramos más en perfeccionar las que ejecutaremos en el torneo. En el formato de trío escogimos las katas que se nos acomoden tanto en lo físico como en lo técnico», precisó.

Tanto ella como sus dos compañeras son conscientes de las dificultades para cumplir su aspiración de volver a Santo Domingo en julio: «Las hemos estudiado y la mayoría tiene bastante experiencia competitiva, incluso medallistas en campeonatos centroamericanos». No obstante, el ímpetu y las ansias de triunfo del trío femenino cubano es aún más grande: «No es algo que nos afecte. Las respetamos, pero solo son rivales como las que tenemos en Cuba. ¡Vamos a luchar por traer ese boleto para Santo Domingo!», repite.

Su destino: el karate-do

Su pasión por el karate-do comenzó en la infancia, cuando aún era un niña de ocho años y jugaba por las calles de su natal Santiago de Cuba. Desde aquella época hasta hoy, a sus 22 años, este deporte forma parte de su rutina diaria y constituye el centro de su vida, junto a su familia.

Recuerda que en su aula de la primaria había personas que practicaban el karate y se daban clases en el patio de la escuela: «Escuché que competían y me apunté. Se lo dije a mi papá y me llevaba todos los días. No hubo posibilidad de decidir, sencillamente, me atrapó. Ahí empezó todo».

Años después entró a la EIDE, pero no se adaptó al sistema de la escuela y tomó la decisión de salir. Sin embargo, el amor por su deporte y su capacidad para no darse por vencida ante las peripecias de la vida transformaron esos momentos en impulsos y motivación para escribir su historia.

«Para lo que otros era sentenciar su carrera, para mí continuó siendo un hobby, porque después de las clases en la secundaria, iba a entrenar al dojo. Pensé en algún instante que mi carrera deportiva sería solamente marcial. Cogí mi cinta negra, de ahí mi primer Dan y escogí la Medicina en la universidad porque me gustaba y le veía mucho campo en Cuba», relata.

Su destino estaba sobre el colchón. Cuenta que regresó a las prácticas y empezó en competencias, hasta que le dieron la posibilidad de entrar al equipo nacional de karate-do. Desde entonces han pasado poco más de dos años, pero como miembro de la selección, bajo la guía de los entrenadores Landy Manuel Ruiz Acosta y Yulisma Kindelán Contreras, su crecimiento ha sido meteórico y se ha convertido en la primera figura de su modalidad.

—¿Y aquella niña se imaginó que años después lucharía por un boleto a unos Juegos Centroamericanos y del Caribe como líder de la kata femenina?, le pregunto con curiosidad.

—Siempre quise estar en el equipo nacional desde chiquitica. No sabía que había que pasar por una EIDE ni nada, pero quería formar parte del equipo Cuba y ser la primera figura de la kata individual. Nunca me lo imaginé, pero sí lo deseaba.

—Entonces, ahora el clasificatorio, luego posiblemente los Centroamericanos, pero la carrera continúa...

—Mi primer logro sería clasificar; el segundo, participar en los Juegos Centroamericanos de Santo Domingo 2026 y superar el resultado de Claudia Burgos, que es medallista de bronce en esos eventos. ¡Mejorarlo con plata u oro, pero estar en el podio! Y finalmente, quiero convertirme en gloria deportiva del karate-do. Es mi gran aspiración.

Las jóvenes Saskia Cruz, Jenifer Luna y Shaila García (de izquierda a derecha) representarán a Cuba en el trío femenino de kata. FOTO: Ariel Niévares.

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