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¿Alcanza con bajar «un poquito» los precios? (+Infografías)

Concebido como una nueva modalidad de comercio minorista, los mercados de barrio avanzan en el país con descuentos de hasta el 15 por ciento y una red que ya suma casi 50 establecimientos. Mientras unos aplauden la mejoría, otros comprueban que los precios siguen sin ajustarse al salario promedio. Un recorrido por cuatro provincias revela luces, sombras y desafíos de este necesario proyecto en construcción

Autores:

Yahily Hernández Porto
Lilibeth Alfonso Martínez
Dorelys Canivell Canal
Lía Hernández Pagés

Quienes recorren las calles del reparto La Coronela, en el capitalino municipio de La Lisa, podrán advertir a la gente que se agolpa en las afueras de una tienda donde antes se comercializaban uniformes escolares, canastillas y artículos de ferretería. Aunque el establecimiento no rebasa el tamaño habitual de una bodega tradicional, la cantidad y variedad de sus productos sí difiere.

«Me recuerda un poco las tiendas soviéticas», rememora una señora que espera. A su lado, Rafael Ramiz, piloto jubilado, la respalda: «Antes, en este pequeño mercadito vendían piezas y algunas pocas cosas. Ahora se ha superado mucho, y lo mejor es que vende en pesos cubanos, porque no todos tenemos acceso al dólar».

Algunos, como Ricardo Travieso, se muestran satisfechos con los precios, levemente inferiores a los de las micro, pequeñas y medianas empresas(mipymes) del reparto. No obstante, una realidad paralela no escapa a la vista: mientras unos aplauden esa mejoría, no pocos rostros observan con frustración los números del listado, inalcanzables aún.

Ciertamente, allí en el mercado La Sirenita, el valor de los alimentos más buscados es menor en comparación con otras ofertas del entorno, pero no acorde con el salario promedio del cubano. «Al final es lo mismo», comenta una joven cuando confirma el precio del arroz, y desaparece en la distancia con el bolso vacío.

Lo visto hace unos días por Juventud Rebelde es parte de los mercados de barrio, un proyecto naciente como parte de las 176 transformaciones económicas y sociales, que resultan imprescindibles para redimensionarnos, avanzar y que, como toda nueva medida o acción, se traduzca en una mejoría de la vida de nuestro pueblo.

Como ha explicado Betsy Díaz Velázquez, titular del Comercio Interior (Mincin), se trata de una nueva modalidad de comercio minorista que rescata antiguos locales de carnicerías y bodegas estatales, donde ahora la población puede comprar una nomenclatura de productos aprobados, de primera necesidad, con hasta el 15 por ciento de descuento respecto al precio de esos mismos productos en otros establecimientos, gracias a los nuevos incentivos regulados por el propio Ministerio.

Cifras facilitadas a este diario por el Mincin revelan que actualmente se han creado más de 40 mercados de barrio, los cuales funcionan en los territorios de Pinar del Río, Artemisa, La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Ciego de Ávila, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo.

Sin embargo, una interrogante recorre nuestras calles: ¿Será esta la solución más eficiente? ¿Cómo se beneficiarán las personas de menos ingresos? ¿Qué estímulos tienen estos nuevos comerciantes para apegarse a esos precios «más» favorables al público? ¿Alcanza con el descuento que se ha previsto? 

La pregunta del nuevo comercio 

Clientes de Pinar del Río, La Habana, Camagüey y Guantánamo ponderaron la cercanía del servicio a los consumidores y la variedad de surtido como un beneficio de este nuevo mercado, pero coinciden en una preocupación: ¿Se logrará estabilidad? Y esto resulta difícil de predecir porque los precios finales siguen rigiéndose por la dinámica de la oferta y la demanda.

Como explica Yainelin Tamayo Núñez, una de las dependientas del mercado La Sirenita, el local se abastece con productos comprados a precio mayorista en mipymes. Aunque pueden también acceder a empresas estatales importadoras y cooperativas, el valor final siempre dependerá del costo inicial que establezcan esos proveedores. La novedad está, entonces, en el margen de ganancias que sacaría este mercado, que no puede ser arbitrario o especulador, como hacen otros actores económicos privados.

El administrador del recinto, Ariel González Vega, asegura que su contrato establece una tasa de utilidad no mayor al diez por ciento, al menos en una serie de productos muy demandados, cuya lista se difunde en las redes oficiales del Ministerio de Comercio Interior y el Gobierno.

«Por eso los productos resultan más baratos que en otros negocios del barrio: aquí ganamos menos», enfatiza, y describe otras metas igual de priorizadas, como el cumplimiento de varias funciones sociales exigidas a los comercios privados en la actualidad.

«Por ejemplo, los días 19 de cada mes contribuimos con el pago en efectivo de la chequera de jubilados. También donamos semanalmente un módulo de limpieza a los Sistemas de Atención a la Familia, que atiende a la población más vulnerable del municipio», destacó.

Un traje a medida

Mientras en la capital el proyecto muestra signos de progreso, en buena parte del país aún debe seguir ajustándose. Prueba de ello es Camagüey, donde ya suman 21 los contratos firmados con los llamados popularmente «mipymeros» y algunos trabajadores por cuenta propia.

Aunque ningún punto de este tipo ha abierto sus puertas todavía, el avance en Camagüey es notable, asegura Jorge Luis Carvaire Hernández, director de Venta de Mercancías del Grupo de Comercio Interior en territorio agramontino. Lo mejor es que se trata de «un traje a la medida», adaptado a cada municipio.

Y lo asegura porque es en los consejos populares donde se define cómo y cuándo abren los establecimientos, y eligen a su personal, con prioridad para quienes tienen experiencia en la red de comercios minoristas y conocen a sus consumidores. Actualmente, los locales elegidos están en reparación capital. Los municipios de Vertientes y Camagüey son los más avanzados.

En consecuencia, Fidel Alexander Cadalso Fernández, director de la Empresa Municipal de Comercio Interior en Camagüey, espera «un cambio radical y completo» en el funcionamiento de esos centros, lo cual exige remover las mentalidades pasivas y restructurar lo hecho durante décadas en la economía cubana para salir de esa imagen de bodega ociosa y desabastecida.

Entre los directivos, el dolor de cabeza coincide con el de los potenciales clientes: la fluctuación de los precios y la estabilidad de suministros. Para manejar esas variables, el Estado ha propuesto varios incentivos y, gracias a ellos, «la transformación no solo beneficia a los consumidores, sino también a la actividad comercial del territorio integralmente, porque les permite competir con la venta callejera especulativa», como sostiene Armando Humberto Brito Ramírez, comercial de la Unidad Empresarial de Base América Latina.

No obstante, señala previsoramente: «Hay que seguir con detenimiento los vaivenes del mercado nacional para que la novedosa alternativa llegue con precios asequibles a los ciudadanos. Nos queda velar y hacer cumplir estas regulaciones, amparadas en las medidas recientes».

Autoridades del Ministerio de Comercio Interior han explicado que los mercados de barrio están sujetos a los controles establecidos para la actividad comercial: formación de precios, pesa­je, inocuidad de los alimentos, procedencia de las mercancías y disponibilidad de los medios electrónicos de pago, entre otros aspectos. Las violaciones se someten al régimen de contravenciones vigente.

Mientras Camagüey da pasos positivos en la firma de contratos, Pinar del Río se sumó a los preparativos con una prioridad clara: que los nuevos actores influyan en el bienestar del pueblo en su espacio vital más cercano. La experiencia del mercado ya activo en Mantua y los 76 trámites en curso han marcado el ritmo de una provincia que mira con lupa cada propuesta.

En cuanto a la transparencia de las operaciones, Osniel Rodríguez Carpio, director de Comercio en esta provincia occidental, puntualizó que los precios estarán sujetos a inspección estatal sistemática. Los consumidores proponen, además, que se preste mayor atención al criterio popular y opiniones en redes sociales, un canal expedito para alabar o denunciar con civismo el funcionamiento real de estos establecimientos.

Sobre el alcance previsto, Yordan Rodríguez, intendente del municipio cabecera, aseguró que se aspira a que la mayoría de las carnicerías, pescaderías y bodegas se sumen a esta nueva forma de gestión para oxigenar y estabilizar el comercio en la base, sin descuidar la responsabilidad social y la atención a los vulnerables.

Alivio en la cola, pero…

Si bien en Pinar del Río la lupa está en la transparencia, en Guantánamo el termómetro es otro: la posibilidad de pagar sin efectivo. Allí, en el corazón del bulevar de Crombet, el ZunZun se ha convertido en un imán de filas, pero también en un espejo de las limitaciones.

Así, el sol primerizo de esta parte del país descubre las filas de consumidores expectantes organizados en las afueras de ese proyecto de mercado de barrio que presta servicios en el municipio cabecera, lo que significa que todavía no cumple con todos los requisitos para ser considerado como tal, incluyendo la identidad visual y la adecuación de precios para que sean hasta 15 por ciento más bajos que los establecidos en otros negocios.

Daniela Palacios llegó desde bien temprano en espera de comprar, por segunda vez, en el novedoso mercado ubicado en el bulevar de Crombet.  «Los precios son similares a los de la calle —dijo hace unos días—, pero aceptan transferencia sin recargos y eso para una persona que recibe su salario en tarjeta es muy bueno. Por eso es que está tan lleno siempre.

«Lo malo es que, como pasó la semana pasada, me limitaron la cantidad de arroz a pagar en transferencia. Imagínese: qué son dos libras para una familia numerosa. No alcanza ni para dos días. Yo espero poder comprar un poco más hoy, porque con estas colas y con lo lejos que vivo es muy difícil venir con frecuencia».

En esta ocasión la doctora Daniela correrá con mejor suerte, a juzgar por las diez libras de arroz «del bueno y en transferencia» que carga RoelquisFosten, quien asegura que, en lo adelante, «este mercado será mi primera opción, porque sacar dinero en efectivo es casi imposible».

Incluso, siendo solo un proyecto, el local ha sido un alivio en medio de un contexto en el que la mayoría de los comercios privados esquiva las compras por transferencia o las limita, siempre con recargo que puede ser hasta del 40 por ciento sobre el precio original, al menos en la ciudad de Guantánamo.

En el largo trecho por mejorar, alertan los clientes, deben tener en cuenta la necesidad de diversificar ofertas, un horario más holgado, precios con los descuentos prometidos para este tipo de mercados y ampliar la red de venta en un establecimiento que, en sus tiempos de mercado Ideal, tenía hasta cinco puestos de venta.

Rafael Jiménez Martínez, director comercial del Grupo Empresarial de Comercio en Guantánamo, precisó que en la provincia funcionan siete mercados de barrio con todos los requerimientos, asociados a empresas estatales o mipymes y hay otros cinco en proyecto.

Desde Maisí, Diosdanis Reyes confirma que el mercado de barrio de La Máquina «ha sido realmente un alivio, y que con excepción de algunos días sin operar o con problemas con el código QR, funciona prácticamente sin interrupciones desde
finales de julio, casi siempre con arroz, frijoles y azúcar».

El escenario mayor

De un extremo a otro de la Isla, el mapa de los nuevos mercados de barrio dibuja un país que busca respuestas. Pero ninguna puede ignorar el escenario mayor: el recrudecimiento del bloqueo estadounidense contra Cuba, la inflación y el encarecimiento de la vida. Los gobiernos locales son los máximos responsables de que esta medida logre impulsar el bienestar del pueblo, ahora con un marco legislativo más flexible y el personal adecuado al mando.

Entonces, ¿transformar la habitual bodega comunitaria y su canasta protegida en un nuevo mercado de barrio de gestión privada es la solución que los cubanos necesitan? Por sí sola, claro que esta propuesta está lejos de ser una panacea para las dificultades de la mesa de la mayoría de los cubanos. Pero, bien organizada, puede labrar el camino a otros actores económicos a fin de reimpulsar el comercio y, gradualmente, crear mecanismos para cuidar de los más necesitados.

Debe favorecerse también un proceso que garantice que los caminos para llegar al mercado de barrio sean transparentes y favorezcan a los actores económicos que estén en las mejores condiciones y disposición de cumplir con ese encargo.

Solo el tiempo y la concreción de este proyecto en otros territorios revelarán su desenlace. Lo innegable ahora mismo es que cualquier alternativa en esa dirección debe parecerse a Cuba, tener la capacidad de adaptarse a las dificultades y urgencias de nuestros contextos y supeditar los dividendos a las necesidades de su gente. No al revés. 

 

Bien organizado, el mercado de barrio puede labrar el camino a los actores económicos a fin de reimpulsar el comercio y, gradualmente, crear mecanismos para cuidar de los más necesitados. Foto: Roberto Suárez.

 

 

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