Julián Quiñones marcó el primer gol de la Copa Mundial de Fútbol 2026. Autor: FIFA Publicado: 11/06/2026 | 07:08 pm
Hay estadios que trascienden el hormigón y el césped para convertirse en mito. El Coloso de Santa Úrsula es uno de ellos. Ocho años después de que México recibiera el nombramiento como una de las tres naciones anfitrionas del Mundial más grande de la historia, el balón volvió a rodar sobre el mismo tapete sagrado que consagró a Pelé en 1970 y a Diego Maradona en 1986. Porque el Estadio Azteca, ese volcán dormido en el sur de la capital, despertó con una erupción de 80.824 gargantas para escribir una nueva página dorada: la primera vez que un mismo recinto alberga tres inauguraciones mundialistas.
México, curiosamente, nunca había ganado un partido inaugural. Cinco derrotas y dos empates en siete intentos previos, incluido aquel 1-1 contra la misma Sudáfrica en Johannesburgo 2010 que inició la «maldición» del anfitrión. Y sin embargo, esta vez la historia parecía dispuesta a cambiar de guion. Porque la fiesta comenzó antes incluso de que el silbato del brasileño Wilton Sampaio anunciara el inicio. Shakira y Burna Boy encabezaron una ceremonia inaugural que fusionó ritmos africanos y latinos, pero fue en el segundo desfile de banderas cuando se coló un escalofrío político: la enseña de Estados Unidos fue abucheada por la grada mientras los 48 países participantes desfilaban. Un aviso, quizá, de que este torneo trinacional no será un lecho de rosas diplomáticas.
El partido, sin embargo, se encargó de devolver la atención al césped. Javier Aguirre, el «Vasco» que tomó las riendas de la selección tras el fracaso de Jaime Lozano en la Copa América 2024, había diseñado un plan perfecto. Su equipo saltó al terreno de juego con la voracidad de un puma recién despertado. Y funcionó. Al minuto ocho, Erik Lira presionó como un poseso en la salida de los sudafricanos, robó el balón y se lo sirvió en bandeja a Julián Quiñones. El delantero, sin dudarlo, fusiló a Ronwen Williams. El Azteca, que ya rugía, se vino abajo. El primer grito del Mundial 2026 era mexicano.
Sudáfrica, atenazada por los nervios y la altitud (2.200 metros sobre el nivel del mar que se convirtieron en un enemigo invisible), apenas pudo articular ataque alguno. Los Bafana Bafana fueron un fantasma de sí mismos, un equipo que llegó al torneo con la vitola de cenicienta pero que se comportó como una princesa sin hada madrina. Durante los primeros 45 minutos, el dominio mexicano fue insultante. Raúl Jiménez, el lobo de Tepejí, exigió a Williams con un remate a quemarropa que el guardameta desvió con reflejos felinos. Acto seguido, Quiñones recibió el rechace y estrelló el balón en el poste derecho. El 2-0 se resistía como un capricho del destino.
La segunda mitad empezó con el mismo monólogo. Y entonces, Sampaio, el árbitro brasileño que ya había pitado en Qatar 2022, decidió tomar el protagonismo. En el minuto 50, Sphephelo «Yaya» Sithole derribó a Bryan Gutiérrez en la frontal del área cuando el mexicano se plantaba solo ante Williams. Roja directa. Sudáfrica se quedaba con diez. El rumbo del partido, que ya era favorable para México, se convirtió en una cuesta insalvable para los africanos.
La sentencia llegó en el minuto 67. Roberto Alvarado, el «Piojo», se perfiló por la derecha, condujo con calma y colgó un centro milimétrico con rosca hacia el segundo palo. Allí, como un ave rapaz, apareció Raúl Jiménez. El delantero del Fulham se elevó por encima de la defensa y conectó un testarazo contundente, picado al suelo, que Williams apenas pudo ver entrar. Era el primer gol de Jiménez en Mundiales, una recompensa merecida para un futbolista que, tras aquella lesión craneal en 2020, ha construido una carrera de resiliencia pura. Sus lágrimas, al celebrarlo, fueron probablemente el momento más humano de una noche de excesos.
Pero Sampaio aún guardaba dos ases en la manga. En el minuto 84, el árbitro fue llamado por el VAR para revisar una acción entre el sustituto sudafricano Themba Zwane y Alvarado. Las imágenes mostraron un manotazo del africano al rostro del mexicano en un forcejeo. Sampaio, sin contemplaciones, desenfundó la segunda roja para Sudáfrica. Nueve hombres sobre el césped. Un paisaje dantesco para un equipo que, probablemente, ya solo deseaba que el reloj corriera más deprisa.
Y aún hubo tiempo para más. En el segundo minuto del añadido, el central mexicano César Montes derribó a Khuliso Mudau en la frontal del área cuando el sudafricano se escapaba. Sampaio, aplicando la ley con una severidad que rayaba lo quirúrgico, mostró la tercera tarjeta roja del partido. Diez contra nueve. Un final de locura para un partido que, durante muchos minutos, no había sido más que un tranquilo paseo mexicano.
El marcador no se movió. México 2, Sudáfrica 0. Tres puntos, liderato del Grupo A y una maldición rota. Pero la imagen que quedará en la retina del Mundial no será el dominio táctico de Aguirre ni la eficacia de Quiñones, sino el recital disciplinario de un árbitro que desenfundó la cartulina roja como un pistolero del Viejo Oeste. Sampaio, que se retiró entre pitos y aplausos a partes iguales, se convirtió en el juez más severo de la historia reciente de los Mundiales. Sudáfrica, por su parte, deberá reconstruir su ánimo antes de enfrentarse a la República Checa el 18 de junio. Con dos hombres puntales menos, el milagro es una quimera.
Cuando el silbato final rasgó la tarde del Valle de México, el Azteca estalló en un mar de confeti verde, blanco y rojo. México, que nunca había ganado un partido inaugural, se quitó una losa de 96 años de historia. La fiesta apenas comienza. Pero esta noche, en el volcán que ha visto tres inauguraciones, los dioses del fútbol decidieron teñir el cielo de verde. Y el rojo... el rojo fue para Sampaio, que se llevó tres expulsiones en el bolsillo y un lugar en la leyenda.
