Tresoldi fue el gran héroe del Brujas en una noche para la historia. Autor: ESPN Publicado: 15/10/2026 | 09:59 am
Hay noches que se anuncian con un presagio y noches que se convierten en una pesadilla. Para el Inter de Milán, la del martes en el Meazza fue lo segundo. El club Brujas, un equipo que llegó a Milán con la etiqueta de víctima propiciatoria, se marchó con tres puntos, cuatro goles y la sensación de haber profanado un templo. La brujería funcionó: Nicolò Tresoldi, un delantero italo-alemán de 22 años que confesó ser aficionado del Milán, firmó un hat-trick que dejó al vigente campeón de Italia al borde del abismo europeo.
El miedo del Inter no era una invención. Llegaba al partido después de caer en el Bernabéu ante el Real Madrid y sabía que una derrota en casa lo dejaría con un pie fuera de la fase de liga. Chivu, consciente de la presión, apostó por un equipo ofensivo, pero lo que encontró fue un Brujas sin complejos, que presionó alto, robó en campo contrario y atacó cada espacio con la convicción de quien no tiene nada que perder. A los 30 minutos, Calhanoglu llegó tarde a una carrera con Forbs, el árbitro señaló penalti y Tresoldi lo transformó con una frialdad que heló San Siro. El primer golpe fue un aviso. El segundo, un mazazo.
Lautaro Martínez, el capitán que nunca se rinde, empató antes del descanso con un gol de tacón tras una jugada trenzada con Thuram y Dimarco, y devolvió la esperanza a un estadio que empezaba a murmurar. Pero el Inter de Chivu tiene un problema que no se resuelve con carácter: su defensa es un colador. En el minuto 63, el portero Josep Martínez salió de su área con más fe que acierto, regaló el balón a Tresoldi y el delantero belga solo tuvo que empujarlo a la red. Once minutos después, el mismo Tresoldi aprovechó un rechace dentro del área para firmar su hat-trick y sentenciar el partido.
El resto fue un ejercicio de dignidad herida. Lautaro recortó distancias en el 81, Vermant finiquitó al contragolpe en el 87 y Bonny maquilló el resultado en el tiempo añadido. Pero el 3-4 final no engaña a nadie: el Inter suma dos derrotas en dos partidos de Champions, siete derrotas en los últimos ocho encuentros europeos, y su clasificación pende de un hilo. Chivu, consternado en el banquillo, asumió la culpa: «Demasiadas prisas y frustración, yo soy el responsable».
En Bélgica, la locura. Más de 3 000 aficionados del Brujas viajaron a Milán y el club instaló una pantalla gigante en el Jan Breydelstadion para que los que no pudieron viajar vivieran la gesta como si estuvieran en el Giusseppe Meazza. Algunos medios belgas ya hablan de una noche de Brujas que quedará en la historia del club. No es para menos: es la primera victoria del Brujas en esta Champions y la primera vez que Inter y Brujas se enfrentan en competición europea. Tresoldi, el verdugo, se marchó de Milán con el balón del partido bajo el brazo y la sensación de haber cumplido un sueño: marcar en San Siro, aunque fuera con la camiseta equivocada.
Para el Inter, el futuro inmediato no ofrece tregua: el Shakhtar Donetsk visita Milán la próxima jornada. Para el Brujas, la vida sonríe: recibe al Lens con la moral por las nubes. La noche de brujas se adelantó. Y Chivu, como tantos antes que él, descubrió que en el fútbol europeo, cuando el miedo se instala en el vestuario, hasta los fantasmas más inesperados encuentran la manera de colarse por la puerta.
