Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Lo que nos define… ­¡la Patria!

Para los jóvenes, Mi firma por la Patria es una acción de unidad en defensa de la soberanía nacional, contra el acoso y la amenaza imperial; es el derecho a decidir nuestro propio destino y a proteger también un futuro que construimos cada día

Autores:

Dorelys Canivell Canal
Laura Fuentes Medina
Jorge Fernández Pérez

Hace apenas unas jornadas, el joven pinareño José Alejandro Jiménez Ramos, trabajador del hospital provincial Abel Santamaría Cuadrado, firmó por la Patria, como quien da un pedazo de sí mismo por aquello en lo que cree que es más justo. Con prisas y el cansancio en los ojos tras una noche de guardia, aseguró que para quienes comienzan su carrera en salas de cuidados críticos o en cualquier consulta del país, este no es un gesto simbólico, «es un ejercicio de coherencia generacional».

El bloqueo no es una teoría que discutimos en las clases de Historia, comentó; es una realidad que enfrentamos cuando buscamos una alternativa para un paciente porque el insumo estándar no llegó al país. «Por eso, mi firma es el derecho a decidir nuestro propio destino sin presiones externas; es un reflejo de esa voluntad diaria de no rendirnos».

Asevera que «defender la soberanía hoy debe ser algo que nos conecte a todos, más allá de cualquier enfoque político o ideológico. Cuba es el proyecto común. Una crisis o una agresión externa no elige bandos, nos golpea a todos por igual. Plasmar mi nombre significa que creo en el potencial de mi generación para transformar la realidad sin entregar nuestra identidad. Es un compromiso con el futuro que estamos edificando».

En su aula del instituto preuniversitario Lucía Iñiguez Landín, de la ciudad de Holguín, entre tizas, libretas y adolescentes que aprenden a mirar el país con ojos propios, Víctor Manuel Ayón comenta que para él el movimiento Mi firma por la Patria es un acto genuino, porque nace de la expresión popular.

«No es algo impuesto ni distante, es la posibilidad real de que la gente diga qué piensa y qué desea para su país. Yo trabajo con jóvenes. Escucho criterios diversos, inquietudes, inconformidades. Y precisamente por eso creo que estos espacios son necesarios para que esas voces encuentren canales reales de expresión», apunta.

Víctor Manuel no evade las complejidades del presente. Sabe que los jóvenes enfrentan muchos desafíos, tensiones e incertidumbres. Aun así, su respuesta es clara cuando se le pregunta por la decisión generacional: «los jóvenes no pierden su conexión con la Patria».

Cuando las mismas restricciones y amenazas estadounidenses han provocado, por ejemplo, migración y otros fenómenos en nuestra sociedad, en el centro de muchos cubanos, incluso en la mayoría de esos que viven fuera de la Isla, sigue estando la Patria como un estandarte al que nadie puede dañar ni someter. «La defensa de la soberanía hoy pasa por la unidad de todos».

Beatriz Alejandra Viciedo Padrón, estudiante de la Universidad de Relaciones Exteriores Raúl Roa García, conoce de cerca, porque lo ha estudiado en profundidad durante su carrera, lo que daña una política arcaica y genocida como el bloqueo. «Aunque siempre hemos sido amenazados por Estados Unidos, hoy el peligro es mayor y nuestro pueblo no puede vacilar ni quedarse callado».

Por eso, reconoce que firmar por la Patria es mucho más que tinta sobre papel. «Es poner mi nombre en respuesta a un solo deseo de permanencia: la libertad y la soberanía de Cuba, de esta Isla bella, rebelde y revolucionaria que tiene un pasado de lucha que nos enorgullece.

«Cuando firmo lo hago para no permitir que vulneren la paz con la que siempre hemos vivido, que no le hagan daño a mis padres, mi hermano pequeño y mis mejores amigos», expresa al referirse a un movimiento surgido de las organizaciones de nuestra  sociedad civil.

Como joven, recuerda, tiene muchísimos sueños por cumplir, y solo pensar que esa (una agresión militar) pueda ser nuestra realidad la estremece. «Como canta el inmenso trovador Silvio Rodríguez, “yo soñé un agujero bajo tierra y oscuro, y espero que mi sueño, no sea mi futuro, no sea mi futuro”».

Hay un hilo invisible que recorre la historia de esta Isla, una constante que sobrevive a coyunturas y adversidades. Para el joven economista Heber Daniel Cedeño Álvarez esa hebra explica por qué hoy miles de cubanos estampan su rúbrica. Antes que un gesto político, es la expresión de un carácter forjado en siglos de resistencia.

«Al cubano no le gusta que nadie externo lo gobierne. Eso es intrínseco en nosotros», sentencia. Su mirada recorre las páginas de la historia patria para encontrar las raíces de ese espíritu. Esa vocación independentista es, en su opinión, la savia que nutre el presente.

Desde esa base cultural e histórica, interpreta este movimiento como un contragolpe en la batalla de los relatos. Medios de prensa estadounidense y la contrarrevolución están construyendo una narrativa para apoyar la intervención diciendo que el pueblo quiere ese escenario, advierte.

«Frente a ese relato, Mi firma por la Patria adquiere un valor que trasciende lo doméstico. Es como un contrapeso. Con la rúbrica se le está dando la oportunidad al pueblo de mostrar cuál es su posición. Solo el soberano puede dictaminar lo que realmente quiere y defiende».

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