Las voces de Gabriel Antonio y de María Karla son un llamado urgente: decir no a las drogas es elegir la vida. Autor: Imagen generada con IA Publicado: 27/06/2026 | 12:16 pm
Hablé con Gabriel Antonio toda la tarde. Me confesó que, siendo adolescente, probó lo que sería la llave de la puerta del éxito de la aceptación social que necesitaba. Al menos, así le aseguraron.
«Periodista, fue marihuana. Pura curiosidad. Después, quise más. Reconozco que me volví dependiente, perdí el interés en los estudios y yo que quería ir a la Universidad, cambié ese sueño por el de perseguir a quienes pudieran darme lo que mi cuerpo pedía. Mis padres sufrieron tanto…».
Gabriel Antonio tiene 31 años. Es joven, pero está en lucha constante por reconstruirse a sí mismo, para contribuir a reconstruir la vida de sus seres más queridos. Es consciente de que cada dosis consumida fue un paso atrás en su bienestar físico y emocional. No es tarde para vivir, pero puede serlo si no se toma en serio.
Gracias a él, conocí a María Karla, «la persona más importante en mi decisión». Hermana de su mejor amigo, y actualmente su novia, fue quien les dio la fuerza a ambos para salir a flote.
«Mi hermano también quiso experimentar, pero lo hizo con la cocaína. Cayó en un pozo. De esa manera quiso escapar del divorcio de nuestros padres y de la incómoda situación que nos generó vivir en la casa de nuestros abuelos, con dos tíos y sus hijos. Por poco muere, y eso me estremeció más que todo lo demás. Cuando vi que podía perder a mi hermano, me prometí que sería quien le diera la voluntad y la fuerza que le faltaba. En ese afán, conocí a Gabriel Antonio, y también he querido salvar lo mejor de él, que a veces, ni se acuerda de que lo tiene».
Historias como estas son más comunes de lo que imaginamos. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 35 millones de personas en el mundo sufren trastornos relacionados con el consumo de drogas. Estos trastornos no solo afectan la salud mental y física del individuo, sino que también generan un gran impacto social, a través de la violencia, desempleo, rupturas familiares y gastos elevados en sistemas de salud y justicia.
Más allá de lo conocido
Uno de los fenómenos más preocupantes en varios países latinoamericanos, incluyendo Cuba, es el auge del consumo de cannabinoides sintéticos, popularmente conocidos como «el químico». Esta sustancia no es marihuana natural, sino una mezcla de químicos sintéticos que imitan los efectos del THC, el compuesto activo del cannabis, pero con resultados mucho más peligrosos e impredecibles.
«He aprendido mucho en esta lucha que he decidido llevar adelante», asegura María Karla. «Entre los jóvenes he visto que el dichoso “químico” ha ganado popularidad, por su bajo costo y facilidad de acceso, pero es más nocivo de lo que algunos creen. Su consumo ha provocado múltiples casos de intoxicaciones severas, episodios violentos y problemas sicológicos profundos. Terminan en los hospitales más rápido de lo que imaginaron y solo pienso en que hay que juntarse para impedir esa euforia sin sentido».
Estudios recientes alertan que estos cannabinoides sintéticos pueden causar alteraciones graves en el sistema nervioso central, incluyendo ansiedad extrema, paranoia, sicosis y, en casos extremos, daño cerebral irreversible.
Una vez más, la ciencia respalda. Las drogas alteran la química cerebral, modifican el comportamiento y pueden llevar a la dependencia física y psicológica. Según el Informe Mundial sobre las Drogas 2023, publicado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el consumo de sustancias psicoactivas ha aumentado en un 20 por ciento en la última década, especialmente entre jóvenes de 15 a 24 años.
El costo social del consumo de drogas es enorme. En países de América Latina, estudios revelan que hasta un 60 por ciento de los delitos violentos están vinculados directa o indirectamente con el tráfico y consumo de sustancias. Además, la OMS estima que cada año mueren alrededor de medio millón de personas a causa de enfermedades relacionadas con el consumo de alcohol y drogas ilícitas.
Según el Anuario Estadístico de Salud de Cuba, en su última edición disponible, el porcentaje de personas atendidas en servicios de salud por problemas relacionados con el consumo de drogas ha aumentado en los últimos años, aunque las cifras siguen siendo moderadas debido a políticas efectivas de prevención y control.
Un estudio realizado por el Centro Nacional de Investigaciones Científicas y el Ministerio de Salud Pública en 2021 indicó que aproximadamente el 2-3 por ciento de la población joven cubana (entre 15 y 24 años) reportó consumo ocasional o frecuente de marihuana y derivados.
En cuanto a «el químico», las autoridades sanitarias han emitido alertas sobre su creciente uso, aunque no existen estadísticas públicas detalladas aún, debido a la novedad y clandestinidad de esta sustancia.
Por eso, fomentar el rechazo hacia las drogas es un compromiso colectivo. Las familias, escuelas, comunidades y gobiernos deben trabajar unidos para crear entornos saludables, promover actividades recreativas y educativas, y ofrecer apoyo a quienes estén en riesgo o ya enfrentan problemas de adicción.
Nuestro país mantiene programas activos de prevención, educación y tratamiento dirigidos a disminuir el consumo de drogas, lo que ha contribuido a mantener cifras menores en comparación con otros países de América Latina.
El camino hacia una vida libre de drogas está lleno de retos, pero también de oportunidades para crecer, aprender y construir un futuro digno. Las voces de Gabriel Antonio y de María Karla son un llamado urgente: decir no a las drogas es elegir la vida.
