Trompetista canadiense Rachel Therrien. Autor: Cortesía de la entrevistada Publicado: 02/04/2025 | 11:27 pm
Cuando Rachel Therrien habla en español, sonríe quien la escucha. Con sus palabras y cadencia dibuja afectos tan cercanos que tal parece que la conoces desde hace mucho tiempo. Cual canadiense nativa, domina el inglés y el francés, y nuestro idioma le viene como anillo al dedo para, entre risas también, hablar de música con un acento distinto, poético tal vez.
Es que, como todo músico, brota poesía de ella. En particular, cuando compone y toma la trompeta para regalarla. Con una discografía variada y hasta el momento, integrada por ocho álbumes —el más reciente, con apenas un mes de lanzado—, Rachel va saldando deudas con ella misma y en esta ocasión, con el latin jazz.
Junto al disco más reciente (Mi Hogar II) en su carrera la instrumentista canadiense agrupa a Fiestas Campesinas, Orun, Back Home, Sueños de Cambios, Soucy, Mambo «Chucho»’ Influenciado y Beauty Free.
—Mi Hogar II es este fonograma que, lanzado el pasado 7 de marzo, ¿te reafirma en tu identidad musical o te abre un camino nuevo?
—Este disco, continuidad del lanzado en 2023, resume un poco mi vivencia con la comunidad musical de latin jazz, que se ha convertido en mi hogar, porque para mí hogar es más que un lugar. Es el número ocho de mi carrera pero es la primera vez que asumo ese trabajo como artista de este género y quise involucrar la mayor cantidad de músicos de ese ámbito, como Mireya Ramos, Andy Ramos, Elizabeth Rodríguez, Iván Renta, Rafi Malkiel, Néstor Rodríguez, Manuel Valera, Danae Olano, Willy Soto, Andy Rubal, John Benítez, Roberto Riverón, Alex Bellegarde, Michel Medrano, Lázaro Martínez, Arturo Zegarra, Keisel Jiménez, Carlos Maldonado, Magdelys Savigne, Diomer González…de Montreal, de Toronto y de Nueva York. Son muchos invitados, más de 30 músicos…
«Es entonces, una nueva reafirmación de mi carrera como trompetista de latin jazz. Había grabado en 2014 en Colombia un álbum con algunos coqueteos con el género, pero fue más como exploración. Sin embargo, este disco es mío, y presenta el universo musical dentro de mi cabeza, una música que nació a través de mí. Es mi identidad».
—Tienes un capítulo importante de tu vida vivido en Cuba. ¿Por qué? ¿Cuánto te ha aportado nuestro país en tu carrera profesional?
—Cuando tenía 12 años, el programa de música en mi escuela era muy fuerte y aprendí mucho. Cuando vi una trompeta por primera vez, quedé enamorada. Toqué en competencias de bandas, digamos, y decidí que me dedicaría a ese instrumento en mi vida. Toqué con grupos de Haití, de Marruecos, de Mali, de Costa de Marfil, que residen en Canadá. Me nutrí de esa world music, de esas comunidades de inmigrantes en mi país que me abrieron los brazos, más que la comunidad jazzística propia.
«Entonces cuando ingresé en la Universidad en Montreal, los profesores no confiaron en mi capacidad, por ser mujer. No creían que yo pudiera tener carrera como jazzista, y por eso me proponían estudiar Educación Musical. Un día toqué con Giraldo Piloto y sus músicos me hablaron del Instituto Superior de Arte y la calidad de su enseñanza. Conecté ahí con mi sueño, con mi interés de ser músico profesional, ser jazzista, sin importar lo que otros pensaran. Luchando se logra todo, y esa conexión desde Cuba con otros músicos y con mis metas personales, ha sido algo muy grande para mí. Tuve la oportunidad entonces de estudiar en el ISA en 2008 y ahí empecé mi carrera como solista, como instrumentista.
«Por eso, mi carrera como solista, que va por 15 años, le agradece mucho a Cuba. Desde siempre que he trabajado con artistas cubanos, he descubierto un elevado nivel de talento y virtuosismo. Es impresionante. La comunidad se siente muy familiar, me he sentido muy bien en compartir y en vivir la música aquí. Todo lo vivido en Cuba, especialmente con las artes, me ha aportado mucho».
—¿Es el jazz, entonces, tu camino?
—La música es un idioma en sí mismo que permite conectar, sin importar fronteras. El jazz es más que un camino, una filosofía. Justamente, mi filosofía del jazz es conversar a través de la improvisación. Siempre se puede dar al mismo tiempo que recibes, y compartir a través de la música es la experiencia más bella de mi vida. Las conexiones humanas es lo más valioso y ha sido a través de la pasión común.
«Como compositora trabajo mucho el jazz, pero también como filosofía de comunicación, como te decía, a través de la improvisación. Ese es mi fuerte, componer estructuras a partir de la música de diferentes culturas. Juntos crear una nueva música». Rachel Therrier ya trabaja en próximas producciones discográficas. «Acabamos de grabar con el pianista, compositor y productor cubano Alejandro Falcón y pronto otros discos verán la luz».