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Cuba defiende la vida

Diputados y profesionales de la salud denunciaron en Audiencia Parlamentaria en el Instituto de Oncología y Radiobiología (INOR) los efectos del bloqueo de los Estados Unidos contra la Mayor de las Antillas

Autor:

Lía Hernández Pagés

La batalla de un paciente pediátrico contra el cáncer no debería sumar la incertidumbre de si habrá o no medicamentos disponibles al día siguiente. Bajo esa premisa, en el Instituto de Oncología y Radiobiología (INOR), profesionales de la salud y parlamentarios denunciaron durante la Audiencia Pública Parlamentaria «Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí» el dramático retroceso en las tasas de supervivencia infantil y los retrasos quirúrgicos causados por la persecución financiera estadounidense a la industria farmacéutica y al sistema de salud de la Isla.

​La cita, encabezada por Esteban Lazo Hernández —miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular—, se convirtió en un espacio de reafirmación del compromiso del pueblo cubano con la preservación de la Salud Pública, ante las sanciones que, orquestadas desde Washington, intentan convertir las enfermedades oncológicas en un diagnóstico fatal para cientos de pacientes.

Asistieron además, la vicepresidenta de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ana María Mari Machado, la Gobernadora de La Habana, Yanet Hernández Pérez, la viceministra de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal, así como el Viceministro de Salud Pública, Julio Guerra Izquierdo.

​Las políticas agresivas que se presentan como un enfrentamiento contra un Gobierno han devenido en un lento y doloroso castigo colectivo. Así lo evidenció la doctora del INOR, Josefina Prospel Prus, quien ha experimentado en carne propia la frustración de no poder garantizar el mejor tratamiento a sus pacientes.

​«Detrás de cada cifra que deja el bloqueo hay un rostro. El costo de las sanciones no solo se mide en dólares, sino en el tiempo que los pacientes no tienen», expresó, recordando la situación de los niños cuya mejoría depende de fármacos negados por el castigo colectivo que impone un imperio.

​Desde el 29 de enero, señaló, el cerco se intensificó en las salas de los hospitales. En neonatología, donde cada instante cuenta para garantizar un nacimiento exitoso, los cortes de electricidad ponen en riesgo la vida de la madre y del neonato. También en los quirófanos se siente el impacto de las sanciones; sin embargo, incluso cuando las luces se apagan, los médicos continúan laborando, pues ni las medidas coercitivas pueden apagar su voluntad y compromiso.

​Aun así, la doctora advierte sobre una dolorosa realidad: alrededor de 100 000 pacientes se encuentran en lista de espera para recibir una operación, entre los cuales hay un número elevado de niños. «Cada postergación representa a una persona que espera; cada hora cuenta», aseguró la profesional de la salud.

​Mientras en Washington se calcula fríamente un genocidio, una realidad muy diferente se configura en nuestra Isla. La profesional recordó a jóvenes como Diego, quien a sus 15 años debe lidiar con un diagnóstico oncológico y la incertidumbre de no saber si algún día faltará su tratamiento. «¿Cómo no me va a preocupar?», se ha preguntado varias veces su madre ante circunstancias en que cualquier falla en los equipos por el déficit de combustible puede afectar el futuro de su hijo.

​La supervivencia de los niños con cáncer pasó del 85 % al 65 %, lamentó la especialista. «Un niño cubano merece el mismo tratamiento que cualquier niño del mundo. Ningún pueblo merece sufrir tanto».

​En ese sentido el diputado Carlos Antonio Leiva Isaac explicó desde la perspectiva de la industria farmacéutica cuánto afectan las sanciones a la producción de medicamentos.

​Esa realidad, dijo, se traduce en un servicio que faltará a la población y en un medicamento que no llegará. Sobre la industria farmacéutica cubana, mencionó a la Empresa Laboratorios Farmacéuticos de Oriente, responsable a nivel regional de la producción de sueros y hemodiálisis, cuyas afectaciones inciden en quirófanos que a veces deben detenerse.

​«Las sanciones no solo nos impiden comprar a nosotros, sino que asedian a los bancos internacionales para que se nieguen a garantizarnos financiamiento. Lo apreciamos en la cotidianidad cuando vemos las hazañas del profesional para mantener la versatilidad de los servicios, pero nunca hay desánimo, pues este pueblo se encuentra dispuesto a superar cualquier situación», aseguró.

​«Entre estas paredes vemos a diario el rostro de personas que sufren de cerca el bloqueo y saben que el insumo necesario se encuentra en alguna parte del mundo, pero el miedo financiero en otros Estados, lamentablemente puede más que la solidaridad. Como joven considero que no tenemos la necesidad de heredar el bloqueo, pero sí el compromiso de denunciarlo. Por eso, los próximos 27 y 28 de octubre presentaremos una resolución, no para pedir caridad, sino para exigir la coherencia de poner fin al asedio injustificado contra Cuba», agregó.

​La diputada Leydis María Labrador Herrera denunció el castigo colectivo que se ejerce sobre toda una nación por el único delito de querer mantener su soberanía. Afirmó que no existe un cubano a quien las sanciones no le afecten en su hogar o en sus planes. Evocó los médicos que tienen «más corazón que materiales para sanar»,  las madres y  la grandeza de cada ser humano.

​Consideró que los cubanos mantienen una heroicidad constante, aunque eso no resta el alto costo de cada restricción. «Quienes estamos en Cuba queremos construir un futuro en Cuba, y pedimos que nos permitan hacerlo», reclamó.

​Por su parte, Yasel Toledo Garnache, presidente de la Asociación Hermanos Saíz, expresó que el pueblo y sus artistas no han perdido la voluntad de sentir el arte, aunque las medidas coercitivas configuren una compleja realidad. Envió un abrazo a los artistas estadounidenses que sueñan con relaciones estrechas entre ambas naciones y afirmó que a Cuba siempre la acompañarán sus principios y la belleza.

Ante el asedio que pretende apagar la luz en los quirófanos, la Isla responde con la única fuerza que las sanciones no pueden ahogar: la solidaridad, el ingenio colectivo de sus profesionales y la férrea convicción de que defender la salud es, por encima de todo, defender la vida.

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