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El buque bávaro sufre en el Valhalla

El Bayern Múnich empató 3-3 en el Lyse Arena ante un Viking que llegó a ir 2-0 al descanso.

 

Autor:

Ruben Darío García Caballero

 

El césped artificial del Lyse Arena no es el tapete sagrado del Allianz, pero por una noche fue un campo de batalla digno de las sagas nórdicas. El Viking, un equipo que no pisaba la Champions desde 1983, recibió al Bayern Múnich como quien recibe a un invasor: con el hacha afilada y la mirada fría. Y el gigante bávaro, acostumbrado a navegar mares plácidos, encalló en el fiordo.

La primera embestida fue un golpe de mazo. A los seis minutos, un saque de esquina cayó al área y Gianni Stensness, un defensor australiano con alma de berserker, cabeceó al fondo de la red. El Lyse Arena rugió como un drakkar varado en tierra. El Bayern, aturdido, intentó reaccionar, pero se topó una y otra vez con un portero, Obsto, que parecía tener cuatro brazos. Y cuando el primer tiempo agonizaba, Peter Christiansen firmó el segundo en una transición que cortó el aliento: carrera, amague y disparo cruzado. 2-0 al descanso. El buque bávaro, escorado, parecía condenado al naufragio.

Pero Kompany movió el timón. Tres cambios al descanso, más músculo, más vértigo. Y Harry Kane, el faro de este equipo, se puso al mando de la remontada. En el minuto 53 transformó un penalti con la frialdad de un verdugo. Seis minutos después, cabeceó un centro desde la izquierda y firmó el empate. El Bayern, que había estado contra las cuerdas, ahora olía sangre. Luis Díaz apareció en el minuto 71 para empujar un pase de Laimer y poner el 3-2. La remontada parecía consumada.

Y entonces, el guion se rompió. Michael Olise, el hombre más incisivo de los bávaros, se dejó llevar por la frustración, vio la segunda amarilla en el 73 y dejó a su equipo con diez. El Viking, que ya no tenía nada que perder, empujó con el aliento de su gente. Y en el minuto 89, Herman Haugen, un nombre que el fútbol noruego recordará durante décadas, fusiló a Urbig tras un balón suelto en el área. 3-3. El Lyse Arena se vino abajo. Los jugadores del Viking corrieron hacia su banquillo como si hubieran ganado una guerra. Y el Bayern, con el rostro desencajado, se marchó de Noruega con un punto que sabe a derrota.

El buque bávaro zarpó del Valhalla con el casco agrietado. Kane suma goles, Díaz respira, pero la defensa sigue siendo un colador: tres goles encajados en cinco disparos a puerta. Kompany tiene mucho que arreglar. El Viking, mientras tanto, ya tiene su página en los libros de historia. No ganó, pero nadie olvidará la noche en que el gigante alemán tembló en el fiordo.

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