Geannis Garzón controla a su adversario en la lucha por el oro centroamericano. Abel Rojas Ballobre Autor: Abel Rojas Barallobre Publicado: 01/08/2026 | 08:33 am
SANTO DOMINGO, República Dominicana.— El final de la lucha libre masculina de Cuba se convirtió en un vendaval. No fue solo por los dos oros a manos de Geannis Garzón en los 74 kilogramos y Arturo Silot (97 kg) o los bronces de Carlos Méndez (65 kg), Lázaro Hernández (86 kg) y Yosenky Castañeda (125 kg). Fue por la manera de ganar.
Todas las victorias se obtuvieron por mayoría de puntos o superioridad técnica. Pero una cosa es que lo diga la frialdad del informe y otra muy distinta fue ver aquellos combates, que terminaron con rapidez y en unos volteos de sus oponentes que no dejaban margen de duda a cualquier decisión.
Carlos Méndez comenzó el desfile, que con él fue sencillo. Más bien, le sobró el tiempo. Saludó a su oponente, el salvadoreño Raúl Paniagua y al momento lo llaveó por debajo de las rodillas. Paniagua se vio en un vacío sobre el colchón, sin saber a qué agarrarse, y Méndez lo volteó a todo lo ancho de la lona hasta que el pitazo de los jueces dijo que ya era más que suficiente. Méndez parecía un cocodrilo cuando prende a su presa por el remolino que provocó.
Geannis Garzón también hizo de las suyas. Midió poco a poco al colombiano Ibsen Aguilar y de repente lo prendió por la pierna izquierda. Lo llevó saltando de un solo pie hasta el final del colchón y lo lanzó fuera de la lona. Solo que Aguilar, hombre ágil y duro, como buen luchador, se le prendió del cuerpo y cuando se vio en el aire supo dar la voltereta para caer de pie en el pasillo. De todas maneras, el público, fuera especialista o no, se dio cuenta por cuál lado venía la tormenta.
Aguilar subió de nuevo y ahí comenzó la medición, el tratar de dominar el cuello del contrincante para hacerlo perder el control. El combate parecía que iba a ser largo. Parecía. Porque a los cinco minutos con seis segundos y 27 centésimas, Garzón lo cargó completo y el combate terminó diez puntos a cero a favor del cubano.
Le siguió Lázaro Hernández contra el panameño Ángel Cortés. El cubano llegó impasible, pero con el aquello de haber quedado para la discusión del bronce, cuando tenía posibilidades del oro. Así lo reconoció después en las declaraciones a la prensa. Estaba picado. Y en un par de minutos despachó a Cortes, como queriendo decir: el trámite está cumplido, no me pregunten más, voy por lo que viene delante. Así bajó del colchón. Sin muchos saludos y con la frente en alto.
Yosenky Castañeda terminó con el costarricense Lacey Maxwell con puntuación de 6 a 1, quizás el match más apretado de la tarde-noche.
Por último, estuvo lo de Arturo Silot. Un verdadero espectáculo. El cubano se enfrentó al colombiano Carlos Izquierdo. Se dio la vía libre para el combate y empezaron los intentos de agarres de la cabeza y el cuello. Silot, encorvado, no bajaba la vista, pero el encuentro no se decidía con nada. El marcador estaba cero a cero, pero a los cuatro minutos el cubano empezó a darle zarpazos. A los tres, Izquierdo quiso detener un brazo que le venía por la izquierda y apenas tuvo tiempo de ver la otra garra que en menos de un segundo lo abracó por la cintura, lo pegó al piso para verse dando vueltas de un lado al otro. Primero fue una, luego otra con un ligero esfuerzo, después una tercera y los gritos apenas dejaron escuchar el silbato cuando el marcador indicó, sin discusión alguna, el 11 a cero a favor de Cuba.
