El crimen de Barbados dejó una huella de dolor que todavía se mantiene en el pueblo de Cuba. Autor: Archivo de JR Publicado: 04/10/2026 | 12:55 am
Cuartel del San Carlos, Caracas. Entre 1976 y 1979
LA periodista Alicia Herrera miró a su colega, el fotógrafo Freddy Lugo. No creía en lo que estaba pensando. Bajó el tono de la voz y preguntó: «Entonces el avión estalló porque ustedes…». Lugo no la dejó terminar. Contuvo el tono de las palabras. Comprobó que nadie escuchaba y respondió: «Sí, a mí se me paran los pelos todavía, Llanera».
Isla de Barbados, octubre de 1976
El mar está tranquilo. No tiene olas. Los barcos se mecen con suavidad y el camarógrafo trata de mantener el equilibrio. Filma dos embarcaciones muy arrimadas. De la primera, la más alta, los especialistas se pegaban a las barandas de seguridad. Una mujer, vestida con una blusa de colores claros, sostiene una carpeta blanca. Todos están atentos a lo que se saca del bote más pequeño.
Son piezas destrozadas: un fragmento de ala, otro de cabina, piezas astilladas de lo que fue un avión de cuatro motores Pratt and Whitney, capaz de despegar con 85 toneladas de peso y volar hasta 6 400 kilómetros de distancia.
A cada rato del barco pequeño sacan algo. Lo envuelven en unas sábanas y entre tres o cuatro hombres lo suben por una escalera hacia el interior del barco más grande. Son los cuerpos. Más la tripulación, el avión despegó el 6 de octubre de 1976 con 73 pasajeros: 57 cubanos, 11 jóvenes guyaneses (seis de ellos seleccionados para estudiar Medicina en Cuba) y cinco ciudadanos de la República Popular Democrática de Corea. Solo se pudieron recuperar los restos de ocho cubanos. Los demás quedaron en el mar.
Un informe secreto
El 22 de junio de 1976, cuatro meses antes del sabotaje al avión de Cubana de Aviación frente a las costas de Barbados, la CIA entregó un documento al Departamento de Estado, la Inteligencia Militar de Estados Unidos y al FBI. El memorando decía:
«Informe de clase secreto, sensible. Un hombre de negocios con vínculos estrechos con la comunidad de exiliados cubanos. Habitualmente es un informante confiable. Reveló que un grupo extremista de cubanos exiliados, del cual Orlando Bosch es el líder, planea colocar una bomba en un vuelo de la aerolínea Cubana de Aviación que viaja entre Panamá y La Habana. Los planes originales para esta operación planteaban que se pondrían dos bombas en el vuelo del 21 de junio de 1976, número 467, el cual estaba programado para salir de Panamá a las 11:15 a.m. de la hora local de Panamá».
La confesión de San Carlos
Alicia Herrera preguntó: «¿Cómo pudieron poner el explosivo?». «¡Coño, Llanera —dijo Freddy Lugo—, yo confío en ti, esto solo se lo he contado, cuando mucho a tres personas!». Hizo una pausa. Se acomodó en la silla y contó:
«Hernán estaba agitado y dice que va para el baño, lleva en los bolsillos su paquete. Cuando me doy cuenta de que no regresa, al rato se oye que están dando golpes en la parte de atrás, en el baño. Era Hernán que se había quedado trancado y el mismo piloto del avión tuvo que irlo a sacar. Aquello fue un espectáculo, todo el mundo volteó a mirarlo. Cuando se sentó al lado mío, me di cuenta de que no traía el paquete que se había llevado en el bolsillo, y entonces le pregunto y me dice que después me da más detalles, pero que “aquello ya está listo”».
—Puso entonces la bomba en el baño…
—Eso mismo; además, ¿cómo crees tú que se quedó encerrado?... ¡Por los nervios!
—Eso fue saliendo hacia Barbados.
—No, qué va, estábamos ya cerca de Barbados. Además, lo que él hizo es muy sencillo, ya lo llevaba preparado, lo que pasa es que se enredó un poco, y yo entiendo, después me contó que era que él creía que iba a volar de una vez por el aire y le entró culillo.
Conversación en la avenida
Lunes, 4 de octubre de 1976. La Avenida del Este en Caracas se encuentra repleta de vehículos. Es difícil avanzar. Al timón del auto, Luis Posada Carriles habla con Orlando Bosch. Le dice que se calme, que el tráfico pasará. También le dice que los muchachos no van a fallar y menos a estas alturas. «No te desesperes», le dice.
«Yo no estoy desesperado —responde Bosch—, pero sí un poco nervioso con todo esto, o quizá ansioso por que termine de prepararse todo… ¡Ojalá el miércoles a esta misma hora, Fidel Castro esté más encabronado que nunca, eso es lo que yo quiero: que él y sus comunistas se mueran de la rabia!».
La memoria
Carlos Alberto Cremata, director de La Colmenita, comparte: ¡«Soy hijo de uno de los tripulantes de Cubana de Aviación que iban en el avión de Barbados el 6 de octubre. Papá tenía una facilidad extraordinaria para hacer voces, cantar. No era un profesional del arte. Era de esas personas que siempre alegran la vida. Para cocinar —que lo hacía muy bien— se ponía una careta y unas patas de rana para hacernos reír. Era así todo el tiempo.
«El cadáver, como ustedes saben, como casi todos los cadáveres, no apareció. Se quedó en el fondo del mar. Así que mi convencimiento de que no había muerto era cada vez mayor. Muchas veces, años y años después, llegamos a pensar que iba a llegar de pronto de una misión secreta, importante y que nos iba a sorprender otra vez. Ese es uno de mis sueños más recurrentes.
«A una persona tan viva no se le puede asociar nunca con la idea de la muerte. Muchas veces he pensado que mi papá debía ser el director de La Colmenita y no yo. Cada vez que los niños tienen algún éxito, aunque sea pequeñito, pienso: “Si mi papá está en algún lugar, seguro estará contento”.
«Enrique Núñez Rodríguez dijo que cada espectáculo que hace La Colmenita es una flor que ponemos en la tumba de mi papá. Es muy lindo eso; pero, es más: es una noticia, es un mensaje, es un deseo. Lo que más lamento es que no está a mi lado con ese don de ser cien veces más muchacho que yo. Él era el ideal, un niño grande en quien se podía confiar».

Un día para honrar
En Cuba, el 6 de octubre fue declarado oficialmente como el Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado. La fecha fue escogida para honrar la memoria de las víctimas del atentado terrorista contra el avión de Cubana, cuyos autores tenían vínculos probados con la CIA. Se rinde tributo a los 3 478 asesinatos y a las 2 099 personas con discapacidad en la Mayor de las Antillas víctimas del terrorismo de Estado y actos organizados, financiados y ejecutados desde Estados Unidos.
Actualmente Cuba enfrenta un genocida plan de Estados Unidos para rendir por hambre a nuestro pueblo. Eso también es terrorismo, terrorismo de Estado. Por eso, el Gobierno y pueblo cubanos han reafirmado su decisión de condenar y enfrentar el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, en particular el terrorismo de Estado, dondequiera que se cometa y cualesquiera que sean las razones esgrimidas por sus autores.
