Acuse de recibo
Los lectores que llegan aquí con quejas, suelen ser más persistentes en sus reclamos que muchos de los que deben atender y responder sus planteamientos. El pasado 23 de agosto, desde el reparto Capiro en Santa Clara, Juan Vila Pentón denunció que ese consejo popular es de los que más sufren la escasez de agua en esa ciudad. Hacía más de dos meses que la Empresa de Acueducto y Alcantarillado no garantizaba agua en la zona Capiro Alto. Y sufrían esa escasez niños pequeños, ancianos encamados y otras personas vulnerables, además de haber salideros en las zonas bajas que impedían llevar el líquido.
«Con dolor, añadía, vemos pasar pipas llenas de agua hacia casas de vecinos que pueden pagar el precio que les piden para llenar sus cisternas y tanques». Y que tesos hechos han provocado desespero y desconfianza entre quienes cargan el agua desde lejos de sus casas, por la contaminación de los pocos pozos que hay en la zona y la inexistencia en algunas cuadras de alcantarillado.
También, revelaba, hay quien ha empleado los pocos ahorros que tiene en hacer pozos con perforadores particulares a riesgo de pinchar cualquier tubería que exista en la zona de perforación, y de que el agua del futuro pozo nazca contaminada.
No estoy de espaldas a los momentos que pasa mi querida Cuba con el combustible y otros problemas, decía. Y reconocía el gran esfuerzo de los trabajadores de Acueducto y Alcantarillado y de Recursos Hidráulicos en general.
Pero preguntaba: «¿No habrá combustible para que, al menos una vez por semana, una pipa de agua abastezca a los vecinos de las zonas más afectadas? ¿De dónde salen el combustible y el agua de las pipas (algunas de las cuales son estatales, al igual que las tomas de agua o tomas de pipas) que abastecen las casas de los vecinos que pueden pagar el precio que les piden?
«¿Habrá alguna manera de suprimir los salideros, al menos los más grandes, por los encargados de estas funciones? ¿Será tan difícil comunicar por los canales oficiales la planificación del abasto de agua, como hace algunos meses se hacía? ¿Estaremos ante la falta de control que existe en algunas esferas de nuestra sociedad?», concluía
Este 28 de agosto Juan volvió a escribirme: «No sé si fue por mi queja, dice, pero ya el abasto de agua llegó a algunas zonas de Capiro alto. Al menos a mi casa llegó. Pero me siguen preocupando la cantidad de salideros grandes y pequeños por el desperdicio de agua potable y de productos químicos para potabilizarla, el malgasto de combustible para que llegue el líquido a lugares altos; las posibilidades de incremento de criaderos de mosquitos y de enfermedades transmitidas por ellos. Y la insatisfacción, inseguridad y falta de confianza en instituciones estatales de las personas a las que no les llega el agua potable», termina.
El pasado 15 de agosto, Dennis Rodríguez Pupo, profesor del Instituto Marítimo Pesquero Andrés González Lines, de la ciudad granmense de Manzanillo, denunció que cada mes allí el retraso del pago del salario se ha vuelto cotidiano. Pero, en esta ocasión se habían pasado de la raya.
«Los trabajadores de la sede de Manzanillo, decía, no cobran salario desde junio. Y para completar, el reclamo de las llamadas inejecuciones sigue también sin respuesta desde principios de este año».
Indicaba que de ese tipo de institución docente solo hay dos en el país: la de la capital y la de Manzanillo. Se rigen por regulaciones del Ministerio de Educación, pero administrativamente las atiende la sede que está en La Habana, perteneciente a la Industria Pesquera.
«Estoy consciente del problema del combustible y la electricidad, decía. Lo sufro en carne propia hace cinco años, pero los centros de trabajo encuentran una solución para el pago del salario de sus trabajadores. Me pregunto: Aunque haya problemas de conexión, existen diversas vías para mantener informados a los trabajadores. ¿Por qué no se nos explican las razones de la demora de tres meses sin salario», concluía?
Y Dennis volvió a escribir el pasado 26 de agosto: «Aún hoy ninguna de las autoridades implicadas en la queja se ha comunicado conmigo. Y peor aún: a esta fecha no se ha depositado en nuestras tarjetas el salario correspondiente a los meses de julio y agosto.
«La sección sindical de la escuela tampoco se ha pronunciado sobre la violación de los derechos del trabajador. Ya casi comienza el curso y nos exigen que asistamos a la escuela y comencemos a prepararnos para el nuevo curso. ¿Pero a quien le preocupa nuestro salario? ¿O será que esta institución no respeta las leyes de este país?», concluye.
Las correspondientes entidades aludidas debían ver en estos dos persistentes reclamos una oportunidad para dar sendas respuestas convincentes en palabras y en hechos.
Nota: Para que lleguen sus quejas o planteamientos a esta sección, usted deberá enviarlos a los correos lectores@juventudrebelde.cu y pepe@juventudrebelde.cu sin olvidar su nombre y apellidos y la dirección particular donde reside.