Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Cuba denuncia el bloqueo y las infames medidas que lo agravan

Compareció el canciller Bruno Rodríguez Parrilla ante la prensa nacional y extranjera y expresó la confianza de que la Asamblea General de la ONU apoyará por 34ta. ocasión la Resolución que llama a poner fin a la genocida política

Autor:

Juana Carrasco Martín

Los días 27 y 28 de este mes de octubre, la Asamblea General de la ONU debatirá por 34ta. ocasión el proyecto de Resolución presentado por Cuba que solicita poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, política asfixiante y castigo colectivo contra el pueblo cubano, una denuncia contundente que ha sido aprobada desde entonces por la comunidad internacional, y este año se enfrenta a toda una campaña desatada por los personeros de la Casa Blanca para intentar restarle apoyo, en medio de un recrudecimiento de las medidas de ahogo que incluyen el brutal cerco energético.

El canciller Bruno Rodríguez Parrilla denunció este miércoles 21 de octubre, ante la prensa nacional y extranjera, la infame política y las más recientes maniobras de presión ejercidas contra países soberanos por la administración estadounidense, a las que calificó de extremas e inéditas, impuestas para modificar su voto en la presentación del informe.

El Canciller mostró tres documentos que revelan este proceder, en los que les piden a terceras naciones no votar a favor de la Resolución, y en ellos presentan como si el bloqueo no fuera una realidad que nadie puede ocultar y pretenden, además, culpar a Cuba, la víctima, de los daños que esa política estadounidense provoca, los cuales son planeados, previstos y diseñados deliberadamente para producir desesperación a las familias cubanas.

Además de instar a Gobiernos extranjeros a rechazar lo que EE. UU. dice que es «propaganda cubana», las mentiras se complementan aduciendo que el bloqueo es legal y que permite el comercio con terceros países, cuando los daños humanitarios «no son colaterales, como suele afirmar Washington, sino consecuencias deliberadas de una política diseñada para generar sufrimiento, desesperación e inestabilidad en las familias cubanas».

Un segundo documento contiene amenazas directas de sanciones dirigidas a los destinatarios, dignatarios de Gobiernos, compañías, empresas y personas individuales, donde los instan a considerar el asunto y las consecuencias de apoyar la Resolución cubana.

Un tercer documento intimidatorio mostrado por el Canciller está dirigido especialmente a las naciones europeas, y también se reiteran mentiras sobre Cuba para justificar las presiones, como una supuesta vinculación cubana con el conflicto en Ucrania.

En los métodos de presión esgrimidos por el Gobierno estadounidense están las amenazas de aranceles, la supresión de programas de cooperación, la negación de visas a las autoridades y sus familiares, el respaldo a fuerzas de oposición a los Gobiernos respectivos, la amenaza de derrocamiento o de injerencia en los procesos electorales o desestabilización de los países, así como afectaciones a intereses económicos y financieros.

Estos mensajes no solo son distribuidos por las embajadas de EE. UU. y transmitidos a viva voz por embajadores, constituyen actuación diaria del Secretario de Estado, señaló Rodríguez Parrilla.

A la vez, el titular de Exteriores denunció que resulta sorprende que Estados Unidos esté utilizando a un país latinoamericano como testaferro e intermediario para que otros cambien posiciones e insta a que cambien su voto en Naciones Unidas, aprobando las acciones contra navieras y compañías transportistas de alimentos, medicamentos, partes, piezas e insumos para servicios indispensables y vitales, cuyas cargas con destino a Cuba se han depositado en otros países.

Al respecto calificó de «Gobierno lacayo» al que ejecuta estas acciones, que no fue identificado por su nombre, ni aun cuando una periodista lo preguntó en el intercambio con la prensa al final de sus declaraciones.

Rodríguez Parrilla afirmó que el Departamento de Estado ha llegado al colmo de la ridiculez para intentar librarse del aislamiento que estas gestiones —que continuará haciendo— la han hecho incluso ante ciertos países que saben tienen voto sólido por años a favor de la Resolución, para que se abstengan o abandonen la sala de la votación.

Otro punto de la declaración del Ministro de Relaciones Exteriores estuvo centrado en la actuación  del embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, y la farsa organizada el 19 de octubre, «un evento ridículo y vergonzoso», provocador, en la sede las Naciones Unidas en Nueva York, al que apenas asistió una decena de delegaciones con representantes de rango inferior, al que llevó como invitados a terroristas que están en las listas entregadas por Cuba, y no solo por terrorismo, sino también algunos convictos y sancionados por delitos comunes.

Consideró que esto no solo es ridículo, «es peligroso» el modo de llevar a cabo la diplomacia de la impotencia y el aislamiento para desviar a la opinión pública estadounidense y mundial de los resultados de la votación que denunciará el castigo colectivo y las sanciones atroces realizadas contra el pueblo cubano.

Se trata, dijo, de desviar la atención de lo esencial, el acto atroz y continuo de abuso contra una nación pequeña y pacífica, mientras cometen genocidio, quebrantan el derecho internacional humanitario y violan flagrantemente los derechos humanos de todos los cubanos y cubanas, actos crueles que justifican con una campaña mendaz permanente con el objetivo de destruir una nación y a su pueblo.

Lo que ocurre hoy contra Cuba podrá ocurrir contra cualquiera, advirtió, y las Naciones Unidas deben impedir esos objetivos y prácticas de conquista, usurpación de territorios y dominio sobre los recursos de otros.

Lo que va a discutir la Asamblea no es un asunto bilateral, tiene que ver con los derechos de todas las naciones y preguntó si aceptaría la UE la aplicación del bloqueo contra sus naciones, empresas, ciudadanos. Se preguntó si permitirán que las leyes norteamericanas se apliquen en sus territorios de manera unilateral, cuando sus propias leyes les prohíben claudicar de esas prácticas.

Lo que se discute hoy es muy serio: si una potencia puede con medidas coercitivas impedir el comercio con terceros Estados y transgredir las normas del comercio internacional, impedir la navegación o establecer un bloqueo naval, ¿qué pasará con el orden internacional si no se detienen estas políticas?, preguntó, y lo hagan contra países cuyo único amparo no depende de su armamento o de armas nucleares, sino del respeto a las normas internacionales.

Dijo que hay un contador interactivo que automáticamente registra al momento los daños del bloqueo a Cuba, que acumulan 178 000 millones de dólares, por lo que nadie en el mundo, cuando la historia juzgue, podrá decir que no sabía, que ignoraba, que miraba para otro lado, porque todos conocen lo que está ocurriendo hoy contra el pueblo cubano: largas horas sin electricidad, días y semanas sin abasto de agua, depresión en los servicios de salud, muertes como las tasas de mortalidad infantil que han crecido, la falta de medicamentos, de dispositivos médicos o fallas de energía, la carencia de transporte público, la merma en la producción de alimentos y la reducción del poder adquisitivo de los salarios.

La vileza del bloqueo se inspira —recordó—, en el infame Memorando de Lester Mallory, corazón y núcleo de la política estadounidense.

Todo esto empiezan a conocerlo los ciudadanos estadounidenses, demostrado por encuestas donde se oponen al cerco energético, al castigo colectivo y al bloqueo, que estimula la fascista y corrupta fracción anticubana ubicada en el sur de la Florida. Son realidades que no se pueden ocultar, nadie podrá lavarse las manos.

Las palabras del Ministro de Relaciones Exteriores ante los periodistas concluyeron con la profunda gratitud hacia gobiernos, movimientos políticos y sociales de todos los segmentos de la población y de la sociedad civil por su solidaridad con el pueblo cubano, el agradecimiento hacia las donaciones, aun las más modestas, hacia los que han votado durante más de 30 años con respeto al derecho internacional, a los Gobiernos que recientemente en la propia ONU se opusieron al cerco del combustible y a los que se pronunciarán nuevamente a favor de la Resolución que pide poner fin al bloqueo.

El canciller Bruno Rodríguez Parrilla, como el pueblo cubano, confía en que la comunidad internacional volverá a respaldar ampliamente la resolución cubana, aunque siempre habrá lacayos que respondan a los intereses de Washington.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.