La exposición Crisis de Fe permanecerá abierta al público hasta febrero de 2027. Autor: Cartel del evento Publicado: 15/10/2026 | 10:09 pm
«Las constantes crisis sociales y económicas que sacuden al mundo contemporáneo han disuelto estructuras que antes parecían inquebrantables. El individuo se ve inmerso en una sociedad líquida, donde nada permanece. En ese vacío germina una crisis que no es solo material, sino espiritual, una crisis de fe en el mundo, en los otros y, sobre todo, en sí mismo».
Con estas palabras, la curadora Claudia Silva Hernández incita a repensar el mundo desde una mirada que, aunque catastrofista pudiera parecer, puede conducirnos hacia un camino de luz.
Crisis de fe es el título de la exposición colectiva que quedará inaugurada el próximo 20 de octubre a las 11 de la mañana en el Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana. Nace con el ánimo de explorar las problemáticas sociales e individuales que se manifiestan en las sociedades en crisis a partir de piezas de la década del noventa del siglo XX e inicios de los 2000 que pertenecen a la colección del Museo de Cerámica Contemporánea de Cuba.
Piezas de Alexis Acanda, Edel Arencibia, Osmany Betancourt, Alain Ferrero, Omar García, José Ramón González, Gilberto Gutiérrez, Luis Grasso (Zulimo), Roberto Jiménez, Ángel Rogelio Oliva, Jorge Ernesto Oliva, Oscar Rodríguez Lasseria, Teresa Sánchez, Joel Serrano y José Vázquez Xene compartirán un espacio único, y la gran mayoría serán mostradas luego de permanecer mucho tiempo almacenadas.
«Escogimos para la imagen de la postal de la invitación un fragmento de la pieza que titula la muestra, del ceramista Ángel Rogelio Oliva, a quien también queríamos hacerle un homenaje por la importancia que tuvo para la historia de la manifestación en nuestro país.
«Puede apreciarse que en el interior de una caldera hay un poco de tierra fragmentada y una figura un poco cadavérica que no logramos identificar bien si es una figura humana o mitológica, pues posee alas como ángel, y cuya cabeza está separada del cuerpo.
«Verán en la exposición que la pieza está acompañada de una serie de losas que aluden a algunas de las más famosas ideologías como el cristianismo y el judaísmo, con el ánimo de reflexionar sobre esta crisis de fe, esta pérdida de la esperanza en estructuras que quizás antes eran sólidas y ahora se perciben inestables».
La muestra —disponible al público hasta el venidero febrero— incluye piezas de Manny Betancourt, Edelar Encivia, José Vázquez Cene, Lessie Jacanda, quienes tienen como punto en común que trabajaron sobre todo en la década del 90 en la cerámica cubana.
«Todas las piezas se mostraron en algún momento en bienales de cerámica anteriores o en exposiciones personales de los artistas, pero unas pocas forman parte del perfil permanente de la institución, mientras que el resto han permanecido guardadas mucho tiempo, así que es una oportunidad para verlas.

«Tuve la idea de este proyecto principalmente para homenajear a Ángel Rogelio Oliva porque tenía un interés personal hacia su obra y específicamente hacia la pieza de la cual tomamos un fragmento para la postal.
«Durante el desarrollo de una investigación personal sobre la cerámica artística, hallé una serie de elementos comunes, sobre todo a nivel temático, con piezas de otros artistas, y fue lo que me motivó a organizar esta exposición.
«El proceso de selección realmente fue complejo desde el punto de vista temático, porque, aunque localizamos que todas tenían un sentido común al expresar de alguna manera esta crisis de fe, esta idea de la incertidumbre, pues no queríamos que fuera una muestra más sobre el período especial, sino utilizarla como un espejo para reflexionar sobre problemas de la cotidianidad actual, y no sólo en Cuba, sino también en el mundo.
«Fue inmenso el reto, porque debí seleccionar piezas que tuvieran una temática de alcance global, con el objetivo de establecer estos puentes entre el pasado y el presente, y también entre lo global y lo nacional.

«Crisis migratorias, precariedad, pérdida de valores, ansiedad colectiva y desesperanza son experiencias que traspasan fronteras temporales y geográficas. La exposición propone entonces una relectura de las piezas desde una perspectiva que trasciende lo documental y evidencia que, aunque los contextos cambian, el conflicto humano ante el colapso es universal.
«El montaje fue también un gran desafío porque luego de seleccionar las piezas, hay que concebirlas en el espacio. En este caso fue un poco complejo porque la mayoría de las piezas son de pequeño formato, y son muy agresivas visualmente. Se trata de piezas bastante grotescas, oscuras, y aunque queremos dialogar sobre la desesperanza y la ausencia o crisis de la fe, no queríamos que quedara como una muestra totalmente oscura. Nos empeñamos entonces en establecer una dinámica entre las piezas, alternando entre aquellas que tuvieran un color más vivo con otras de mayor formato.
«Guiamos al espectador porque al entrar a la sala, hay una pieza precisamente en la pared, que es la que indica todo el recorrido de izquierda a derecha».
—¿El público se marchará con un sabor amargo y con los hombros caídos?
—Esperemos que no. Si bien la muestra busca transmitir todo este estado de caos, de incertidumbre, también tiene alguna que otra pieza que deja ver una especie de esperanza, un tipo de luz al final del túnel. Por supuesto, como siempre sucede en el arte, queda al espectador también interpretarlo o no por esa vía, pero creo que sí puede tener un mensaje que, si bien se centra en la crisis, pues va más allá y permite establecer otras lecturas, tener otras ideas, incluso esperanza.
