Como en contiendas anteriores, en esta jornada electoral de medio término se pondrán en disputa intereres y poderes de republicanos y demócratas. Autor: La Crónica Publicado: 31/10/2026 | 11:14 pm
«Trump se ha convertido en una maldición para los candidatos republicanos», lo dijo a pocos días de las elecciones de medio término la ex representante republicana por Georgia Marjorie Taylor Green, quien, a medida que avanzaba el segundo mandato de Donald Trump, se fue transformando de una de sus más estrechas aliadas en las políticas de extrema derecha —una auténtica seguidora de Make America Great Again—, en una de las críticas más tenaces del mandatario.
La génesis de la animadversión está encerrada en esta declaración que hizo a la cadena ABC: «El presidente me llamó traidora porque apoyé a las víctimas de Jeffrey Epstein...» —se refería al multimillonario delincuente sexual, socio fuerte de Trump. Epstein murió «suicidado» en la cárcel poco después de ser condenado por sus negocios de tráfico sexual de mujeres y niñas, de las cuales 1 200 fueron oficialmente identificadas.
«Fue un giro significativo. Estaba molesto, enojado conmigo y me gritaba», dijo Greene sobre sus desencuentros con Trump. «Defendí la transparencia. Defendí a las víctimas. Defendí a mujeres que fueron violadas cuando eran adolescentes y que han querido que se divulguen sus expedientes. Han buscado justicia y han luchado muy duro por ella».
Mas no fue Greene la única voz en las filas republicanas en enfrentarlo, también lo hicieron Thomas Massie, Lauren Boebert y Nancy Mace, quienes se unieron en este caso a los demócratas del Congreso.
Sin embargo, no es solo el caso Epstein la desventaja que llevan los republicanos a costa de su Presidente. La fundamental desaprobación entre la ciudadanía llega por la prolongación de una guerra que nació rechazada y vio crecer el descontento cuando la promesa de que el enfrentamiento bélico israelo-estadounidense contra Irán sólo duraría unas cuatro semanas cuando más, y terminaría en contundente victoria sobre la República Islámica; pero ya llegó a los ocho meses y continúa con el agravante de que Teherán utilizó como arma defensiva el cierre del Estrecho de Ormuz, paso de más del 25 por ciento del trasiego comercial del mundo, especialmente de los hidrocarburos y los fertilizantes, con las consecuencias negativas en la economía del orbe como principal daño colateral, incluido el bolsillo de los estadounidenses comunes y votantes.
Por supuesto, hay más en el desencanto: la actuación altamente represiva y violenta de las agencias que están imponiendo una política migratoria xenófoba y racista, en la cual el asesinato de varios activistas a manos del ICE y de inmigrantes bajo su custodia ponen en entredicho las maravillas del sueño americano, a lo que se suman ataques a medios y periodistas que se han atrevido a criticar al mandatario, y las acciones para, con artimañas desde el poder ejecutivo, inclinar la balanza de las urnas a favor de los republicanos, en un atentado a la democracia estadounidense y a la Constitución, entre otras políticas o medidas impopulares o de corrupción de la política.
Hasta los augurios más conservadores sobre los resultados posibles del próximo martes dicen que las variadas encuestas sobre el tema y sobre la desaprobación de Trump «tendrían que estar muy equivocadas» para que los republicanos lograran retener la Cámara de Representantes; las más resueltas hablan de una debacle total de los republicanos desde semanas antes de las elecciones de mitad de mandato de este 2026.
De seguro, en los predios republicanos miraron con preocupación cómo en las primarias de los demócratas, con participación más alta que lo habitual, obtuvieron las candidaturas algunos políticos jóvenes provenientes de los llamados demócratas socialistas o del progresismo, voces nuevas con discursos más apegados a problemas acuciantes de los ciudadanos comunes.
La percepción debe haber empeorado con las cifras récords de votación anticipada que, según los análisis especializados, ha ido tiñendo de azul el mapa electoral estadounidense, lo cual parece anunciar que la Cámara de Representante caerá en la canasta demócrata, y pone interrogantes al Senado, cuando estados del elefante rojo, como Texas, Kansas, Ohio, Iowa y hasta Alaska, pudieran decolorarse a favor del partido representado por el burro, y si se hace una alegoría, este cuadrúpedo remonta mejor las cuestas al caminar en diagonal o zigzag en lugar de subir de frente.
A una semana de la votación final, el promedio de las encuestas reflejadas en el llamado Decision Desk HQ pronosticaba que los demócratas obtendrían 235 escaños en la Cámara de Representantes, 17 más que los 218 necesarios para alcanzar la mayoría. Presagio nefasto para Trump, quien tiene claro que sus rivales partidistas están ansiosos de ponerlo en la picota del impeachment o juicio político, lo que intentaron sin éxito un par de ocasiones durante su primera estancia en la Casa Blanca. Y dicen que a la tercera va la vencida.
Los demócratas van por más, también quieren tener la mayoría de 51 escaños en el Senado, y aspiran a que las gobernaciones se tiñan también de azul. De obtenerlo, tendrían mucho que agradecer a la política de Donald Trump, quien le está haciendo un flaco favor a sus correligionarios.
Este martes 3 de noviembre los del GOP (el viejo gran partido republicano) probablemente vean feas sus oportunidades, no solo en la Cámara y el Senado, probablemente también pierdan gobernaciones de estados. Y el pronóstico de Greene, quien la disputa con el Presidente la llevó a renunciar a su cargo, llega más lejos: «Trump se ha convertido en una maldición para los candidatos republicanos, y la situación será peor en 2028», cuando esté en juego el sillón del Despacho Oval de la Casa Blanca, que Donald Trump no quisiera dejar vacío aunque para ello tuviera que cambiar la Constitución o pasar por encima de ella.
La situación se tornó difícil para los republicanos; y de perder la actual ventaja, Trump será el culpable de cada uno de los fracasos en las urnas, aunque utilice una de sus frases menospreciativas: «me importa un bledo». Sí que le importa y le duele en su voluminoso ego, pero una mentira más no tiene la menor importancia.
