Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Una pugna homérica en tierras groenlandesas

Tras la solicitud de explotación petrolera de la Greenland Energy Company, se esconde un anhelo de dominación de los recursos naturales y geológicos de Groenlandia

Autor:

Amado René Del Pino Estenoz

Durante esta temporada veraniega en que la comunidad de cinéfilos ha abarrotado las salas de cine para ver la versión cinematográfica de La Odisea de Christopher Nolan, podría remitirnos al célebre episodio del Caballo de Troya un reciente manejo de Greenland Energy Company en tierras groenlandesas. En efecto, el pasado 30 de julio se dio a conocer el traslado de maquinarias de exploración petrolera de la compañía texana, con vistas a operar en la región este de la isla ártica. Esta noticia causó conmoción tanto para las autoridades de Nuuk como para la ciudadanía groenlandesa, que no disocian este hecho de la retórica diplomática de Washington de tomar el control del mayor territorio insular del planeta.

Como casi todas las acciones que ha emprendido la administración Trump, Greenland Energy Company no esconde su interés de explotar el territorio de Nunap Qeqqa —también conocido como Jameson Land— cuyas reservas petroleras fueron estimadas en 2,3 millardos de barriles de petróleo por el Instituto Geológico de Dinamarca y Groenlandia. Aunque este proyecto generaría ganancias de cientos de millardos de dólares según la cotización actual del crudo, los habitantes de Ittoqqortoormiit, la ciudad más próxima al territorio en cuestión, están radicalmente en contra de la explotación de hidrocarburos por el impacto medioambiental y la afectación a la fauna marina —de la que dependen muchos pescadores locales para su subsistencia— que generaría esta actividad extractiva.

Resultaba harto conocido para Greenland Energy Company que las autoridades groenlandesas —cuyo estatus de autonomía reconocido por Copenhague incluye lo concerniente a la explotación de sus recursos naturales— había declarado en 2021 una moratoria para la exploración y extracción de hidrocarburos. A esto se suma que Nunap Qeqqa está sujeta a la protección de sus zonas de mayor riqueza de biodiversidad en virtud de la Convención de Ramsar para las zonas húmedas, instrumento jurídico internacional refrendado por la UNESCO en 1975 que cuenta con 170 naciones signatarias, incluyendo Dinamarca y Estados Unidos.

Para no desencadenar una tormenta diplomática, Greenland Energy Company ha optado por almacenar el material destinado para la explotación petrolera en el hangar del aeropuerto de Nerlerit Inaat, muy próximo a Ittoqqortoormiit. Mientras tanto, la compañía texana ha procurado calmar a sus accionistas, con la promesa de emprender la exploración de hidrocarburos a finales de año, posibilidad que ha desestimado el ministro de Asuntos Extranjeros de Groenlandia Mute Egede.

Aunque los principales inversionistas Greenland Energy Company han querido distanciarse de las apetencias nada disimuladas de Washington de apoderarse del territorio groenlandés, algunos de sus miembros poseen un vínculo directo con la administración de Trump, entre ellos Phil McGraw, nombrado recientemente por el líder del movimiento MAGA como miembro de la comisión presidencial para las libertades religiosas, y Carol Craig, antiguo soldado de la marina estadounidense que forma parte del plan de defensa antimisiles Golden Dome, para cuyos objetivos resulta decisiva la apropiación de la isla ártica.

Aun cuando Washington aparentó ofrecerles garantías a sus aliados en la OTAN y en la Unión Europea de no interferir con el régimen autónomo groenlandés, las recientes acciones de la administración Trump no dan margen de sosiego para Bruselas. Por lo visto la diplomacia estadounidense está dispuesta a volar por los aires cualquier acuerdo militar o comercial con sus pares europeos, con vista a materializar sus apetitos expansionistas.

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