Camilo sigue multiplicado en su pueblo. Autor: Archivo de JR Publicado: 27/10/2026 | 09:39 pm
Justo a las 6:01 de la tarde del 28 de octubre de 1959, el Cessna 310 rojo y blanco, identificado con las siglas FAR 53, en el que viajaba el Jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde, Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán, se impulsó en la pista y alzó vuelo.
A golpe de audacia y coraje, sin disparar un tiro había detenido la intentona traidora del jefe del regimiento militar de Camagüey, Hubert Matos, y cumpliendo las órdenes de Fidel, había tomado el mando de la provincia.
Tal vez a esa hora, mientras el aparato se alzaba en el aire, el jefe guerrillero, de tan solo 27 años, repasaba en su mente que había llegado a la ciudad, temprano en la mañana del 21 de octubre y con el mismo empuje de El Uvero, Yaguajay, la columna 2 Antonio Maceo o la toma de Columbia, había conseguido dominar la situación en el cuartel Agramonte.
Un rato más tarde, durante un acto de masas en la propia fortaleza, le agradecería al pueblo su presencia en el cuartel. «(…) Hombres habrá traidores, pero pueblos no y menos Camagüey (…)», escribiría luego en emotiva carta a los habitantes de esa tierra, que publicaría el periódico Adelante.
Tal vez mientras el pequeño aparato se impulsaba rumbo a la capital, el jefe guerrillero revivía que el día 25, luego de reorganizar el ejército y efectuar cambios en el gobierno de la provincia, volvió a La Habana y justo al mediodía de ese 28 de octubre, dispuesto a precisar detalles, había retornado al Camagüey, en el avión que tripulaba el piloto Luciano Fariñas y acompañado de su escolta, Félix Rodríguez.
Unas dos horas de vuelo como promedio requería la aeronave para completar su viaje de regreso, aunque llevaba gasolina para tres. Por eso en la terminal aérea militar de Ciudad Libertad, el Capitán Manuel Espinosa (Cabeza), ayudante personal de Camilo, comenzaba a impacientarse.
La noche se extendía sobre la Isla cuando la noticia cobró cuerpo en la oscuridad: de manera inesperada, desconcertante, el Comandante Camilo Cienfuegos había desaparecido.
Apenas lo supo, el Comandante en Jefe Fidel Castro no solo dio las órdenes necesarias para emprender una minuciosa exploración por aire, mar y tierra, sino que se trasladó hasta Camagüey, y desde allí dirigió personalmente la incansable labor para localizar el paradero del Héroe de Yaguajay.
Dos semanas cuentan que duró la búsqueda, a la que se unió, entre la angustia y la esperanza, el pueblo conmovido por el carisma y la entereza del combatiente con olfato especial para descubrir el peligro y guiar a la tropa, el primero en lanzarse contra el enemigo y combatirlo, al decir del Che; el muchacho jovial, que días antes en un juego de béisbol donde se había anunciado como el lanzador abridor del equipo contrario, llegó y dijo: «…contra Fidel, ni en la pelota…»; el de los bolsillos siempre llenos de papelitos y cartas que le entregaba la gente humilde, porque les respondía.
Con la angustia del amigo desesperado, dirigió Fidel aquella operación en la que puso todos los medios a su alcance. Todos ayudaron: pescadores, pilotos, campesinos. No hubo ni un minuto de descanso.
El 12 de noviembre, sin ningún hallazgo y ante la certeza de que ya no había más nada que hacer, en una de las alocuciones más difíciles de su vida, Fidel explicó al pueblo de un accidente como la más posible causa de la increíble tragedia. Consternado, aseguraría que el ejemplo del revolucionario de sonrisa amplia y sombrero alón, del combatiente cabal, seguiría presente en quienes se inspiran en él.
«En el pueblo hay muchos Camilo», dijo emocionado y pidió a los cubanos «(…) que cada vez que la Patria se encuentre en una situación difícil, en un momento de peligro, (…) se acuerden de Camilo, (…) de lo que hizo, de cómo nunca perdió la fe en los instantes más difíciles y cómo supo hacer grandes proezas».
Desde hace 67 años es Camilo un héroe con tamaño de Isla, encontrado en el pueblo, que le devuelve cada octubre el cariño que supo sembrar en flores lanzadas a los mares y ríos de la patria. Allí las recibe con la más mejor de sus sonrisas, a la vanguardia de todos los cubanos.
