Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El cineasta menos conocido del mundo

Además de tener una vasta cultura universal, hija de su pasión desmesurada por la lectura, Fidel fue un apasionado cinéfilo

Autor:

René González Barrios*

El 4 de diciembre de 1986, durante la inauguración de la sede de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez expresó:

«La semana entrante la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano va a recibir del Estado cubano una donación que nunca nos cansaremos de agradecer, tanto por su generosidad sin precedentes y su oportunidad, como por la consagración personal que ha puesto en ella el cineasta menos conocido del mundo: Fidel Castro. Me refiero a la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), en San Antonio de los Baños, preparada para formar profesionales de la América Latina, Asia y África».

Quizá muchos se sorprendieran entonces de dicha afirmación, la consideraran hija de la muy fértil imaginación del Gabo. Lo cierto es que el escritor colombiano sabía lo que estaba afirmando.

Ya en otra ocasión, Gabo había destacado en Fidel al escritor que pudo haber sido y el excelente editor de sus libros. Y es que el líder de la Revolución Cubana, además de tener una vasta cultura universal hija de su pasión desmesurada por la lectura, fue un apasionado cinéfilo. 

Un hombre con la visión cultural de Fidel, viendo cine, se convenció pronto del inigualable alcance de este medio en la formación de valores, la identidad nacional y la salud espiritual de la sociedad, lo mismo que su utilización como instrumento de colonización.

Quizá por ello lo valoró como un arma estratégica de la Revolución, y a pocos días del triunfo, aprovechando el ímpetu de jóvenes vinculados con el Cine Club Visión, estableció la sección de cine del Ejército Rebelde con el joven Manuel Pérez Paredes al frente y, con la ayuda de su hermano de ideas Alfredo Guevara, Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinosa, dio los pasos iniciales para la creación, el 24 de marzo de 1959, del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (Icaic). Años más tarde, con la vista puesta en la independencia cultural de nuestros pueblos, el 15 de diciembre de 1986 fundaría la EICTV.

Fidel demostró su pasión por el cine desde los primeros días de la Revolución. Por entonces compartió en La Habana con el actor australiano Errol Flyn, ídolo del cine estadounidense, que visitó la Isla identificado con la obra de justicia social que se iniciaba.

En abril de 1959, viajó Fidel a Estados Unidos en una larga estadía que concluyó con una escala en Texas, donde se reunió con Frank Walters, productor de Hollywood, quien le propuso la realización inmediata de una película sobre la Revolución Cubana. El papel de Fidel lo encarnaría Marlon Brandon y el de Raúl, Frank Sinatra.

Fidel aceptó la propuesta con gran entusiasmo, pero las autoridades estadounidenses emprendieron una verdadera cacería en su contra, al punto de que Walters hubo de renunciar a su materialización.

Recientemente, Leopoldine Hughues Despaintes, reconocida cineasta francesa y nieta del productor estadounidense, nos contó detalles de esta historia.

El Icaic y el cine cubano en general tuvieron siempre en Fidel el respaldo y atención priorizada y su apoyo en momentos cruciales. Casi desconocido es, sin embargo, el espectro del cine que vio el Comandante y la frecuencia de su consumo.

Como parte del trabajo de rescate de la memoria histórica que realiza el Centro Fidel Castro Ruz, entrevistamos a los dos oficiales de su seguridad personal encargados de proyectarle las películas que con asiduidad veía Fidel. Para sorpresa nuestra, conservaban y donaron a la institución las bitácoras donde anotaban los filmes proyectados.

Cuentan los dos compañeros que el Icaic enviaba semanalmente a Fidel las principales películas que se exhibían en la Isla y otras que se adquirían en disímiles países, por su interés particular.

En la década del 60 los compañeros de su escolta prepararon una pequeña salita donde, al concluir la jornada de trabajo a altas horas de la noche, Fidel los invitaba a ver un filme. A fines de la década del 80 del pasado siglo, prepararon una nueva sala de proyecciones en el Palacio de la Revolución, con la misma finalidad.

Veía Fidel todo género cinematográfico, pero alternaba sus preferencias con el cine bélico, en especial de la URSS, el cine de contenido social, y el vinculado con la literatura universal y la historia. Sentía una predilección especial por las comedias de Cantinflas y Chaplin, y por el cine español, incluido el musical.

Del contenido de las bitácoras podemos llevarnos una idea de cómo un jefe de Estado e incansable estadista buscaba tiempo para la apreciación y la cultura cinematográfica.

Las mencionadas bitácoras relacionan los filmes vistos por Fidel entre 1966 y 1984: más de 1 600. Vio Fidel en esos años cine argentino, brasileño, chileno, boliviano, colombiano, mexicano, puertorriqueño, español, francés, inglés, belga, soviético, chino, japonés, vietnamita...

Clásicos del oeste como Río Bravo, Lo que la tierra hereda, Lo que no se perdona, Winchester 73, Pueblo embrujado, Colt 45, se encuentran en el listado. Obras del neorrealismo italiano como Divorcio a la italiana, o filmes de alta facturación estética como Cenizas y diamantes, de Andrzej Wajda; Viridiana y El discreto encanto de la burguesía, de Luis Buñuel; El huevo de la serpiente de Ingmar Bergman; El Bravo, del japonés Akiro Kurosawa; Nido de ratas, de Elia Kasan; El Padrino, de Francis Ford Copola; Soy Cuba, de Mijaíl Kalatózov, o Cantando bajo la lluvia, con Gene Kelly, las apreció.

Del cine de suspense de Alfred Hitchcock, encontramos La llamada fatal, Vértigo, Psicosis, Los pájaros y Los 39 escalones. El género de ciencia ficción no le fue ajeno, pues prefirió en este sentido el cine japonés: Latitud cero, El hundimiento de Japón, Viaje al espacio y Terremoto. De España distinguía el cine social y político, pero se relajaba especialmente con su cine musical: Carmen la de Ronda, La reina del Chantecler, Gitana, El amor brujo, Las Leandras…

El cine bélico soviético le fascinaba: Páginas inmortales, Tanque T-34, Chapaev, El comunista, El fascismo corriente, las 12 partes de Diecisiete instantes de una primavera y las 18 partes de La Gran Guerra Patria. Todo lo que reflejara el heroísmo y la resistencia del pueblo soviético en la lucha contra el fascismo lo priorizaba.

También el cine bélico estadounidense y universal: El zorro del desierto, Napoleón, Espartaco, La batalla de Argel, El soldado azul, El botín de los valientes, Laurence de Arabia… Las comedias las disfrutaba como un muchacho, refieren los proyeccionistas. Desde películas satíricas como las de Bud Spencer y Terence Hill en la saga de Trinity, comedias como la italiana El magnífico cornudo, o la cinematografía de Cantinflas: Caballero a la medida, El portero, El siete macho, o de Chaplin con La quimera de oro, El gran dictador y Tiempos modernos.

La literatura llevada al cine la perseguía: Por quién doblan las campanas, El corazón es un cazador solitario, Las nieves del Kilimanjaro, Romeo y Julieta, Teresa Raquín, Sin novedad en el frente, entre otras.

De nuestro continente prefería el cine social: El coronel Delmiro Gouveia, de Brasil; El nido del cóndor, de Perú; País portátil, de Venezuela; Canaima, de México; Canaguaro, de Colombia; Alsino y el cóndor, coproducción entre México, Cuba, Nicaragua y Costa Rica, o El enemigo principal, de Jorge Sanjinés, de Bolivia.

De cine cubano lo vio prácticamente todo. Cuba 1958, Historias de la Revolución, El joven rebelde, Las doce sillas, El programa del Moncada, Ustedes tienen la palabra, La última cena, Paty Candela, El rancheador, Río negro, Baraguá, La batalla de Jigüe, Alicia, Los sobrevivientes, los animados de Elpidio Valdés, Guardafronteras, Polvo rojo, Hasta cierto punto, Enero 1959, Se permuta, Habanera, Los pájaros tirándole a la escopeta, entre otras.

A partir de la creación de la Fundación del Nuevo Cine latinoamericano y la EICTV, Fidel se convirtió en un consumidor de cine y documentales latinoamericanos que le hacían llegar ambas instituciones y el Icaic. Sus encuentros con gente del cine eran frecuentes. Directores y actores de todo el mundo lo visitaban. La prioridad, para el cine latinoamericano.

A Oliver Stone dio la oportunidad de una larga entrevista devenida el filme Comandante. También compartió con Steven Spielberg. Harry Belafonte, Da-
nny Glover, Jack Nicholson, Jack Lemon, Leonardo di Caprio, Kevin Kostner, Robert Redford, Woody Harrelson, Ed Asner y Sean Penn lo visitaron.

Lo mismo actores y actrices europeos como Gerard Depardieu, Pierre Richard o Gina Lolobrígida. Algunos pidieron el anonimato ante las posibles presiones del Gobierno de Estados Unidos. (Fragmentos del trabajo publicado en el sitio web del Centro Fidel Castro Ruz)

*Director del Centro Fidel Castro Ruz

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