Solidaridad con Panamá celebra entre alegrías y vals las 15 primaveras de esa suerte de triunfadores que la copan. Autor: Estudios Revolución Publicado: 10/04/2026 | 09:40 am
¿Puede la sensibilidad y el amor gravitar en un mismo sitio sin desgastarse, sin romperse, sin dejar de abrazar? Cuesta pensar en las obras humanas «casi» perfectas, cuando el catalejo de la vida muestra un mundo de tantos egoísmos e impurezas.
Pero sí... Hay obras que, cuando se construyen desde el alma, se convierten en una suerte de amuleto atemporal, sin manchas. Su pureza no radica en las paredes que la fortifican, ni siquiera en los alrededores, sino en la voluntad humana, tan al límite, como sanadora.

Foto: Estudios Revolución
Solidaridad con Panamá, la escuela que sobrecoge «toda la ternura de este mundo», no es perfecta, por supuesto que no, pero en sus pasillos nada se vuelve invisible a los ojos. Quien llega por primera vez, la recorre cauteloso hasta que estallan las sonrisas desde todas las posiciones.
Son disparos de felicidad a quemarropa, de esos que no estamos acostumbrados a recibir con semejante limpieza. Y es contradictorio, porque mientras más limitaciones físicas uno observa, más se agiganta la sonrisa de esas niñas y niños, más ágiles son, más travesuras se inventan en cuestión de segundos.

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Es una escuela de amor, sí, de amor a la vida, donde cada persona que la habita la hace tan especial como abril, un mes mágico para Solidaridad con Panamá, porque celebra entre alegrías y vals las 15 primaveras de esa suerte de triunfadores que la copan.
Abrir las puertas de la juventud al ritmo de bailes, sin importa la posición o la forma en que se dance, se ha vuelto una hermosa tradición en la escuela. Como también la de sentirse acompañados por invitados especiales que comparten, al igual que hizo este jueves el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente del República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y como ha hecho en otros instantes el General de Ejército Raúl Castro Ruz, hasta el abrazo, el trago (no alcohólico) y la bondad.

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Ya lo dijo hoy la eterna directora de la escuela, Teté, quien aún no se separa —por fortuna— de ese «templo» ejemplar de nuestro sistema educativo: «Lo único que no podrán jamás bloquear en Solidaridad con Panamá es la sonrisa de los niños».
Y es cierto. No hay un halo de tristeza que asome allí. Menos cuando los homenajeados quinceañeros salen de la mano de un amigo, un padre, un hermano, y desfila frente a sus compañeros con el orgullo de quienes extienden su felicidad a todos los confines. Uno no puede dejar de pensar en el alma de esta Isla y en sus resortes más humanos cuando ve erigirse delante tanta fuerza de voluntad.

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Dos interrogantes de Teté cerrando la última celebración de sus alumnos quinceañeros lo demuestran. «¿Qué no tienen a veces?», les preguntó. «Corriente», respondieron. «¿Pero qué no les falta?», insistió. Y justo ahí dijeron a coro: «Luz».
Tal vez eso defina este país hoy... Su luz, su bendita luz, esa que no abunda en focos incandescentes, pero sí en forma de resistencia, de valía, en una esperanza que no se tuerce y engendra, como en Solidaridad, la maravilla.

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