Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Noticias paridas con mala fe

Autor:

Osviel Castro Medel

Lo supe por una vecina. Según ella, lo había oído en una cola, en pleno mercado. «Dicen que van a prohibir la venta de carne de cerdo y pollo a los cuentapropistas», me soltó sin preámbulos, como quien da una mala noticia y la disfruta.

No le creí. Pero días después vi que el rumor había tomado alas, se había convertido en águila, picadora de oídos. Incluso, uno de los vendedores del lugar vociferaba: «Aprovecha, que estas son las últimas de nosotros aquí».

Al final hubo un desmentido oficial por las redes sociales, el «susto» pasó, pero ya la mentira había tomado vuelo y cuando eso sucede resulta muy difícil que la verdad pueda llegar primero a la meta, como diríamos en el argot deportivo.

La vida nos ha demostrado, con muchos otros ejemplos, que es complicadísimo desmentir lo que ya se instaló en la cabeza, porque los rumores tienden a enquistarse, a echar raíces y hasta flores.

Recuerdo que hace unos meses una publicación en Facebook brindaba detalles sobre un toque de queda nacional, con multas de hasta 8 000 pesos y restricciones nocturnas de todo tipo. No fueron pocos los que creyeron en el embuste.

Tiempo después cobró cuerpo y cintura una «noticia» sobre la prohibición de la movilidad a más de 50 kilómetros del lugar de residencia y una consiguiente exigencia de un permiso especial para salir. Entonces una conocida lo compartió en su perfil y cuando le pregunté si en realidad creía eso me respondió que «cualquier cosa puede ser».

Hay otros casos: la falsa entrevista al pelotero Frederich Cepeda, que el periodista Pavel Otero denunció en Facebook; el «decreto» que limitaba a tres horas el acceso a internet; el aumento exagerado del precio del pasaporte a los cubanos residentes en el exterior y la prueba nacional de resistencia, supuestamente expedida por la Unión Eléctrica, que informaba sobre apagones aún mayores que los actuales.

Para rematar podríamos evocar el triste suceso de diciembre de 2025, cuando cientos de personas se precipitaron a hacer colas en las afueras de varios hoteles del país para recibir una donación de 1 100 dólares, después de que una invención, nacida desde España por un ciudadano lanzador de otros bulos, hiciera diana en gente nuestra.

Todos estos engaños tienen un mismo mecanismo: una necesidad real, una promesa falsa y la certeza de que una población que lleva años soportando la estrechez de la vida cotidiana, resulta un campo abonado para cualquier falacia, por absurda que parezca.

¿Quién fabrica estos infundios? No lo sé. Pero sí sé que no nacen de la casualidad o las buenas intenciones; y que, por cada brecha informativa, por cada explicación tardía, pueden colarse incontables gérmenes de intoxicación, manipulación, alteración y mentiras del tamaño de un camión.

Y por supuesto que estas desinformaciones no inocentes están diseñadas para socavar las instituciones, fragmentar la cohesión social y, sobre todo, inducir un estado de desesperanza que lleve a la inmovilidad.

Cuba tiene inmensos problemas, desde los agobiantes apagones hasta una burocracia que a veces asfixia. Pero hay una diferencia profunda entre señalar esas dificultades para buscar resolverlas y el hecho de usarlas como anzuelos para pescar desesperanza.

El antídoto no está en la censura ni en la paranoia, sino en el acto de pensar antes de lanzarse a ciegas a ese mar de falsedades. Definitivamente, es mejor no ahogarse.

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