La ondina capitalina (la primera de izquierda a derecha) afirma que se siente mejor en el estilo libre. Autor: Ricardo López Hevia Publicado: 27/09/2026 | 02:17 am
Carismática en su personalidad y dominante de los cuatro estilos en la piscina, la nadadora Andrea Becali disfruta la compañía de amigos, el gym, tomarse fotos y rodearse de animales y música. Tal vez sean datos menos conocidos de la doble medallista de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo, que se convirtió en la primera cubana en bajar de los 26 segundos en los 50 metros libres este 2026.
Una joven amante de la tranquilidad, aunque se lanza al agua y su cuerpo entra en otro modo. En las piscinas transcurre su vida desde los siete años: «Empecé en deportes acuáticos por el asma. Primero practiqué natación artística, pero nunca me gustó y me pasaron para natación», cuenta a Juventud Rebelde.
—¿Qué pasa por tu mente cuando estás en el bloque de arrancada, antes de lanzarte a la pileta?
—El nadador siente tensión. Piensan que estamos tranquilos, pero sentimos puros nervios. Nos damos golpes y saltamos porque empezamos a temblar. Es complicado de espantarlos.
—Pero imagino que buscas la forma de adaptarte mejor.
—Trato de tranquilizarme, pensar en lo entrenado y en el proceso. He aprendido a no presionarme. Me hacía expectativas grandes y ahora voy a lo específico, para lo que me preparé. Estoy más tranquila y nado duro.
Su carrera inició cuando subió al bloque de arrancada a los siete años, pero la entrada a la selección nacional fue bastante prematura, a los 13. Reconoce que exigió enormes sacrificios: «Fui de las pocas atletas que llegó tan temprano al equipo. Nunca disfruté plenamente mi adolescencia, ni jugué en la calle. Quería lograr cosas y costaba porque era una niña, pero me superé», explica con melancolía. Y continúa con orgullo: «Siempre estaba becada en el Complejo Baraguá. Entrenaba con grandes como Elisbet Gámez, Luisito y otros».
Desde entonces, su recorrido habla por sí solo: siete medallas en Juegos Centroamericanos y del Caribe, finales panamericanas, sus primeros Juegos Olímpicos, ocho mundiales, beca internacional, y en 2026, dos récords nacionales en Australia y par de preseas en Santo Domingo. «Aquella niña no imaginó lo que he logrado y estaría demasiado contenta por la mujer que soy. Sobrecumplí mis propias promesas», sentencia.
—De esos momentos, ¿cuál es el que más felicidad te trajo?
—Los Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2023. Entrenamos duro para esos oros en los relevos libres de 4x100 y 4x200, pero también salieron mis bronces individuales en 100 y 200. No pensé obtener esos resultados y me emocionaron mucho. Ahí vi la posibilidad de alcanzar grandes objetivos, al punto de soñar una Olimpiada, a la cual fui en París 2024.
Dos personas marcaron sus brazadas y éxitos: Elisbet Gámez, una compañera de equipo nacional, amiga y referente en este deporte; y Luisa María Mojarrieta, a quien le agradece con la vida todo lo que le enseñó como mujer, entrenadora y madre.
Ahí desempolva una anécdota. Relata que en el 2022 se estancó en el estilo espalda, cambió al libre y se acercó a Elisbet, quien fue clave en que se enamorara de ese nuevo estilo. «Fue mi compañera por muchos años. Siempre está en mi mente en plan de motivación, sabiendo que consiguió cosas que también puedo alcanzar. Eso me hace no sentirme sola», se sincera.
Se emociona al hablar de Luisa María, quien le saca una sonrisa porque fue su sostén en momentos duros durante los seis años que pasaron juntas. «Tengo la mente, el físico y la memoria muscular gracias a ella. Siempre estamos en contacto, le pido consejos y me guía», admite con amor en su mirada.
Australia: otro escalón hacia el cielo
Como la mejor oportunidad de su vida, así califica la propia Andrea la beca que disfruta en Australia hace dos años. Una experiencia que contrasta con los retos que le ha conllevado: lejanía familiar, diferencias culturales y nostalgia, y que ha superado con la fortaleza de sus brazadas en la alberca.
«El primer año fue muy duro por el idioma y la adaptación. En Cuba no se estudia mucho el inglés y me costó. Me arriesgué y no miré atrás. Llevaba años esperando esta oportunidad y llegó: Australia, la mayor potencia hoy en natación».
Su primer año en la tierra de los canguros no fue el soñado, y eso se tradujo en resultados lejos de los que esperaba en el Mundial de Singapur y los Panamericanos Junior de Asunción 2025. Cuenta que encontró en el crossfit y el team de amigos de Los Tanques de las seis, un refugio y un camino para recuperar la motivación perdida y levantarse físicamente.
Este 2026 llegó a Australia con objetivos totalmente diferentes. Tal como las historias de los grandes atletas, Becali nunca se rindió hasta tocar la gloria: «No me caí sicológicamente. Soy otra mujer ahora: más madura, con las cosas claras respecto a todo y sé lo que quiero en mi vida».
Y en lo deportivo, dos nuevos récords nacionales en tu poder en 2026... le comento y su rostro cambia, ¿los esperabas?
«¡Noooo! (sonríe como una niña). Fueron dos récords que salieron y no los asimilaba. Me preguntaba por qué ahora. No estaban en mis planes ni en mis objetivos en ese instante».
Recuerda que el récord de 50 m libres fue en el Australia Open. En la mañana rompió su marca personal y el entrenador le aconsejó descansar. Pero Andrea no se cansa de sobrepasar barreras: «Lo peor que existe es quedarte con el feeling de poder. Le dije que volvería a competir y subí al cajón con la mentalidad de nadar con todo hasta el otro lado».
No veía la pizarra. Relata que salió y una amiga le saltó encima porque sabía que el récord era 26 segundos. Le decía: «Lo lograste», y ella, asombrada, respondía: «¿Qué hice?». Le contó que marcó 25.87 s, y la capitalina no reaccionaba: «Llamé a mi mamá y le pregunté si era récord. No lo creía. Primera cubana que baja de 26 s, un tiempo muy duro».
Tres meses después consiguió otra hazaña en los 100 m libres, en el Campeonato de Curso Corto de Brisbane: «Mi entrenador me dice que me tire para buscar velocidad, y yo no quería porque tenía mi enfoque en Santo Domingo, a una semana de volver a Cuba. Nado 50 mariposa y, a la hora, el 100 libre».
Era un domingo. El cansancio dominaba su cuerpo. No paraba de bostezar. «Solo pensé en nadar duro, sin importar lo que pasara», reconoce. Pero el talento y los sacrificios siempre dan frutos. Finalizó la prueba y miró la pantalla: «Dos centésimas por debajo del récord: 54,85 s. ¡Otra locura! Me gustan los resultados que tuve y puedo mejorar mis tiempos».
—Australia es potencia de este deporte, ¿qué diferencias has notado en las formas de entrenar y competir respecto a Cuba?
—En Cuba nadamos 60 kilómetros a la semana, y en Australia, 40. Mi cuerpo tiene memoria muscular y necesitaba adaptarme. Trabajan intensidad y velocidad, y en Cuba nadaba kilómetros y cosas aeróbicas. Allá buscan explosividad y capacidad para tu evento en particular. Me costó porque no es fácil estar sola, pero piensas en tus metas y lo que hiciste para llegar. Física y mentalmente, me siento capaz de lo que me proponga.
Santo Domingo: premio a la dedicación
Tras un año difícil en Australia, Becali se presentó a todo tren en 2026. Sacó el extra en la fiesta de Santo Domingo. Su dedicación se vio recompensada: plata en los 100 m libres y bronce en 200 m, su sexta y séptima diadema en estas justas.
«Estoy muy feliz y orgullosa de mi actuación. Dos medallas que representan más que un lugar en el podio: sacrificio, disciplina, constancia y el trabajo de tantos años persiguiendo un sueño. No fue el crono que soñaba ni el resultado que buscaba en los 200 m libres, pero el deporte enseña a aceptar, aprender y seguir adelante», compartió.
—¿Cuánto ha crecido la Andrea de San Salvador 2023 a la que llegó a Santo Domingo 2026?
—Miro los videos del Panamericano de Chile y los Centroamericanos de San Salvador, y me pongo nerviosa. Estuvimos un mes antes en la altura de México, la pasamos muy mal y salió. Tiemblo al ver cómo lo logramos y recuerdo el proceso. Esta Andrea es otra. Aquella no esperaba ese resultado, pero ahora tenía metas claras. Los años en Australia me enseñaron. Me han hecho crecer y confiar en mí.
—¿Qué tan diferente es la Andrea dentro y fuera del agua?
—Trato de estar feliz afuera y no pensar en la natación. Es un deporte en el que piensas nadando y también afuera. En la piscina, me enfoco en la técnica, y al salir, sonrío, hablo con amigos, voy al gimnasio y despejo mi mente. Soy totalmente diferente. Me río nadando, pero no es lo mismo.
Y en los instantes finales, llega la frase que casi nadie desea escuchar de un atleta: «No sé qué puede pasar en el futuro, pero me parece que Los Ángeles 2028 serán el final, la verdad», reflexiona la ondina capitalina, y acto seguido, pone calma al repasar sus próximos retos: Mundial de Piscina Corta de China y Juegos Panamericanos de Lima 2027.
Segundos después, insiste: «Para culminar… tal vez las Olimpiadas de Los Ángeles 2028, mi gran sueño». Sus brazadas han sido y seguirán trazando parte de la historia de la natación del país. El amor de Andrea por su tierra no deja dudas y así lo declara: «En Australia tengo una bandera cubana grande en mi cuarto. Es lo primero que veo cada mañana y digo: “Este es mi país, al que quiero representar y llevar en mí”. Me hace sentir una mujer fuerte, que puede con todo».
