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¿Etiquetar para vender o para respetar?

Un encuentro dedicado a analizar el etiquetado como parte esencial de la identidad, producción y comercialización de un producto en Cairo Studio promoverá el diálogo, el debate, el intercambio de experiencias, la generación de alianzas y posibles soluciones

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

 

Escoger el vaso para beber agua, entrar en una cafetería que nos pareció «agradable», elegir un jabón o un perfume o detener nuestra mirada en el cartel de una tienda son acciones de nuestra cotidianidad que, a simple vista, no entrañan complejidad alguna. 

Sin embargo, en cada una de ellas interviene el diseño, asumiéndolo como ese proceso de planificación que anticipa cómo será la realidad antes de materializarla. Gracias a ese proceso, una idea previa puede transformarse en un objeto, un espacio o una imagen concreta, combinando utilidad y apariencia estética.

Para algunas personas, el diseño se reduce a seleccionar una tipografía, añadir unas líneas, escoger un color, incorporar brillo o colocar determinadas luces. No obstante, esa visión resulta limitada, pues ignora que el diseño constituye una manifestación creativa fundamental para la vida humana y está presente en prácticamente todas nuestras actividades.

La historia de la humanidad demuestra su importancia. Gran parte de lo que sabemos sobre las sociedades antiguas proviene de los objetos y espacios que dejaron. Cada uno de ellos fue concebido y elaborado siguiendo determinadas decisiones formales y funcionales; es decir, tuvo detrás un proceso de diseño, aunque en aquel momento no se utilizara ese término.

En la Cuba actual, en la que productores nacionales ofrecen sus productos a la población, ¿siempre apreciamos en ellos la responsabilidad social que se deriva de, además, etiquetar, envasar y embalar correctamente lo que expenden? Y en caso de hacerlo, ¿encontramos en ellos arte, buen gusto, estética?

Lamentablemente aún no pocos ignoran al diseño como parte del proceso productivo. En muchos casos, se acude a un diseñador para que ponga bonita la cosa, y eso es una señal de que no se valora su trabajo y tampoco se valora al consumidor.

Un envase, una etiqueta, determinado color en una envoltura, fuertes contrastes, formas caprichosas… Cualquiera de esos detalles puede despertar la atención del consumidor y más allá de la compra, su uso puede ser más o menos «feliz» si se diseñó el producto desde el inicio.

A nuestros productores les urge adquirir todavía mucha cultura y sensibilidad en torno a este tema, pues deberían pensar más al revés, desde el otro, para concebir mejor sus propuestas. Además, en muchos casos el intrusismo profesional también le hace mucho daño al diseño, pues cualquiera que domine el manejo de un software o se tilde de tener buen gusto, no tiene por qué ser la persona ideal para realizar ese trabajo.

Todo esto y más motiva a la reflexión y al interés del fotógrafo —y mucho más— Carlos Torres Cairo y el licenciado en Rehabilitación —y también mucho más—Reinaldo Báez, líderes de Cairo Studio y Central Studio, respectivamente, para invitar a un encuentro dedicado a analizar el etiquetado como parte esencial de la identidad, producción y comercialización de un producto.

Etiquetar: ¿arte o responsabilidad? es la línea temática de la charla principal de este encuentro, con sede en Cairo Studio, calle 24 No. 255 entre 17 y 19. El objetivo es dialogar, debatir, intercambiar experiencias, generar alianzas y pensar en soluciones.

«En Cairo Studio trabajamos la realidad artística, la realidad funcional y también las artes gráficas. Con Central Studio logramos una sinergia increíble, porque ellos fabrican envases y embalajes de un altísimo nivel. Hablamos de un elemento indispensable en todo producto que encierra arte, aunque además debe asumirse como una responsabilidad social. 

«Nos unió inicialmente el placer de hacer las cosas bien. Admirábamos el trabajo que cada uno hacía desde su ámbito y unirnos ha sido una ganancia en ambos sentidos», comentó Báez.

Con un equipo de trabajo comprometido y eminentemente profesional, Báez advierte que un etiquetado totalmente errado incide en el éxito de una venta, de una campaña. 

«Lamentablemente no nos antecede una cultura sólida en cuanto al etiquetado profesional y llega el auge de la producción privada sin poseer los conocimientos en cuanto a ella. Ciertamente es vital enfocarse en la calidad del producto que se ofrece, pero el empaque y el etiquetado debe tener presencia gráfica, y no solo para que aparezcan los ingredientes y los elementos relacionados con la seguridad alimentaria sino también para ofrecer el atractivo que, en términos comerciales, es necesario. 

«¿Acaso no hay arte en el diseño gráfico de un disco de música? ¿Apreciamos o no el arte que acompaña la presentación de un producto que regalamos? Si estamos ante un estante y vemos el mismo producto de dos maneras distintas, ¿cuál nos atrae más, la que sencillamente envuelve o la que, además, propone información del producto y nos lo presenta con atractivos visuales?», añadió.

Cairo, quien es ingeniero mecánico de formación, destaca que incluso el envase y el embalaje puede engañar, teniendo en cuenta que no siempre el producto es de calidad. Este fenómeno lo vemos con frecuencia, agrega, cuando compramos productos importados con extraordinaria presentación en su embalaje y etiquetado, y no resulta ser lo que esperábamos.

«Me gustaría precisar que el producto que fabrica Central Studio es nacional, y eso es una garantía. Maneja los códigos nuestros y no es necesario acudir a envases y embalajes de otras latitudes, no solo para disminuir costos sino para crecer en valores añadidos a partir de nuestra esencia».

Báez recuerda que pueden lograrse cosas muy buenas mediante el uso de la inteligencia artificial pero el cliente no perdonará el error en ese sentido, así que no podemos confiarnos totalmente.

«La estética no puede hacernos descuidar la calidad del producto. No se le puede mentir al cliente. La ética es lo primero, y debe haber un matrimonio importante entre el envase y el etiquetado y el producto. 

«La responsabilidad es primordial. No podemos vender un productor sin informarle al cliente en su etiqueta lo que contiene, pues la salud suya está en juego.

«No siempre se piensa que invertir en empaque es necesario y ello se relaciona con la cultura que nos debe asistir, porque es entender que lo que hoy es inversión, mañana se revierte en ingresos. Además, persiste la idea de que si invertimos en etiquetado, envase y embalaje, el producto deberá venderse a un precio mucho más caro. Nosotros ofrecemos lo que el productor necesita sin exponerlo a esa situación», agregó. 

El desarrollo económico de Cuba contempla una mayor exportación de los productos cubanos y una sustitución cada vez mayor de productos importados. Tanto Cairo como Báez advierten que si nos interesa hacerlo, es importante tener en cuenta que deben cumplir con estándares internacionales, y ello incluye el nivel de etiquetado y embalaje que presenta. 

En la actualidad, Cuba posee mejores condiciones que años atrás para desplegar un concepto de diseño con todas las de la ley. Las nuevas formas de gestión, los nuevos escenarios económicos que propone el país son una base idónea para ello, y en poco tiempo, el diseño ganará espacios con más valías para el que lo hace y creará más necesidades para el que lo encargue.

«Lo más importante es que los productores deben comprender que es fundamental el respeto al consumidor y al propio producto que ofrecemos. La mejor manera de respetarlo es asumiendo con responsabilidad, desde el inicio y hasta el final, la intención de ofrecer algo», puntualizaron. 

«Sin diseño no se puede construir la sociedad a la que aspiramos que, entre otras características, deberá ser con buen gusto, bonita y más funcional” —concluyó Peña».

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