Lograr que los estudiantes se inserten con éxito en la sociedad es una prioridad en la escuela capitalina René Vilches. Autor: Naturaleza Secreta Publicado: 08/04/2026 | 08:23 pm
Cada mañana desde bien temprano 65 niños esperan. Las guaguas que los recogen transitan los 15 municipios capitalinos rumbo a la escuela primaria de enseñanza especial René Vilches Rojas, ubicada en el Cerro. Allí son recibidos para aprender en grado superlativo, surcando los desafíos que impone vivir con discapacidad auditiva.
El centro, único de su tipo en la capital, acoge a niños y adolescentes sordos e hipoacúsicos, desde su fundación en 1989. Impulsar el conocimiento, teniendo como principio inviolable el respeto a la vulnerabilidad, es el objetivo de quienes trabajan en la institución y dedican una atención diferenciada a cada estudiante según sus necesidades particulares.
María de los Ángeles Escalona Arias, directora del centro, explica que la escuela acoge a niños que, además de la discapacidad auditiva, tienen otras asociadas, como, por ejemplo, síndrome de Down, autismo y algunas que clasifican como discapacidad intelectual. «Con ellos trabajamos para estimular habilidades específicas que favorezcan su desarrollo hasta la edad adulta», añade.
En el desarrollo pleno
Aunque la escuela funciona con régimen de seminternado, «tenemos un educando interno con la cooperación de otra escuela en el municipio. Nosotros nos encargamos de trasladarlo todos los días, y de capacitar a su familia para garantizar el mayor aprovechamiento educativo del niño», explica Mayelín Leyva Lorenzo, metodóloga provincial que atiende las discapacidades sensoriales.
Nada gratifica más a la profesora Ivet Cárdenas Enríquez que ver a sus alumnos estableciendo un vínculo con la vida laboral. Lograr que los estudiantes se inserten con éxito en la sociedad puede ser difícil, reconoce. Es un desafío, pero, a la vez, un propósito al que no renunciaremos.
Dentro y fuera del aula, «intentamos transmitirles seguridad, sentido de pertenencia por la lengua de señas y, después, los ayudamos a acceder al lenguaje oral, pero, sobre todo, procuramos que aprendan a ser autosuficientes y que, en este país, sus sueños puedan encontrar un camino», explica.
«He tenido alumnos que ya son licenciados», dice con un orgullo que su mirada revela, y alcanza a recordar a varios de sus niños que ya hoy son licenciados en Cultura Física, que estudian Psicología, Informática e, incluso, habla de Gladys Karla Lorenzo Ortega, a la que le impartió clases y ahora es su colega de labores».
La propia Gladys dibuja en un buró junto a una pequeña acompañante. Ella es una de las maestras que componen el claustro del centro. Con apenas 29 años, dedica su vida a multiplicar los saberes que, en su momento, recibió en el centro. Posee una discapacidad auditiva.
«Mi diagnóstico es sordera profunda», explicó con gestos que fueron traducidos por la profesora Ivet, quien ha tenido la suerte de acompañarla durante 25 años.
«Al terminar la etapa escolar me quedé laborando en un taller de manualidades que antiguamente tenía la escuela», asegura. Ella sabe hacer de todo con sus manos. Hace un año hizo el curso de audición pedagógica y, según explica animada, «actualmente trabajo con el primer grado».
Un amasijo de voluntades
Entre historias de superación y experiencias diversas, pero, a la vez, humanamente conmovedoras, a veces las lecciones vienen del esfuerzo conjunto entre estudiantes y profesores.
Ahora que el recrudecimiento del bloqueo y las limitaciones de recursos se han agudizado, explica Leyva Lorenzo, la voluntad del Estado facilita el desarrollo pleno de las personas que viven en situación de discapacidad. «Así, a estas escuelas de enseñanza especial se les ha garantizado todo lo necesario para mantener su correcto funcionamiento».
Los niños y niñas se han convertido en un ejemplo de resiliencia y lucidez, pues con las herramientas adecuadas y un enfoque educativo humanista son capaces de entender las limitaciones que atraviesa el país y sus principales causas, pero también son preparados para enfrentar la situación con una actitud positiva.
La comunicación entre escuela, comunidad y familia forma parte esencial de esta red de apoyo. La directora del centro, según reconoce, mantiene un grupo de WhatsApp con los padres, donde se organizan los recorridos de las rutas escolares y se dan las orientaciones de última hora.
Más allá de lo logístico, las familias reciben capacitación constante, con programas que incluyen cursos de Lengua de Señas Cubana, impartidos por especialistas del Centro Nacional de Desarrollo y Superación del Sordo.
La institucionalización de este trabajo alcanza un hito con el Decreto Ley de la Lengua de Señas Cubana. «Para ellos, la lengua de señas es su primera lengua; para nosotros es la segunda», reflexiona la Metodóloga, quien ve en esta norma una garantía para hablar de verdadera inclusión en la sociedad cubana actual.
Con ese respaldo legal se multiplican las iniciativas formativas, no solo para las familias, sino también para organismos como la propia Dirección Provincial de Educación, que ya ha solicitado cursos para todas sus sedes.
Y a esta reportera no les queda duda de que, entre la preparación minuciosa, el amor de las familias, la inteligencia de los niños y la voluntad de hacer más inclusiva la sociedad, la escuela primaria René Vilches Rojas se consagra como testimonio de que, a pesar de todo, el futuro de «los que saben querer» sigue siendo prioridad dentro de este Archipiélago de sueños y realidades.
