Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Reposo fecundo para un guerrillero

Este jueves Ramiro volvió a Santa Clara. Regresó para quedarse, colmado de honores que no le cabían en el pecho, donde solo lucía las insignias doradas de Héroe

Autor:

Mónica Sardiña Molina

Este jueves Ramiro volvió a Santa Clara, al sitio que guarda los guerrilleros huesos del Che y sus compañeros de lucha, como escribió el poeta.

Esta vez no llegó por sorpresa, en las horas intempestivas en que se lo permitía la agenda de trabajo; un pueblo lo esperaba. Tampoco vino solo, sino escoltado por la familia que desde el pasado domingo llora al padre, al abuelo, al esposo que fue en la intimidad del hogar. Lo acompañaron también los hermanos de combate, antes y después del triunfo revolucionario, y los discípulos a los cuales inculcó con su ejemplo el desvelo permanente por la justicia social que prometió el programa del Moncada.

Con las palabras del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, uno de los alumnos más fieles de su escuela revolucionaria, se hizo inevitable imaginar al niño nacido en Artemisa, aprendiendo de su madre Matilde las primeras lecciones martianas y la honradez de la pobreza; al muchacho rebelde y descontento con una sociedad muy distante de los sueños del Maestro; al joven intrépido que asaltó al Moncada, afrontó el presidio modelo y el exilio en México, se sumó a la expedición del Granma, sobrevivió al primer revés del naciente Ejército Rebelde, se adentró en la Sierra con fe absoluta en el liderazgo de Fidel y marchó como segundo jefe de una de las columnas invasoras para dar el impulso definitivo a la victoria.

Ceremonia de Honores Militares e Inhumación de los restos mortales del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez. Foto: Estudios Revolución

La evocación trajo al guardián de esta obra gigante y delicada en permanente construcción, tanto desde los órganos de la Seguridad del Estado como desde el Ministerio del Interior; al batallador incansable por el desarrollo económico y social desde los sectores estratégicos; al jefe inconforme con el trabajo a medias, que no necesitaba levantar la voz para regañar.

Regresó para quedarse, colmado de honores que no le cabían en el pecho, donde solo lucía las insignias doradas de Héroe. Vino al reencuentro definitivo con más de un centenar de hombres cuya trayectoria honraba en cada visita con el recio saludo militar, una flor y un arroyo de emociones silenciosas.

¡Cuánta vida cabe en 94 años! ¡Cuántos compromisos nos exhorta a cumplir desde el primer nicho, a la derecha de la llama eterna en el Mausoleo Frente de Las Villas! ¡Cuánto tenemos que aprender de un comandante que, sin afán de protagonismo, sigue siendo paradigma!

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.