Las actrices en sus personajes de Sombra y Luz proponen reflexionar en torno al respeto de los derechos de las mujeres Autor: Cortesía de la fuente Publicado: 08/10/2026 | 08:26 pm
«Debes caminar de esta manera. No rías así. Si vas a hablar, pide la palabra y espera. No cruces las piernas de esa forma, el peinado correcto es otro y para ti el vestido ideal es aquel. No opines sobre estos temas y no oses cuestionarlo….»
Pudieran ser más las prohibiciones o, «mejor dicho» las indicaciones para las mujeres. Así han sido en épocas pasadas y en la actualidad, en muchas culturas, lo sigue siendo. Posiblemente sea la punta del iceberg de algo mucho más profundo.
Sombra y Luz intentarán compartir sus realidades y sus visiones, sus anhelos y frustraciones. Lucharán por ser mujeres comprendidas, aceptadas y sobre todo, valoradas. Y nosotros podemos ser parte de ello si vamos a la sala de teatro El Sótano en calle K entre 25 y 27 en la capital los sábados y los domingos del mes de octubre a las 2 de la tarde.
En una alianza creativa con Aire frío, compañía dirigida por Eduardo Eimil, la propuesta viene de la mano de Kaizen Teatro, de Camagüey, con Yoshiaky Méndez como director general y las actrices Rocío Calvo Quintana y Lisandra Rivero Mariño. Es el estreno en la capital de este colectivo teatral que antes puso a disposición del público en la tierra de la Avellaneda la obra Delirio.
En conversación con Yoshiaky Méndez, también actor y director artístico, y una de las actrices, Lisandra Rivero Mariño, quedó claro que este es un trabajo eminentemente colectivo, fruto de una fraternal relación profesional y afectiva que considera imprescindible en estos tiempos y que permitió fundar Kaizen Teatro, tomando el nombre a partir del concepto japonés Mejora continua.

Kaizen Teatro nace de la unión entre Yoshiaky Méndez, Lisandra Rivero y Rocío Calvo. Fotos: Cortesía de la fuente
«Ellas, Sombra y Luz, viven encerradas en mundo distópico en un programa de reeducación de las conciencias femeninas. La intención es reflexionar y valorar nuestras conductas en sociedad para con las mujeres, a quienes les exigimos todo el tiempo desde la cultura patriarcal impuesta.
«Me interesó darle voz a las mujeres en esta puesta, y a partir del texto que escribí, trabajamos juntos, Lisandra, Rocío y yo. Escucharlas fue enriquecedor e imprescindible, y fuimos manejando entre todos la idea», explicó Yoshiaky.
La obra ha sido posible también por el empeño, el apoyo y la voluntad de muchas personas que desde Camaguey han confiado en el proyecto, agregó. «Queremos agradecer a Osvaldo Betancourt, Presidente del Consejo Provincial de las Artes Escénicas en Camagüey y Ronny, director del Teatro Avellaneda y Nelson Acevedo, más que un maestro, un segundo padre para mí. Por supuesto, agradecer al público por su honesta acogida pues sabemos que en La Habana no nos conocen y aún así, la sala ha estado llena siempre y sus criterios han sido muy positivos».
Lisandra encarna a Sombra y agradece serlo.
«Es un personaje que ha venido a enseñarme mucho porque se relaciona más con mujeres mayores que yo, y eso me ha obligado a conversar con familiares y amistades para nutrirme. Sombra vivió en épocas donde la mujer obedecía sin protestar y en la obra, Luz le muestra otra manera de pensar y aceptar la vida.
«Recordemos que la obra es una obra distópica, pero sí habla mucho sobre la defensa de los derechos de la mujer. Yo tengo 31 años, pero a partir de mi crianza yo he tenido que evolucionar en muchas cuestiones. Sin embargo, Rocío que tiene 18 años recién cumplidos, tiene otra vivencia y alza su voz, en la obra y fuera de ella, por su derecho de expresión, de pensamiento, de acción.
«Desde mí, también considero que le he aportado a Sombra. Fundamentalmente, le aporto desde la experiencia vivida, porque a mis 31 años ya he pasado por situaciones bastante complejas. He padecido en momentos en que yo he tenido que bajar la cabeza ante una agrupación teatral, por ejemplo, donde la dirección masculina es la que prima y mi pensamiento no ha sido tomado en cuenta todo el tiempo».
Lisandra proviene del teatro para niños y Un lugar sin ventanas es la primera obra que la revela ante un público adulto, mientras que Rocío, aún estudiante, incursiona con plena madurez en ella, presta a defender su tesis de graduación próximamente.
Yoshiaky confiesa que aunque en su expediente escolar no figuraban dotes artísticas, luego de cursar estudios de chapistería en una escuela de oficios y de cocina posteriormente, se presentó a una prueba de aptitud en la Academia de las Artes Vicentina de La Torre y resultó aceptado. Después, cautivado por la actuación, ha soñado con dirigir y continuar el sendero creativo en el ámbito teatral.

«Me gusta incluir mucha música en mis trabajos teatrales y en Un lugar sin ventanas quise hacerlo de una forma diferente. Por ello, inserté canciones que se cantan a capela, y se añade Barquito de papel, de Joan Manuel Serrat. Por demás, la escenografía es minimalista así como el vestuario, resultado del apoyo familiar y el ingenio de nosotros».
Sobre la relación con Eduardo Eimil, ambos coinciden en la dicha de contar con su amistad y su apoyo profesional. «Eduardo es un amor, además de un gran maestro. Es un gran director de actores, y siempre se ofreció para brindarnos lo que necesitáramos para presentarnos aquí, como ahora lo hacemos», comentó Lisandra.
«Nos une una profunda amistad desde hace años. Yo fui actor suyo en una gran obra que hizo, que me encantó y siempre la voy a recordar, Escuadra hacia la Muerte. Ahí nos conocimos, hicimos muy buena amistad, yo quedé enamorado de su manera, del trato al actor, de su profesionalismo, de su conocimiento, y siempre hemos mantenido contacto. Confío en nosotros y eso nos gratifica inmensamente».
