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Renovables bondades

Son obras colosales, milimétricas, pero indispensables para sostener un gigante que consume diario un promedio de electricidad que ronda los 284 000 millones de kWh

Autor:

Raciel Guanche Ledesma

BEIJING, China—. Desde las alturas, a unos ocho kilómetros entre las nubes y el suelo, los rayos del sol parecen finas espadas que impactan vertical sobre cristalinos escudos. Es una batalla de bondades la que dan la luz natural y la ingeniería del hombre, un espectáculo visual que se repite a lo largo y ancho de China, lo mismo en montes y veredas que en las cosmopolitas ciudades.

Todo se aprovecha para transformarlo en energía limpia: el aire, el agua, el suelo, la luz. Todo. De los áridos relieves se empinan gigantes torres con aspas que puedes multiplicar, perfectamente, por cientos de miles. Desde la altura, en pleno descenso para aterrizar en Beijing, te topas, incluso, con la constricción «atrevida» de un lago artificial en la cima de una montaña. El talento humano puso a mover allí, en el Monte Mang, una hidroeléctrica que aprovecha en cascada la furia del agua.

Son obras colosales, milimétricas, pero indispensables para sostener un gigante que consume diario un promedio de electricidad que ronda los 284 000 millones de kWh. Existen ciudades como Dunhuang (única en China) donde toda la energía que generan proviene de fuentes renovables. Del desierto parte este logro, sin tener que explotar siquiera un solo yacimiento de recursos críticos. No es necesario hacerlo; basta la luz natural para irradiar permanente en la vida de los lugareños.

Quizá piense usted que exagero en estas líneas, pero no. En las arenas de Gobi se encuentra la mayor planta de generación termosolar de toda Asia y Oceanía. Es un punto radiante en el desierto cuando la observas desde lo alto, y, a su vez, una circunferencia kilométrica cuando la recorres a pleno día.

Caminas hasta el cansancio entre miles de espejos brillantes que apuntan directamente hacia una empinada torre, donde se concentra la energía solar térmica y luego se almacena en sales fundidas. El proceso, que incluye el bombeo de la sal caliente hacia un generador de vapor que transfiere su calor al agua, convirtiéndola en vapor de alta presión, impulsa una turbina para producir de forma estable e ininterrumpida cien MW de electricidad.

Foto: Raciel Guanche Ledesma

Es un mecanismo preciso como reloj suizo, que no detiene su producción y habla de la vanguardia que es China en la generación de fuentes renovables. En las calles casi todo pareciera sostenerse energéticamente de forma autónoma: semáforos, luces públicas, cámaras de vigilancia o estaciones de carga para autos.

Cada vez se encuentran menos gasolineras y más solineras en Beijing para los cerca de 1.3 millones de autos eléctricos que circulan hoy en la capital. Lo sorprendente del Gigante Asiático es que esta veloz transformación la hacen a la par que ayudan a otras naciones como Cuba a llevar adelante una verdadera revolución de energías limpias.

Un avezado profesor de la Universidad de Beijing les recordaba recientemente a varios periodistas latinoamericanos que la Mayor de las Antillas había logrado en 2025 uno de los crecimientos más notables y rápidos en materia de transformación energética, en parte gracias también a la ayuda decisiva brindada por China. Y claro, la soberanía energética para Cuba, como en estas lejanas tierras, es una cosa seria, decisiva, impostergable; porque hay recursos de los que nadie podrá privarnos jamás, y mucho menos bloquearnos.

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