Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

¿Por qué firmamos?

Autor:

Raciel Guanche Ledesma

No se trata de una postura unidireccional ni de «complacer» honores. No son tiempos de complacencias los que vivimos ni necesitamos. Estos momentos nos piden desde la razón un solo camino: actuar con la mayor coherencia posible. Firmar por la Patria, un hecho de profundo significado ahora mismo, sobrepasa algún sentir político o una actitud partidista.

¿Es un proceso ideológico? Claro, no tengamos ningún temor a decirlo. Porque la ideología se expresa en tantos matices y formas que, firmar por Cuba, su paz cotidiana y contra las amenazas de guerras, también se vuelve una actitud de incalculables principios humanistas.

Los dardos mediáticos de siempre, esos que intentan agujerear cualquier proceso legítimo que implique al pueblo y su masivo involucramiento, han apuntado desde el mismo comienzo del movimiento Mi firma por la Patria al descrédito y la deslegitimación bajo cualquier absurdo pretexto.  

No sorprende esa manera de actuar. La historia está llena de ejemplos prácticos que transgreden hasta las lógicas de sus posturas. Aunque la lista puede llegar a ser bien extensa, en años recientes lo hemos visto, por ejemplo, cuando se llevó a cabo la votación popular de nuestra Constitución de la República en 2019, o cuando estuvo en la palestra el referendo por el Código de las Familias. En ambos casos movieron y promovieron hasta lo impensable buscando quebrar un sentimiento de respaldo mayoritario.

Ahora los desdichados que viven del rancio oportunismo se oponen a una firma que, en su esencia, no persigue otro fin que la paz y el derecho a preservar nuestra soberanía. ¿No son acaso esas dos razones un acto de profundo patriotismo?

A nadie le quedan dudas; excepto a ellos, que hinchan sus ínfulas virtuales promoviendo el más mísero argumento y apropiándose del mismo discurso de quienes nos mantienen cercados por cualquier vía y frotan sus manos manchadas —a escasas millas— instigando una «jugada maestra» que incluya la variable militar.

Quienes demandan detrás de un perfil en redes sociales que no se rubrique por la paz son los mismos que piden a gritos «tiren toneladas de bombas» a una ciudad, a su gente, sus instituciones. Son los mismos que llevan meses solicitando que, por la vía del intervencionismo, el Gobierno de Estados Unidos culmine lo que inició en Venezuela el pasado 3 de enero y continuó —mal calculado y subestimado— en Irán.

Esa y no otra cosa persiguen y alientan: las ansias de subvertirnos a través del plomo en ruinas. Todo lo que genere consenso a lo interno de esta Isla les causa pavor, incomodidad, desespero. Temen a esa palabra de esencia unitaria, al respaldo popular y a las decisiones soberanas.

Firmar por la suerte actual y futura de Cuba, que es también la de la familia, nuestros niños, jóvenes y abuelos, resulta un acto efímero, pero de un peso simbólico contundente. Es la forma que tenemos los que habitamos esta tierra de plasmar una parte esencial de nuestros sueños y esperanzas.

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