Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El Agitao

Felipe Guerra Matos trasladó a Herbert Matthews a entrevistar a Fidel en la Sierra Maestra en 1957, en el primer gran golpe comunicacional a la dictadura. Hombre de confianza de Frank País y Celia Sánchez, combatió en el llano y la Sierra y permaneció junto a Fidel en la Comandancia. Fue de esos combatientes que hicieron hazañas ante las narices del enemigo

Autor:

Daily Sánchez Lemus

Iba en su camioneta con la naturalidad del mundo, como si no estuviera cumpliendo una tarea de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio. Es febrero de 1957. A su lado, un periodista estadounidense iba atento mirando todo alrededor. Los detienen a la salida del pueblo y él fue señalando al guardia uno a uno quiénes lo acompañaban: «Este es un americano a que quiere comprar una arrocera, el que está sentado a su espalda es el funcionario del banco para certificar la compra y este otro —no encontró cargo para René Rodríguez— ¡ah, y este feo no sé ni qué hace aquí!».

El guardia, neutralizado por aquella salida, incapaz de un desaire al norteamericano y confiado por haber visto otras veces al conductor por la zona, los deja seguir sin más interrogantes. No sabe, acaso, que el americano que quería comprar las tierras es un famoso periodista del The New York Times, Herbert Matthews, que subía a la Sierra a entrevistar a Fidel, el líder insurrecto al que Batista daba por muerto. Aquel fue el primer golpe comunicacional más grande que recibió la dictadura batistiana. El chofer habilidoso se llama Felipe Guerra Matos y es un hombre de confianza de Frank País y Celia Sánchez.

Historias de rebeldes hoy recuerda a una de las figuras más carismáticas e importantes de la lucha en el llano y la Sierra. Guerrita, como lo llamaban, también era conocido como «El Agitao», sobrenombre que Frank le puso por su temperamento, a pesar de que en los momentos difíciles sabía mantener la ecuanimidad.

Lo cierto es que Guerrita fue uno de los hombres clave en la lucha clandestina en las difíciles misiones de Celia. En su yipi trasladó armas y hombres; fue indispensable junto a Celia y Frank en todo lo relacionado con «el Marabuzal», sitio donde escondieron alos jóvenes del primer refuerzoque subió a la Sierra Maestra  a finales de marzo de 1957.

Luego de cumplir numerosas tareas entre el llano y la montaña, ya en 1958 tuvo que quedarse definitivamente con los rebeldes. Había perdido a su padre en el bombardeo que la tiranía lazó contra Cayo Espino en abril de ese año, pero a pesar del dolor estaba dispuesto a continuar la lucha. El Agitao era, además, muy alegre y gustaba de hacer bromas que le valieron su castigo cada vez que se juntaba con Camilo.

Cuenta que en una ocasión, estaban ellos dos armando algarabía en el campamento y Fidel los castigó a los dos juntos de guardia en una loma. Allí vieron que había un haitiano al cual le compraron una gallina con un peso que tenían, y con unas mazorcas de maíz se prepararon un ajiaco tremendo y riéndose decían: «hace falta que Gigante nos vuelva a castigar para comernos otra gallina como esta». Ellos sabían, claro está, que Fidel si los agarraba en aquello, el castigo sería mayor.   

Guerrita, que combatía en el pelotón de los Mau, fue herido en un tobillo en el combate de Veguitas. A pesar de que quedó afectado de por vida y ello le impidió participar en otras acciones combativas, Fidel lo mantuvo junto a él en la Comandancia por ser hombre de confianza.

Así estuvo allí, haciendo partes militares, de cerca con Celia y el Jefe. Cuando triunfó la Revolución, estaba junto a él en la caravana de la Libertad. Se puede apreciar en las imágenes de la época al barbudo que, como Camilo, sonreía mucho. Y por ese temperamento también tuvo el honor de ser el primer director general de Deportes de la Revolución. Él decía que sus amigos bromeaban diciéndole que era el único director de deportes cojo en el mundo…y que con amigos así, no necesitaba enemigos.

Un día, según cuenta el Premio Nacional de Periodismo José Antonio Fulgueiras en su libro El Marabuzal, Fidel lo visitó en la Ciudad Deportiva y le dijo:

—«Guerrita, estuve leyendo Diario de la Guerra y tú apareces constantemente llevando y trayendo mensajes y avituallamientos. ¿Cómo te las arreglabas para campear por tu respeto entre las filas del enemigo?

—Con mucha astucia, Comandante, le contesté con un poco de fanfarronería y él me ripostó:

—Yo creo que si tú estás vivo es por lo brutos que eran esos guardias…y se echó a reír».

Sin embargo, una de las anécdotas más ocurrentes las narra el propio Guerrita a Fulgueiras en El Marabuzal:

«Fidel me llamó y me dijo: "Mira, Guerrita yo sé que a ti te andan buscando, pero es necesario que bajes al llano". Raudo le contesté: "Yo voy donde usted me ordene, Comandante"».

El jefe guerrillero le dijo que tenía un listado de nombres que él necesitaba que los memorizara en 10 minutos y comprobaría si los aprendió bien. Pero Guerrita al repetirlo se equivocaba dos o tres veces y él lo mandaba a empezar de nuevo.«Entonces, a la tercera vez que me equivoqué resumió: Guerrita, tú con esos espejuelitos, y esa carita de inteligente, ¡eres más bruto que el mismísimo carajo! Y luego me dictaminó:"Pero tienes que cumplir la misión, y si caes en manos del enemigo solo te pido Guerrita que mueras con dignidad"».

Y aquella frase la guardó para toda la vida.

El capitán del Ejército Rebelde Felipe Guerra Matos es uno de esos combatientes revolucionarios cuya historia debería estudiarse y conocerse mejor, de esos que también protagonizaron hazañas que pasaron delante de las narices de los guardias sin siquiera sospechar. De hombres como él está hecha nuestra Historia. Hombres que, sin perder la alegría, combatieron; que, sin perder la fe en el triunfo, se repusieron de cada revés; que sin aspirar a otra cosa que no fuese la libertad de su patria, pusieron en juego sus vidas y la de su familia

Para quienes conocimos al Capitán, Guerrita o El Agitao, o el eterno director de Deportes, sabemos que siempre vivió orgulloso de haber podido ser útil, de haber estado cerca de Fidel y Celia, de Camilo y Che, de tantos héroes, sin saber que él también se había convertido en uno de ellos. Y justamente por el compromiso con todos, dedicó sus más de 90 años de vida a cumplir con la Revolución.

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